divendres, 24 de maig del 2013

Capítulo 22


POV’s _______ (Tu punto de vista)
Abro los ojos y veo un brazo encima de mi hombro. Tengo la cabeza apoyada en el pecho de Derek; el hombre del tren. Me aparto de prisa y se despierta. Aparta su brazo y noto como el frío me llega a la piel. Me estremezco y me llevo las manos a la cabeza. ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Estoy en un país en guerra, el cual nunca he visitado y en busca de un hombre que tampoco sé si está vivo. Substituyendo el calor de Harry con el tío que me embriagué anoche. Y sin embargo aún me queda algo de esperanza. De encontrarle a él. De encontrarme a mí.
Noto como Derek me frota la espalda, con la intención de ayudarme. Pero no lo consigue. Odio el contacto humano. No quiero que nadie me toque y me levanto del asiento. Me hago una coleta alta y guardo la chaqueta. Me vuelvo a sentar y parece que él ha captado mi indirecta con mi cara de estúpida.
            -          ¿Tienes familia por aquí? – me pregunta
            -          No. ¿Por qué?
            -          Daré por hecho que tampoco tienes un carnet falso, ¿Verdad? – asiento - ¿Cómo pretendes durar más de dos días en este país? – suspira - Ahora no les gusta tener turistas. No les gusta tener a extranjeros husmeando donde no les llaman.
Me quedo en silencio analizando lo que me dice. Y tiene razón. No pinto nada aquí. Y no podría entrar en el ejército si no soy de aquí. Suficientes problemas tendría por ser mujer; así que no me podía arriesgar con mi identidad española.
            -          ¿Sabes de alguien que me pueda conseguir uno? – le pregunto desesperada
            -          Claro. – sonríe pícaro.
Sonrío con él y veo como marca un número de teléfono. Se lo cogen y habla en inglés. Aparta el teléfono de su oreja y me lo pasa.
            -          Necesita saber tu identidad – me dice
Pongo el teléfono en mi oreja derecha y me contesta alguien en inglés. Le doy mi identificación y dice que la tendrá esta tarde cuando lleguemos. Cuelgo y lo devuelvo.
            -          ¿Qué dice?
            -          Lo tendrá esta tarde.
            -          Entonces te acompañaré hasta allí.
El bus se para en la carretera y apoyo mi cuello en el respaldo. Derek se levanta disimuladamente y se le abren los ojos. Me mira sorprendido.
            -          Recoge tus cosas. – me ordena
            -          ¿Qué pasa? – le digo
            -          No hay tiempo. Recoge tus cosas. Confía en mí.
Guardo mi reproductor de música, me pongo la chaqueta y cuelgo la mochila sobre mi espalda. Derek camina agachado hacia el final del autobús. Allí sube la ventana hacia arriba y me da la mano.
            -          Bajaré yo primero. Cuando salgas tú recuerda cerrar la ventana. Yo te cogeré.
Me miraba con ese mar azul de sus ojos. Embriagándome de miedo y pregunta. Pero quizás porque era la única persona que me había tratado con respeto desde que Harry no estaba, quizás porque en cierta forma me hacía sentir bien, que me dejé llevar.
Dereck salió por la ventana. Mientras escuchaba como el conductor hablaba en inglés con otros hombres. No podía entenderles. Hablaban lo suficiente bajo como para solo dar a entender que no era una conversación agradable. Alcé la vista hacia ellos y vi cuatro militares con ametralladoras sobre las manos. Gafas negras y el cuello hinchado. Derek me hizo una señal y metí a toda prisa una de mis piernas por la ventana, saqué la cabeza y noté como él me agarraba desde abajo. Saqué mi otro pie y tiré del cristal hacia abajo. Dejé caer mi cuerpo sobre el de Derek. Me agarró por mis muslos hasta que quedé a centímetros de su boca. Con el corazón descoordinado y descompuesto. Nos percatamos de la situación y me bajó al suelo. Miró por el lado derecho del bus y me cogió la mano.
            -          Sígueme. No hagas ruido y si alguien te dice algo; corre.
Asentí con la cabeza y me llevó agachada hasta el matorral. Nos dejamos caer entre un montón de hierbajos y arboles. Caminamos rápido hasta estar a unos metros de distancia. Entonces se escucharon disparos. Gente gritando y de repente; un completo silencio.
            -          Corre.
Las piernas tiraron de mí, siguiendo los pies de Derek. Me sentía protegida aún cogida a su mano. Miró hacia atrás y sonrió con los ojos. Me ha salvado la vida. Y seguro que me pedirá algo a cambio. Agarré mi mochila con fuerza mientras los pies retumbaban contra el suelo durante unos largos metros y mi pelo luchaba contra el aire. Me cansé y tuvimos que parar. Me senté en una piedra y quise llorar. Llorar por haber tenido mi vida pendiendo de un hilo. Por estar tan lejos de todo. Por querer tanto a Harry. Por tenerme que esconder para verlo. Por engañarme a mi misma yendo cogida de otra mano que no fuera la suya. Resistí mis sollozos y estiré el cuello.
            -          ¿Crees que nos siguen? – pregunté
            -          Lo dudo. Nos habrían disparado.
Me quedé en silencio y se sentó a mi lado. Rozó mi muslo con su mano. Contemplé el calor por un segundo y se la aparté. Él desvió la vista y se puso en pie.
            -          Gracias. – susurré 

dilluns, 13 de maig del 2013

Capítulo 21


Una noche de septiembre decido volver a empezar. Donde ni tú ni mis pensamientos puedan volver a ponerme en peligro. Porque los que me matarán puede que estén allí fuera, lanzando balas y granadas. Jodiendo a  mi familia y riéndose en mi cara. Con un piti en la zurda y cascándosela con la diestra. Con el café encima de la mesa y un agujero de cigarro a su lado izquierdo. Viviendo con todo en bandeja. Pero ése no es el problema. El problema soy yo. El problema es mi cabeza. Porque aunque los que me maten sean ellos, yo soy el que me destrozo. Yo me estoy destruyendo poco a poco. Y por eso esta noche de septiembre decido cambiar. Cambiar lo que soy y lo que me rodea. He matado a varios hombres y sin embargo nadie me señala por tener las manos sucias. Aunque todo yo esté sucio. Y aunque sé que sería más fácil acabar con la guerra que eliminarte a ti de mi cabeza; me van los retos. Y quizás la única manera sea empezar a odiar. A odiarte. A odiarlos. A odiarme.
Perdóname por si intento esquivarte.

Estoy bajo la lluvia. Mis pestañas luchan por el peso del agua, mientras yo me dedico a hacer nudos en la cuerda. Los otros nueve de mis compañeros corren a mi alrededor y de vez en cuando me sueltan una colleja. Y todo por ser cojo y no poder saltar a pegarle un buen guantazo. Que rece para que cuando me recupere no recuerde su cara. Y después de una hora y quince minutos bajo el cielo negro, el comandante hace sonar el silbato. Mi salvación. Me levanto de la silla mojada y cojeo hacia la enfermería. Soy el último aún en el campo y con solo una luz hacia aquí. Pero entonces me fijo en el horizonte y al final está _______ mirando. Me paro en seco y respiro. Mi pierna vuelve a flojear y mis manos pierden el pulso. Sigo mojando y veo como ella se acerca a mí. Y entonces recuerdo lo que ponía el informe. Esquizofrenia paranoica.
Noto como alguien me coge del brazo y me giro asustado. Y entonces veo como Tara me sonríe con los ojos. Está tan empapada como yo. Coloca mi brazo sobre su hombro contrario e intenta hacerme caminar. Noto su calor avivándome por dentro.
          -          He estado buscándote – me dice al fin
Sigo en silencio. Vuelvo al horizonte y ella sigue observándome. Tiene las manos detrás de la espalda. Como si me quisiera esconder algo. Lleva una camiseta blanca y tejanos ajustados. Ella no se moja, y prefiero seguir pensando que era gracias al techo.
Tara volvió a tirar de mí y aparté los ojos de ella. Seguí adelante con intención de no volver a mirar. Llegamos a la enfermería y me senté en la silla más cercana.
          -          Tienes que darte una ducha, Styles.
          -          Esperaré a que acabes tú.
          -          Llevas más tiempo bajo el agua. Y estás más débil. Así que haz el favor de ir para la ducha y no hacer que sea una orden.
Entrecerré los ojos y me levanté. Tara me colocó una silla de plástico en la ducha. Mi pijama a dos metros de cerca y salió por la puerta.
Tara acabó de ducharse y se sentó enfrente de mí. Me moría de ganas de preguntarle sobre mi informe. Pero no podía. Sabría que lo había leído y a saber cuál podría ser mi castigo. Opté por callarme. Bebo a morro de la botella y la dejo sobre la mesa. Me fijo en sus labios algo azulados por la temperatura. Están rotos. Rotos del frío o de tanto morderlos. Me enardecía solo la idea de pensarlo. Con sus mocasines negros horrorosos que dejaban ver algo de sus largas piernas morenas. Desvié mis ojos y vi como eran de pequeñas sus manos. Como podrían sentir protección con las mías cogidas. Porque ningún par de tetas descifra tantas cosas como unas manos. Y las de Tara explicaban su elegancia y debilidad. Sin ningún rasguño. Diciendo que sabía cuidar. Tara me observa y me quedo escéptico cuando veo a ________ justo detrás de ella. Nos observa a ambos, como si me culpara de lo que está sucediendo. De mis pensamientos. Como si supiera lo que iba a suceder.
Pero no puedo caer en la enfermedad. Debo enfrentarme a mí mismo.
          -          Tara. – le digo sin separar mi mirada de _____ - ¿Puedo preguntarte algo?
          -          Claro – se abruma ella
          -          ¿Qué pasaría si ahora te besara?
El silencio inunda la sala hasta que se decide a hablar.
          -          Las cosas no se preguntan, Harry. Las cosas se hacen.

dimecres, 1 de maig del 2013

Capítulo 20


Quizás la solución más fácil sea olvidarte. He sobrevivido a tu incendio. Y ahora cargo en mi pecho con quemaduras de tercer grado. Pero como todos dicen, dónde hubo fuego cenizas quedan. Y aún me planteo si barrerte o guardarte en un jarrón. Si pasarme las horas ebrio para no recordarte o empapar pañuelos mientras le rezo a un Dios, en el cuál no creo, y a una virgen, la cual era más puta que tú y que yo. Si buscarme alguien que te substituya y darme cuenta de que es imposible, o tirarme de un barranco esperando que tú estés abajo para sostenerme con la mirada.
Pero lo peor de un incendio no son tus cenizas, ni tu recuerdo, ni mi locura por recuperarte, ni mi búsqueda constante de tu olor, ni que me coman los pájaros por dentro, ni que los portazos ya no susurren tu nombre, ni que los gusanos ya empiecen a salirme de los ojos. Lo peor de haber sobrevivido a un incendio, es tener que plantarle cara a todo esto.

Enciendo la luz de la mesita. Me rasco los ojos y parpadeo. Miro un rato el techo blanco y me levanto de la cama. Voy al fregadero y me mojo la cara. El espejo refleja mi rostro cansado. Tengo una pequeña herida en la mejilla y me escuece. Me llevo las manos a la cabeza al ver que ya empieza a salir mi pelo. Mi querido pelo. Ando cojeando con la pierna vendada y abro la puerta. Tara se gira al oírme y sonríe. Respiro hondo intentando que mis emociones no se confundan y me siento en una silla.
           -          ¿Qué tal has dormido?
           -          Bien. Me he despertado alguna vez, pero todo bien.
           -          Te oí hablar con alguien.
Bajo la mirada y ella acepta no seguir con la conversación. Saca agua oxigenada y otro mugriento líquido rojo. Pone primero uno en el algodón y se acerca a mí. Se coloca de rodillas y limpia mi herida. La tengo tan cerca. Noto como su respiración cae sobre mi pecho. Y lo peor es que ella es consciente de ello. Tiene la mirada fija en mi herida, y yo en sus ojos y en cada parte de su rostro. Ninguna imperfección. Cómo si todo lo que hiciera solo pudiera ser alabado. Me vuelve a tocar con el alcohol y me estremezco. Ella me mira y sonríe. Sopla en la herida y me relajo. Coloca el líquido rojo en mí y sus dientes en su labio derecho. Sé que busca algo en mi interior. Y aunque yo siga enamorado de ______, me empiezo a plantear la frase “un clavo lo quita otro claro”.
Acaba y guarda los objetos. Se acerca a mí y se sienta en la otra mesa.
           -          ¿Qué quieres que hagamos hoy? – me dice
           -          ¿Hagamos? ¿nosotros? – me sorprendo
           -          El comandante me ha pedido que te tenga el ojo encima 24 horas. – sigue sonriendo -Así que no puedes escapar de mí.
Me sale una sonrisa tonta y me la tapo rápidamente. Mojo mis labios con la lengua, y acto seguido me doy cuenta de lo que puede significar eso. Me limito a cambiar de conversación.
           -          Tengo hambre. – me encojo de hombros
           -          Comamos entonces. – se levanta de la silla – Voy al comedor. No te muevas de aquí. ¿Entendido?
           -          Entendido, Señorita García.
Se ríe y sale por la puerta. Me quedo un par de minutos sentado en la silla, observando la sala. Cuando creo que Tara se ha alejado lo suficiente; me levanto.
Voy deprisa en busca de mi informe. Abro los armarios y solo veo vendas y agujas esterilizadas. Lo cierro de un golpe y voy a los cajones. Tijeras, guantes y otras cosas que salen en las series de televisión. Lo cierro y voy al armario negro. Lo abro y encuentro una cajonera azul. La abro y bingo. Informes de cada uno de los militares. Bajo a la letra S y busco “Styles, Harry Edward”. Está algo mal colocado y lo saco. Me quedo en silencio, a la espera de que no se escuchen pasos. Discreción y me coloco sobre la mesa a leerlo. En la primera página hablan de mi físico y mi edad. En la segunda miles de nombres y números sobre mi ADN. Y en la tercera tratamientos a seguir. Me sorprendo y sigo leyendo; “principios de esquizofrenia paranoica”. Abro los ojos de par en par “Tratamiento: Risperdal, Zyprexa, Seroquel, Geodon, Abilify, Clozaril. Si no hay cambio; realización de electroshock”.
Escucho un ruido y cierro la carpeta. Voy todo lo deprisa que puedo al armario y lo guardo. Lo dejo como estaba y me acerco al fregadero. Cojo la botella de agua y me la acerco a la boca. Entonces se abre la puerta.
           -          ¡HARRY! – me asusto - ¡SUELTA ESA BOTELLA AHORA MISMO!
Dejo la botella en el mármol y alzo las manos a modo de disculpa. Se acerca a mí me observa.
           -          Dime que no has bebido de esa agua.
           -          Lo juro. No he bebido.
Me mira a los ojos comprobando si digo la verdad. Hace que me cree y me abraza. Me quedo de piedra un par de segundos. Reacciono y le devuelvo el abrazo. Noto su calor sobre mi pecho. Ahora parece tan frágil. Me sorprendo el porqué de esa botella. Y ahora que la siento sobre mí, me doy cuenta de que ya necesitaba un abrazo. Ofreciéndole protección entre mis brazos, vuelvo a echar de menos a _____. La veo pestañear un par de veces y se aparta.
           -          ¡Podrías haberte muerto! ¡Es H2O pura! ¡No vuelvas a tocar las cosas de aquí! ¿Entendido?
           -          Entendido, Señorita García.
Se ríe ante mi comentario y me empuja. Saca una bolsa de papel y la coloca encima de la mesa. Me siento delante y ella me imita. Sonrío y saca las cosas. Dos botellas de agua y un par de bocadillos.
           -          ¿No te han dado el mugriento cocido de cada día? – pregunto
           -          Yo no como lo mismo que vosotros, Styles. – ríe
Me contagia la sonrisa y cojo mi bocadillo. Ella bebe agua y me quedo observándola. El pelo le cae sobre los hombros y tiene varios reflejos rojizos. Se da cuenta de mi mirada y ríe.
           -          Me intimidas.
Cierra la botella y muerde el bocadillo. Me mira. La miro. Idealizo. Revolotea las pestañas y le hablo. Hablamos. Hablamos. Es de latino América. Recorro todo su cuerpo con mis ojos verdes. Me topo con los suyos. Sueño. Le hablo de _____. Reacciona bien. Sólo quiere ser amigos. Pero para qué cojones quiero yo más amigas. Me calmo y pienso en _____. La soledad de este sitio me ahoga. El color de sus uñas me confunde. Su sonrisa perfecta me debilita. El olor de su pelo me aniquila. Aunque sepa que yo sigo enamorado de ella, Tara podría cambiarlo. Podría olvidarme de ella. No, es imposible olvidarla. Respiro hondo y vuelve a hablarme. No muestra ningún síntoma de celos. Serás zorra. Podrías arquear una ceja, apretar las manos contra la mesa o algo. Haz alguna señal. Sin respuestas.
Me asusto de mis propios pensamientos y empiezo a plantearme lo de la esquizofrenia. Necesito dormir. O alejarme de este sitio. Pero en ese momento entra el comandante en la enfermería.
           -          Firmes. – me grita
Me levanto del sitio y me cuadro.
           -          ¿Qué Styles? ¿Ya está de nuevo de mariconeo? ¿Cree que pintándose las uñas va a poder salvar a su país?
           -          Señor, ustedes me metieron en la enfermería.
           -          ¡Pero tú sabes que es hora de la artillería!  ¡Y que yo sepa no se necesita la pierna para aprender a montar armas! ¡Así que mueve tu trasero de blanco y ve hacia la puñetera clase!
Se da la vuelta y sale de la caseta. Relajo el cuerpo y miro a Tara. Me baja la mirada y me acompaña hasta la puerta. Antes de salir me quedo observándola de nuevo. Finalmente decidí irme sin más.
Llegué a la clase. Todos estaban sentados en el suelo, con una mesa mugrienta delante. Me senté lo más rápido posible y nos ataron un pañuelo detrás de la cabeza.
           -          ¡Soldados! ¡Todos ustedes deben ser capaces de montar un arma hasta con los ojos cerrados! – silencio – A la de tres empezarán a montar el arma. Justo en el momento que acaben podrán irse a descansar. Los diez últimos deberán aceptar el castigo que el comandante les otorgue. ¿Entendido?
           -          Sí, señor. – gritamos todos
           -          Uno. Dos. Y tres.
Puse mis manos sobre la mesa en busca de mis instrumentos. Ahora que me invadía la oscuridad podía pensar con más claridad. _______ era la resultante de mi esquizofrenia. No podía permitirme estar bajo tratamiento, ni acabar con electroshock. No puedo hacerle eso a mi familia. No pueden permitirse más dolor. No ahora. La única que podía salvarme era Tara. Era la única mujer en todo el campo. Y ______ no iba a volver. ______ no podía salvarme.