dilluns, 13 de maig del 2013

Capítulo 21


Una noche de septiembre decido volver a empezar. Donde ni tú ni mis pensamientos puedan volver a ponerme en peligro. Porque los que me matarán puede que estén allí fuera, lanzando balas y granadas. Jodiendo a  mi familia y riéndose en mi cara. Con un piti en la zurda y cascándosela con la diestra. Con el café encima de la mesa y un agujero de cigarro a su lado izquierdo. Viviendo con todo en bandeja. Pero ése no es el problema. El problema soy yo. El problema es mi cabeza. Porque aunque los que me maten sean ellos, yo soy el que me destrozo. Yo me estoy destruyendo poco a poco. Y por eso esta noche de septiembre decido cambiar. Cambiar lo que soy y lo que me rodea. He matado a varios hombres y sin embargo nadie me señala por tener las manos sucias. Aunque todo yo esté sucio. Y aunque sé que sería más fácil acabar con la guerra que eliminarte a ti de mi cabeza; me van los retos. Y quizás la única manera sea empezar a odiar. A odiarte. A odiarlos. A odiarme.
Perdóname por si intento esquivarte.

Estoy bajo la lluvia. Mis pestañas luchan por el peso del agua, mientras yo me dedico a hacer nudos en la cuerda. Los otros nueve de mis compañeros corren a mi alrededor y de vez en cuando me sueltan una colleja. Y todo por ser cojo y no poder saltar a pegarle un buen guantazo. Que rece para que cuando me recupere no recuerde su cara. Y después de una hora y quince minutos bajo el cielo negro, el comandante hace sonar el silbato. Mi salvación. Me levanto de la silla mojada y cojeo hacia la enfermería. Soy el último aún en el campo y con solo una luz hacia aquí. Pero entonces me fijo en el horizonte y al final está _______ mirando. Me paro en seco y respiro. Mi pierna vuelve a flojear y mis manos pierden el pulso. Sigo mojando y veo como ella se acerca a mí. Y entonces recuerdo lo que ponía el informe. Esquizofrenia paranoica.
Noto como alguien me coge del brazo y me giro asustado. Y entonces veo como Tara me sonríe con los ojos. Está tan empapada como yo. Coloca mi brazo sobre su hombro contrario e intenta hacerme caminar. Noto su calor avivándome por dentro.
          -          He estado buscándote – me dice al fin
Sigo en silencio. Vuelvo al horizonte y ella sigue observándome. Tiene las manos detrás de la espalda. Como si me quisiera esconder algo. Lleva una camiseta blanca y tejanos ajustados. Ella no se moja, y prefiero seguir pensando que era gracias al techo.
Tara volvió a tirar de mí y aparté los ojos de ella. Seguí adelante con intención de no volver a mirar. Llegamos a la enfermería y me senté en la silla más cercana.
          -          Tienes que darte una ducha, Styles.
          -          Esperaré a que acabes tú.
          -          Llevas más tiempo bajo el agua. Y estás más débil. Así que haz el favor de ir para la ducha y no hacer que sea una orden.
Entrecerré los ojos y me levanté. Tara me colocó una silla de plástico en la ducha. Mi pijama a dos metros de cerca y salió por la puerta.
Tara acabó de ducharse y se sentó enfrente de mí. Me moría de ganas de preguntarle sobre mi informe. Pero no podía. Sabría que lo había leído y a saber cuál podría ser mi castigo. Opté por callarme. Bebo a morro de la botella y la dejo sobre la mesa. Me fijo en sus labios algo azulados por la temperatura. Están rotos. Rotos del frío o de tanto morderlos. Me enardecía solo la idea de pensarlo. Con sus mocasines negros horrorosos que dejaban ver algo de sus largas piernas morenas. Desvié mis ojos y vi como eran de pequeñas sus manos. Como podrían sentir protección con las mías cogidas. Porque ningún par de tetas descifra tantas cosas como unas manos. Y las de Tara explicaban su elegancia y debilidad. Sin ningún rasguño. Diciendo que sabía cuidar. Tara me observa y me quedo escéptico cuando veo a ________ justo detrás de ella. Nos observa a ambos, como si me culpara de lo que está sucediendo. De mis pensamientos. Como si supiera lo que iba a suceder.
Pero no puedo caer en la enfermedad. Debo enfrentarme a mí mismo.
          -          Tara. – le digo sin separar mi mirada de _____ - ¿Puedo preguntarte algo?
          -          Claro – se abruma ella
          -          ¿Qué pasaría si ahora te besara?
El silencio inunda la sala hasta que se decide a hablar.
          -          Las cosas no se preguntan, Harry. Las cosas se hacen.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada