La noche había estado tranquila. Nada ni nadie me había
perturbado. Estuve repasando todo lo que había hecho durante el día. Estoy
seguro de que ______ será como todas las demás. Indefensas pero a la vez se
creen con poder de destruirte. Nunca lo hacen. Porque para destruir algo, debes
haberlo creado; y si nunca has creado amor, no puedes pretender romperlo.
Bajé las escaleras, buscando los dos euros que necesitaba
para comprar el pan. Abrí la puerta de la portería y caminé hasta el final de
la calle. Ella, ______, caminaba en dirección contraria a mí. Crucé la mirada
con ella y se puso rápidamente los cascos y sacó su teléfono. Pasó por delante
de mí y no me miró. No sonrió. No me saludó. Hizo como si yo no estuviese allí.
Me giré y me quedé mirándole la espalda. Menuda cría. Odio que me ignoren.
Quiero atención, y más después de todo lo que pasó. No soporto a las niñatas
como ella.
Llegué a la panadería, compré el pan y volví a coger el
camino a casa rabiado. ¡Qué maleducada! ¡¿Por qué no me saluda?! ¿Tanto asco le
doy?
Me la encontré sentada en un banco, jugando con su móvil y
sonriéndole de vez en cuando a la pantalla. Me senté a su lado para que se
diese cuenta de que yo estaba allí. Me miró de arriba abajo y echó una cara de
asco. Volvió a su móvil.
-
¿Qué haces aquí? – dijo seca
-
Hola, eh
-
Hola
-
¿Por qué no me has saludado antes?
-
¿Debería?
-
Hombre, pues si tienes educación, sí.
Se giró a verme e hizo una mueca en la cara, como si creyese
saberlo todo sobre mí.
-
¿Tú vuelves a hablar con las chicas después de
conseguir lo que quieres?
Mierda. ¿Cómo lo sabe? ¿Me lee la mente o a hablado con Adam?
Esta chica me da miedo. Me dediqué a no contestarle. Sonrió.
-
Lo que yo creía. No me acuses por mis actos si
tú haces lo mismo.
-
¿Quién eres? ¿De qué me conoces?
Soltó una amplia carcajada. Me encantaba verla reír y
provocó que yo también sonriese.
-
Dudo que eso sea lo importante ahora – dijo
sonriendo de nuevo
-
Me lo pasé muy bien ayer, ______.
Su sonrisa se esfumó de nuevo. Algo de lo que había dicho,
no le gustaba.
-
No se va a volver a repetir, Harry.
-
¿Por qué no? Es sexo.
-
¿Seguro?
Se humedeció los labios, provocando que mi mirada se
desviase a ellos. Poco a poco fui acercándome a ella. Notando como nuestros
cuerpos se iban acercando. Buscaba sus labios, sus besos. Se apartó de mí,
echándome para atrás.
-
Te estás ganando una hostia. – dijo convencida
-
¿Qué tienen los besos que nunca los das?
-
¿Los besos? – me dijo y asentí con la cabeza - Los
besos son el comienzo de todo. – Suspiró buscando las palabras correctas. –
Gracias a los besos…. Bueno, se podría decir que con ellos puedes enamorarte de
alguien sin necesidad de tener sexo. En cambio, si tienes sexo con alguien sin
besos, no puedes enamorarte.
Me paré a pensarlo. Tiene razón. Nunca podré enamorarme de
alguien con el cual no sé si saltan chispas cuando nos besamos. Pero estoy
seguro que no hace falta besarse para enamorarse.
Yo lo hago continuamente y no me pasa nada.
-
Creo que tomas demasiadas precauciones. No
disfrutas igual, _______.
-
Ya me han hecho mucho daño. No voy a dejar que
me lo hagan otra vez.
La cogí de las manos y la miré a los ojos. Perdiéndome en
sus ojos marrones.
-
Yo nunca te haría daño.
¿Qué? ¿Enserio he dicho eso? ¡Yo no soy de esos tipos ñoñas!
Yo no soy el que va detrás de las chicas, ¡ellas vienen a mí! Y cuando ya he
conseguido lo que quería, desaparezco. ¿Por qué le he dicho semejante
estupidez?
Me miró raro. Algo extrañada por mi reacción. Se separó de
mí y echó una carcajada. Empezó a reír descontroladamente, y yo, sin poder
evitarlo, me enganché a su risa.
-
No te crees ni tú lo que acabas de decir,
Styles.
No contesté. Quizás no es que no me creyese las palabras, si
no que no me creía que yo hubiera sido capaz de decirlo.
Llegué a casa y dejé la barra encima de la mesa. Adam se me
quedó mirando a los ojos muy serio, como si buscase algo en ellos. Se acercó un
poco más a mí. Pestañeó dos veces y negó con la cabeza.
-
Has hablado con ella. – afirmó
-
¿Y tú que sabes?
-
Me miras diferente y hueles a ella.
Le miré mal. Parece que me controlasen. Y no soporto que lo
hagan. Vale, quizás tenía una sonrisa en la cara, más de lo normal. Pero no
entendía el porqué de estar así. No soportaba a esa chica, pero a la vez me
tenía intrigado y quería saber más de ella. Un rato me puede sacar de mis
casillas, y al otro hacerme sacar tonterías de la boca. Esto no acabará bien,
pero quiero saber qué pasará hasta entonces.
-
No me controles, Adam.
-
Solo te aviso. Acabará por volverte loco.
Suspiré y le miré a los ojos. No entendía a qué venía todo
esto.
-
¿Qué tiene? – pregunté
-
No lo sé. Y tampoco lo quiero saber, pero veo
que a ti sí
-
A mí me dan igual todas
-
Ya – ironizó – Seguro
Acabé por resoplarle y alejarme de allí. Hasta la cocina y
escuché como susurraba.
-
Acabarás volviéndote loco, Harry…
La noche ya había llegado. Miré el reloj, las diez y media. Sería
un buen momento para salir a la calle. Echaba de menos mi casa. Tener que
empujar a mis amigos para que se lanzasen o tener que buscar a una chica a la
cuál tirar a la piscina. Digan lo que digan, les pone que hagamos eso. Y a
nosotros también nos poner hacerlo. Es como demostrar tu hombría, demostrar que
tú eres el hombre. Por eso, si quieres tener el respeto de un hombre, nunca
debes arrebatarle su hombría.
Me puse la cazadora y saqué las llaves de casa. Me despedí
de Adam con una colleja y desaparecí por la calle. Me metí por varias calles
oscuras, hasta ver como un montón de bares tenían sus puertas abiertas. La
noche está aquí, pensé. No había fiesta, pero era lo máximo que podía alcanzar
si iba a pié.
Pasé por delante de varios. Las luces de neón me alelaban la
vista. Te incitan a entrar sin ganas. Seguí caminando hasta el final de la
calle, pero entonces, me la encontré sentada en la terraza de un local. Estaba
escribiendo algo a toda velocidad. Tenía una simple botella de agua sobre la
mesa. Se la veía enfadada. Yo la miraba desde lejos; ver sin poder ser visto. Entré
en el local y me senté en la mesa de enfrente. No se había dado cuenta de que
había llegado; habría que gritárselo. Llamé al camarero y vino hacia mí.
-
¿Qué pedirá el caballero?
-
A mí póngame una cocacola, pero ¿a esta chica
podría ponerle de mi parte una piña colada? – dije señalándola
-
Claro, señor. Ahora mismo.
Sonrió y se alejó de mí. Me quedé impaciente hasta que trajo
mi cocacola y se fue a su mesa. Parece que el tiempo iba el doble de despacio
que antes. Como si se tratase de un acontecimiento. El camarero se acercó a
ella. Le dejó la piña colada sobre la mesa y sonrió. Ella se puso más histérica
de lo que ya estaba. Entonces el hombre me señalo a mí y desapareció. Y sin
embargo, yo que tenía la esperanza de que me sonriera, me saludase o un simple
gesto con el que me diera las gracias; ella no lo hizo. Se quedó mirándome con
cara de asco. Cogió el vaso, se lo quedó mirando, me miró a mí, desafiándome.
Recogió la hoja y el papel, se alzó de la silla y tiró el vaso contra el suelo.
Haciendo que se rompiera en mil pedazos. Mis ojos se agrandaron y la miré mal.
Recogió su bolso y se fue del local haciendo sonar fuerte sus tacones negros.
Maldita cría. Es insufrible. ¿Cómo se puede ser tan mal educada? ¿Nunca le han
enseñado modales? Estoy harto. Me tiene harto. Estoy cansado de niñatas que no
saben lo que quieren. Harto de tanta tontería. Con teorías del enamoramiento,
como si pretendiese que eso fuera real. El amor no existe, solo te hace ver tus
límites. Y esta chica, me está sacando de mis casillas, pero os puedo asegurar
que no es amor, si no todo lo contrario.
