Entre abrí los ojos hasta poder darme cuenta de que volvía a
estar despierto. Me había pasado a noche intentando seguir ese sueño, pero fue
en vano. Después me comí la cabeza con Gemma y mamá. Cómo estarán. Qué estará
pasando. Cuándo podré volver allí. Cuánto podrán soportar. Qué les estarán
haciendo. Y todas las preguntas sin respuestas. Lo único que sé es que no
quiero acabar estando para todos y no para mi mismo.
Me levanté de la cama y me fui directo a la ducha. Un día
más, no quería hablar con Adam. Cerré la puerta detrás de un portazo y empecé a
desvestirme. Seguía con la misma ropa de ayer. Aún tenía arena por el cuerpo.
Las uñas estaban repletas de ella y entre los dedos aún quedaba huella de que
había estado allí. Tenía arena en todo mi cuerpo, menos donde quería tener; en
mis calzoncillos. Nada. Quizás si no hubiera sido un sueño, la hubiera tenido.
Pero no. No quiero darle más vueltas.
Entré en la ducha al son de It Will Rain y en menos de tres
minutos ya había acabado. Me enrollé en una toalla y salí hasta mi habitación
para vestirme. Salí de ella y bajé sin desayunar al recinto. Y gracias a mi
desgracia, me la encontré. Me había visto y la había visto; no lo podíamos
negar. Me acerqué a ella y me senté a su lado. Sonreí y ella negó con la
cabeza. Confirmado; está loca.
- ¿Qué pasa?
- ¿Qué pasa?
Resopló y me miró de nuevo. Alzó las cejas y se dispuso para
hablar.
- ¿Siempre me tiene que pasar algo?
- Hombre, no es normal que ayer te despidas dándome las gracias y hoy ni me saludes.
Se quedó en silencio y veía como empezaba a cabrearse. Y sin saber porqué, me hacía gracia que lo hiciese. Parece que no me soportase. Cómo yo a ella.
- Pues acostúmbrate, soy así.
- Quizás te cambio
- ¿Siempre me tiene que pasar algo?
- Hombre, no es normal que ayer te despidas dándome las gracias y hoy ni me saludes.
Se quedó en silencio y veía como empezaba a cabrearse. Y sin saber porqué, me hacía gracia que lo hiciese. Parece que no me soportase. Cómo yo a ella.
- Pues acostúmbrate, soy así.
- Quizás te cambio
Soltó una carcajada y se quedó con la sonrisa en la cara.
- Y dime, Styles, ¿Cuántas veces de las que una tía te ha dicho eso, te han cambiado?
- Nadie me lo ha dicho, ______.
- Pero lo piensan. Todas lo pensamos. – volvió con su sonrisa – Todas creemos que podemos cambiaros. Que podéis pasar de ser perros en celo, a príncipes azules. La gente no cambia. Nacemos y morimos siendo nosotros. Que lo quieras tapar, es otra cosa, pero tú, seguirás siendo tú. Digan lo que digan.
- Y dime, Styles, ¿Cuántas veces de las que una tía te ha dicho eso, te han cambiado?
- Nadie me lo ha dicho, ______.
- Pero lo piensan. Todas lo pensamos. – volvió con su sonrisa – Todas creemos que podemos cambiaros. Que podéis pasar de ser perros en celo, a príncipes azules. La gente no cambia. Nacemos y morimos siendo nosotros. Que lo quieras tapar, es otra cosa, pero tú, seguirás siendo tú. Digan lo que digan.
Y una vez más, odio que tenga razón. Nadie me cambiará. Ni
nadie será capaz de cambiarla.
- Quizás somos diferentes cuan- dije antes de que me cortase
- No lo intentes, Harry. Sabes que tengo razón.
- Ya.
- Quizás somos diferentes cuan- dije antes de que me cortase
- No lo intentes, Harry. Sabes que tengo razón.
- Ya.
Se levantó del césped y me dio la mano para que yo la
imitase.
- Ven, vamos a mi casa. Te invito a café.
- Ven, vamos a mi casa. Te invito a café.
Salimos del recinto y entramos en el portal que se despidió
de mí anoche. Subimos las plantas en el ascensor en completo silencio. Entramos
en su casa. Recorrimos el pasillo largo, en el cual ella se había paseado sin
camiseta, antes de quitármela a mí. Y nos sentamos en la mesa de la cocina.
Sacó una taza de café, lo echó y me puso leche. Lo colocó delante de mí y ella
se cogió un zumo.
- ¿No te gusta el café? – pregunté
- No.
- ¿Y por qué tienes en casa?
- A los tíos que me follo les suele gustar. – Alzó las cejas a modo de indirecta y sonrió – Yo odio el café. No soporto ni su olor ni su sabor.
- ¿Y es esa una de las más razones para no besarnos?
- Puede.
- Puede. - repetí
- ¿No te gusta el café? – pregunté
- No.
- ¿Y por qué tienes en casa?
- A los tíos que me follo les suele gustar. – Alzó las cejas a modo de indirecta y sonrió – Yo odio el café. No soporto ni su olor ni su sabor.
- ¿Y es esa una de las más razones para no besarnos?
- Puede.
- Puede. - repetí
Me quedé mirándola en silencio. No creo que fuera necesario
decir nada. Mi mente se centraba únicamente en que quería besarla, o irme a
Londres. Y ninguna de las dos era posible. Ella bajó la mirada. Volvía a estar
enfadada y yo también. No soporto que no me den lo que quiero. Y quería un beso
y me estaba restregando que no me lo iba a dar. Ya llevaba mucho tiempo
esperando. Lo quería ahora.
- ¿Qué te pasa? - me preguntó sacándome de mis pensamientos
- Nada.
- Ya, claro.
- No tengo que darte explicaciones de lo que hago o pienso.
- Vale, pues entonces no me pidas nada.
- ¿Qué te he pedido?
- ¿Qué te pasa? - me preguntó sacándome de mis pensamientos
- Nada.
- Ya, claro.
- No tengo que darte explicaciones de lo que hago o pienso.
- Vale, pues entonces no me pidas nada.
- ¿Qué te he pedido?
Resopló y volvió a mirarme.
- Hostia Harry pareces tonto.
- Vale, besos. ¿Pero me los has dado? No. Así que ya está.
- Hostia Harry pareces tonto.
- Vale, besos. ¿Pero me los has dado? No. Así que ya está.
Resopló y se levantó de la silla. Fue a la puerta y la
abrió.
- Fuera. - me dijo dominante
- ¿Por qué?
- Esta es mi casa y no quiero verte. Fuera.
- ¿Enserio? ¿Sólo por no decírtelo? - Me puse a la defensiva - Pues ahora no me pienso ir.
- Vete. No te lo digo más veces.
- No estoy para tonterías, tengo bastantes problemas como para soportar tus niñerías.
- Pues vete.
- Es que aunque me vaya de esta casa, el problema sigue estando, ____! Es que no te das cuenta!
- ¡PUES DIME DONDE ESTÁ EL PROBLEMA! ¡QUE YO TAMBIÉN TENGO Y NO ME QUEJO!
- Fuera. - me dijo dominante
- ¿Por qué?
- Esta es mi casa y no quiero verte. Fuera.
- ¿Enserio? ¿Sólo por no decírtelo? - Me puse a la defensiva - Pues ahora no me pienso ir.
- Vete. No te lo digo más veces.
- No estoy para tonterías, tengo bastantes problemas como para soportar tus niñerías.
- Pues vete.
- Es que aunque me vaya de esta casa, el problema sigue estando, ____! Es que no te das cuenta!
- ¡PUES DIME DONDE ESTÁ EL PROBLEMA! ¡QUE YO TAMBIÉN TENGO Y NO ME QUEJO!
Resople y me levanté de la silla. Cogí la chaqueta y me
acerqué a la puerta. Se paró delante de mí.
- ¿Ahora vas a huir? Si empiezas una cosa, acabala – me dijo
- Eres tú siempre la que deja las cosas a medias. Así que no tienes derecho a decirme nada.
Porque no sabes nada de mí, ni de lo que pienso.
- Tampoco necesito hacerlo, Styles. Ya te dije que no quiero hombres en mi vida.
- ¿Y qué soy yo?
- ¿Y qué soy yo en tu vida, Harry?
- ¿Ahora vas a huir? Si empiezas una cosa, acabala – me dijo
- Eres tú siempre la que deja las cosas a medias. Así que no tienes derecho a decirme nada.
Porque no sabes nada de mí, ni de lo que pienso.
- Tampoco necesito hacerlo, Styles. Ya te dije que no quiero hombres en mi vida.
- ¿Y qué soy yo?
- ¿Y qué soy yo en tu vida, Harry?
Silencio. Tuve que repetir dos veces esa frase para
asimilarla. No lo sé. No sé qué es en mi vida. ¿Nada, algo, poco? ¿Amor, odio?
¿Presente, futuro? Sí, sí sé qué es.
- Miedo. -Solté al fin – Eres el miedo de mi vida.
- Miedo. -Solté al fin – Eres el miedo de mi vida.
Volvió a quedarse en silencio. Pestañeó un par de veces y se
apartó de mi camino. Volvió a ponerse al lado de la puerta.
- Fuera. Quiero estar sola.
- ¿No es lo que querías escuchar?
- No, no te quiero escuchar a ti.
- Fuera. Quiero estar sola.
- ¿No es lo que querías escuchar?
- No, no te quiero escuchar a ti.
Salí de su casa y cerró con un portazo. Bajé las escaleras
de dos en dos, con intención de tropezarme y comerme la pared.
Vuelvo a casa y saludo a Adam. Cojo una madalena, aún siendo
la una del mediodía, y la zambullo en mi boca de un bocado. Mastico intentando
que no se salga de la boca y la trago. Sequía. Me ha desgarrado la garganta,
pero aún y así me alivia. Prefiero que una maldita madalena me desgarre, antes de
que lo haga esa niñata. Lleno un vaso de leche y me siento en el sofá, mirando
a la televisión que está apagada. Me pongo pensativo una vez más. Dicen que no
es más feliz el que más tiene, si no el que menos necesita. Y por eso me he
dado cuenta de que necesito demasiadas cosas para ser feliz. Principalmente
necesito no sentirme solo, y eso a veces, es más complicado que cualquier otra
cosa. Aunque dicen que las personas más solitarias, son las más fuertes. En ese
caso prefiero ser débil.
Me obligo a mi mismo a beberme el vaso y coger la toalla
para bajar a la playa. Luchar un rato contra las olas hará que me tranquilice. Abro
la puerta y se cierra sola, acompañada de un chirrido. A saber
cuando la arreglan. Este verano se suponía que iba a ser diferente. Iba a ligar
más que nunca, ir de fiesta todas las noches y dormir hasta el medio día. Pero
no, no ha servido de nada venir a un apartamento con Adam. No. Tenía que estar
aquí la maldita de _____. ¿Quién soporta a esta mujer? No se aclara con lo que
quiere. Anoche me contó su vida y media y luego casi nos besamos, pero no. Ella
y su estúpida manía de ‘no lo hago porque si no me enamoro’. ¿Qué es eso de
enamorarse? Sólo un invento del Corte Inglés.
Tiro la toalla al suelo, me escampo entre la multitud y consigo
entrar en el agua. Me pongo un límite; la bolla roja. Empiezo a nadar hasta
poder tocarla. Me doy la vuelta y llego hasta mi toalla. Me seco con ella el
pelo y miro hacia el cielo. Estoy mejor. Me ha tranquilizado. Remuevo la cabeza
hasta ponerme el pelo en su sitio. Me quedo de pié observando a la multitud. Hasta que veo una
pequeña figura de mujer tumbada en la arena. Me aproximo hasta ella, _____.
Quiero quedarme y a la vez irme. ¿Por qué? Esto es imposible. Estoy loco. Al
igual que ella.
- ¿Qué haces aquí? – me dice dejándome sin escapatoria
- Bajar
a la playa, como todos, supongo – respiro ondo - ¿Y tú qué haces? ¿Estás sola?
- ¿Con quién pretendes que venga?
- Pues con tus amigas o algo.
Ella ríe irónica y vuelve a cerrar los
ojos. Se coloca en dirección del sol. Me doy por vencido y me tumbo a su lado.
Está espectacularmente inquietante en la playa. ¿Por qué tiene que ser tan
irresistible?
- No tengo
amigos. Nunca he sido capaz de mantener una relación amistosa con un hombre ni
con una mujer. Los tíos solo me quieren para una cosa y las tías se piensan que
voy a robarles los ligues – suspira y ríe a la vez – Bueno, eso alguna vez sí
que lo he hecho. Pero no eran mis amigas de verdad; así que les follen a todas.
Ambos reímos. Miro hacia el horizonte y
me coloco mis gafas de sol.
- Si te sirve
de consuelo yo tampoco soy capaz de tener una amistad con una mujer. –Suspiro -
Es como que los impulsos se apoderan de mí.
- ¡Exacto!
Pero las mujeres sabemos controlarnos, cosa que vosotros no.
- ¡Claro!
¡Vosotras no tenéis una cosa ahí abajo que manda por encima de vuestra cabeza!
– reímos y me da un golpe en el brazo
- La
testosterona, que os corre por las venas dando latigazos.
- Será eso.
Me sonríe como una niña pequeña y saca
una botella de su bolso. Me doy la vuelta y me quedo mirando la toalla.
- Estás blanco.
Bueno, más bien blancucho. – dice ella entre dientes
- ¿Blancucho?
Perdona señorita café con leche.
- Mi moreno
es dorado. – dijo algo irritada pero contenta a la vez. Me encanta hacerla
rabiar.
- ¿Dorado? –
Eché a reír – Lo qué tú digas.
Volví a poner mi cabeza sobre la toalla
y dejando que el sol se apoderase de mí. Empecé a notar pequeñas gotas frías
sobre mi espalda. Miré a _____ y tenía en la mano un bote de crema. Me lo
estaba echando por toda la espalda.
- Te vas a
quemar, rulitos – dijo poniéndome dos pegotes de crema sobre los pómulos
- ¡¿Pero
quién te ha dado permiso para ponerme crema?! – añadí poniéndome de pié e
intentando ver mi espalda. Estaba llena de puntitos blancos que chorreaban
hacia el suelo. Esto no iba a acabar así.
Me acerqué a poco a poco, mientras ella
sonreía e intentaba alejarse de mí.
- No, Harry.
No.
- Tú has
empezado y sabes que no voy a dejarte dejar las cosas a medias.
Se puso de pie y empezó a correr con el
bote de crema en las manos.
- ¡Sabes qué
me encanta dejarte a medias! – dijo corriendo y yo la seguí también
- ¡Ven aquí!
¿No eras tan valiente? ¡Va!
- ¡Si
hombre!– dijo entre gritos.
- ¡Ya te
tengo!
La cogí de la cintura, la alcé del suelo
y la dejé colgando boca abajo sobre mi espalda. No pesa nada. Pataleaba en el
aire, intentando soltarse de mí. Qué ricura. Esto no iba a acabar así.
- ¡No, Harry!
¡Bájame! – Gritaba y reía a la vez
- Calla.
Daba golpes con sus pequeños puños sobre
mi espalda para que la soltase. Qué ilusa. No había dolor que me impidiese
hacerla rabiar y vengarme.
Me metí en la playa, con ______ aún en
mis brazos. Empezamos a sentir como el agua rozaba nuestros cuerpos. Me agaché
al suelo, haciendo que ella quedase empapada. La cogí con firmeza de la cintura
y empecé a mojarla. Mientras ella, inútilmente, intentaba defenderse con sus
pequeñas manitas.
- ¡Te juro
que volveré a dejarte con tantas ganas que tendrás que arrancarte la piel a
cachos! – gritaba
- ¡Eso ya lo
veremos!
Volví a echarle agua y ella a llevarse
las manos a la cara.
- Hasta que
no me pidas perdón no volverás a verme la cara
- ¿Qué? – reí
- Lo que oyes
Me di por vencido y dejé de echarle
agua. La senté sobre mis rodillas y la cogí de la cintura. Me acerqué a su
oreja y sonreí.
- Va,
perdóname – susurré
Escuché una pequeña risilla que provenía
de su boca. Y sin poder evitarlo, noté un golpe de agua sobre mí. Maldita sea.
- ¡Nunca! –
rió y volvió a echarme agua
Me quedé en silencio, mirándola. Ella me
miró raro y dejó de tirarme agua.
- Esto podría
haber sido un momento bonito – susurré – Pero tú eres más de cargártelos.
- Ya sabes
que conmigo nunca podrás tener momentos bonitos – sonrió. Aunque en el fondo me
dolía saber que nunca los podríamos tener
Volvimos a quedarnos en silencio un par
de minutos. Ella seguía sobre mis rodillas y yo la cogía de su pequeña cintura.
Se acabó de acercar a mí y apoyó su cabeza en mi pecho. La abracé con los brazos,
dándole todo el calor de mi cuerpo. Me encantaba tenerla así.
¿¡Qué!? Harry, ¿tú te estás
oyendo? Es una simple chica. Tú eres Harry Styles. El chico inalcanzable. El
que todas se creen que pueden cambiarte, pero ninguna lo consigue. ¡Tú no eres
así! Tú nunca te comportas así con las chicas. Tú no eres el príncipe azul de
nadie, ni recoges zapatitos de cristal ni comes perdices. No sé qué mierda está
pasando, pero no quiero que este momento se acabe.
- ¿En qué
soñabas anoche cuando te desperté? – dijo haciéndome volver a la realidad
Suspiré y sonreí al recordarlo.
- En que nos
besábamos – la miré dubitativo - ¿por qué no me dejas hacerlo?
Silencio. No decía nada. Solo
notaba su respiración y a la sístole como luchaba contra la diástole.
- ¿Sabes qué
pasa, Harry?
- ¿Qué?
- Que cuando
besas a alguien y te gusta, no puedes dejar de hacerlo. Nunca encuentras el
final para dejar de hacerlo. Es como un vicio, del que siempre tienes mono y no
hay ninguna terapia para salir.
Me irritaba que siempre tuviese razón.
¿Por qué no me podría decirme ‘bésame’ y ya está? Siempre dándole vueltas a
todo. Haciendo fácil lo difícil y difícil lo fácil.
- Es más – se
acercó a mi boca – me encanta verte tan desesperado por hacerlo
- No estoy
desesperado
- ¿No? – se
apartó de mí y me miró a los ojos - ¿Entonces por qué lo sueñas?
- Cállate –
dije y ella rió
Se quedó con una mano apoyada en mi nuca
y mirándome a los ojos. Hacía que me perdiese en ese mar marrón negro café.
Adoraba tenerla tan relativamente cerca. Poco a poco fue deslizando su otra
mano por mi cabeza y empezó a peinarme el pelo. Me gustaba. Nunca dejaba que
nadie me tocase el pelo, pero sin saber muy bien por qué, a ella sí.
- Tengo frío
– dijo ella
- Acércate a
mí y te abrazo
- También
podemos salir
- No quiero.
– dije seco
La pegué a mí y ella se apoyó de nuevo
en mi pecho. ¡QUIERO BESARLA! Quiero besarla como nunca lo he deseado en nadie.
¡Lo necesito! ¡Es una jodida necesidad!
Nos quedamos unos minutos así, hasta que
ella se separó de mí y bajó de mis rodillas. Me quedé mirándola raro.
- Me voy
fuera
- ¿Ya? –
añadí
- Sí, Harry –
sonrió
Fue acercándose hacia la orilla, dejando
a ver sus preciosas curvas. Que poco a poco hacían caer pequeñas gotitas de
agua por todo su cuerpo. Me estremecí al pensarlo y me metí de golpe entero en
el agua. Tenía que quitarme semejantes tonterías de la cabeza.
Salí del agua y me fui acercando hasta
donde teníamos las cosas. Vi a _____ sentada en su toalla hablando con un
chaval rubito y con una tableta de mierda que creía ser mejor que nadie por
tenerla. Él estaba sentado, en mi toalla para ser exactos. Hablaba haciendo
gestos con las manos y hacía sonreír a _____. Lo odiaba por ello. Notaba como
las pulsaciones dentro de mí aumentaban poco a poco.
- Fuera de
aquí capullo – exigí
- ¿Y tú quien
eres? – dijo mirándome por encima de las gafas de sol
- El tío que
te va a partir la cara como no te vayas de aquí ya. – dije remarcando la última
palabra
- Uh, que
miedo – dijo irónico
Ella nos miraba a los dos. Tenía una
cara seria para ambos, únicamente estaba en silencio. Y ya sabéis lo que dicen,
cuando una mujer está en silencio, es que lo que está pensando no es nada
bueno.
- ¡Qué te
vayas! – grité
El chico se alzó el suelo y
miró a _____.
- Bueno, si
quieres algo, llámame.
Ella hizo una leve sonrisa y él se
esfumó. Me quedé mirándola serio.
- ¿Qué? –
dijo
- ¿Qué de
qué? – dije seco
Resopló, se puso sus gafas y se tumbó.
Hice lo mismo. Nos quedamos sin decirnos nada durante unos quince minutos,
hasta que me senté y miré hacia el mar. Odiaba el silencio.
- ______…
- Calla
- ¿Estás
enfadada?
- No.
- ¿Y qué te
pasa?
- Que te
calles, Harry.
Suspiré y me levanté. Me voy a bañar. Es
insoportable. No hay quién la aguante.
Me metí en el agua y me remojé un par de
veces. Volví a la toalla y me tumbé boca abajo. No me dijo nada, parecía que
sabía que no soportaba estar en silencio, y por eso lo hacía.
- ¿Qué vas a
hacer con ese chico? – le pregunté bien
- Lo llamaré
- ¿Y…?
- Y me lo
follaré. Tengo que ganar una apuesta, ¿recuerdas?
Sonreí levemente y giré mi cabeza para
no mirarla. Odiaba todo esto. La odiaba. Era irritante. No soportaba verla ser
así, tan… tan… tan putón. Como si los sentimientos de por medio no
importasen. Como si yo no estuviese aquí. ¿Se cree que soy una de sus mejores
amigas con las que puede hablar de sus ligues? ¡Claro qué no! ¡Yo no soy el oso
amoroso de nadie!
Pensemos. Según ella, somos
completamente iguales. Si a mí me jode verla actuar así, a ella también le
tiene que doler que yo lo haga. ¡Ya está! . Se va a enterar de quién es Harry
Styles.