divendres, 30 de novembre del 2012

Capítulo 3


La noche había estado tranquila. Nada ni nadie me había perturbado. Estuve repasando todo lo que había hecho durante el día. Estoy seguro de que ______ será como todas las demás. Indefensas pero a la vez se creen con poder de destruirte. Nunca lo hacen. Porque para destruir algo, debes haberlo creado; y si nunca has creado amor, no puedes pretender romperlo.
Bajé las escaleras, buscando los dos euros que necesitaba para comprar el pan. Abrí la puerta de la portería y caminé hasta el final de la calle. Ella, ______, caminaba en dirección contraria a mí. Crucé la mirada con ella y se puso rápidamente los cascos y sacó su teléfono. Pasó por delante de mí y no me miró. No sonrió. No me saludó. Hizo como si yo no estuviese allí. Me giré y me quedé mirándole la espalda. Menuda cría. Odio que me ignoren. Quiero atención, y más después de todo lo que pasó. No soporto a las niñatas como ella.
Llegué a la panadería, compré el pan y volví a coger el camino a casa rabiado. ¡Qué maleducada! ¡¿Por qué no me saluda?! ¿Tanto asco le doy?
Me la encontré sentada en un banco, jugando con su móvil y sonriéndole de vez en cuando a la pantalla. Me senté a su lado para que se diese cuenta de que yo estaba allí. Me miró de arriba abajo y echó una cara de asco. Volvió a su móvil.
              -          ¿Qué haces aquí? – dijo seca
              -          Hola, eh
              -          Hola
              -          ¿Por qué no me has saludado antes?
              -          ¿Debería?
              -          Hombre, pues si tienes educación, sí.
Se giró a verme e hizo una mueca en la cara, como si creyese saberlo todo sobre mí.
              -          ¿Tú vuelves a hablar con las chicas después de conseguir lo que quieres?
Mierda. ¿Cómo lo sabe? ¿Me lee la mente o a hablado con Adam? Esta chica me da miedo. Me dediqué a no contestarle. Sonrió.
              -          Lo que yo creía. No me acuses por mis actos si tú haces lo mismo.
              -          ¿Quién eres? ¿De qué me conoces?
Soltó una amplia carcajada. Me encantaba verla reír y provocó que yo también sonriese.
              -          Dudo que eso sea lo importante ahora – dijo sonriendo de nuevo
              -          Me lo pasé muy bien ayer, ______.
Su sonrisa se esfumó de nuevo. Algo de lo que había dicho, no le gustaba.
              -          No se va a volver a repetir, Harry.
              -          ¿Por qué no? Es sexo.
              -          ¿Seguro?
Se humedeció los labios, provocando que mi mirada se desviase a ellos. Poco a poco fui acercándome a ella. Notando como nuestros cuerpos se iban acercando. Buscaba sus labios, sus besos. Se apartó de mí, echándome para atrás.
              -          Te estás ganando una hostia. – dijo convencida
              -          ¿Qué tienen los besos que nunca los das?
              -          ¿Los besos? – me dijo y asentí con la cabeza - Los besos son el comienzo de todo. – Suspiró buscando las palabras correctas. – Gracias a los besos…. Bueno, se podría decir que con ellos puedes enamorarte de alguien sin necesidad de tener sexo. En cambio, si tienes sexo con alguien sin besos, no puedes enamorarte.
Me paré a pensarlo. Tiene razón. Nunca podré enamorarme de alguien con el cual no sé si saltan chispas cuando nos besamos. Pero estoy seguro que no hace falta besarse para  enamorarse. Yo lo hago continuamente y no me pasa nada.
              -          Creo que tomas demasiadas precauciones. No disfrutas igual, _______.
              -          Ya me han hecho mucho daño. No voy a dejar que me lo hagan otra vez.
La cogí de las manos y la miré a los ojos. Perdiéndome en sus ojos marrones.
              -          Yo nunca te haría daño.
¿Qué? ¿Enserio he dicho eso? ¡Yo no soy de esos tipos ñoñas! Yo no soy el que va detrás de las chicas, ¡ellas vienen a mí! Y cuando ya he conseguido lo que quería, desaparezco. ¿Por qué le he dicho semejante estupidez?
Me miró raro. Algo extrañada por mi reacción. Se separó de mí y echó una carcajada. Empezó a reír descontroladamente, y yo, sin poder evitarlo, me enganché a su risa.
              -          No te crees ni tú lo que acabas de decir, Styles.
No contesté. Quizás no es que no me creyese las palabras, si no que no me creía que yo hubiera sido capaz de decirlo.
Llegué a casa y dejé la barra encima de la mesa. Adam se me quedó mirando a los ojos muy serio, como si buscase algo en ellos. Se acercó un poco más a mí. Pestañeó dos veces y negó con la cabeza.
              -          Has hablado con ella. – afirmó
              -          ¿Y tú que sabes?
              -          Me miras diferente y hueles a ella.
Le miré mal. Parece que me controlasen. Y no soporto que lo hagan. Vale, quizás tenía una sonrisa en la cara, más de lo normal. Pero no entendía el porqué de estar así. No soportaba a esa chica, pero a la vez me tenía intrigado y quería saber más de ella. Un rato me puede sacar de mis casillas, y al otro hacerme sacar tonterías de la boca. Esto no acabará bien, pero quiero saber qué pasará hasta entonces.
              -          No me controles, Adam.
              -          Solo te aviso. Acabará por volverte loco.
Suspiré y le miré a los ojos. No entendía a qué venía todo esto.
              -          ¿Qué tiene? – pregunté
              -          No lo sé. Y tampoco lo quiero saber, pero veo que a ti sí
              -          A mí me dan igual todas
              -          Ya – ironizó – Seguro
Acabé por resoplarle y alejarme de allí. Hasta la cocina y escuché como susurraba.
              -          Acabarás volviéndote loco, Harry…

La noche ya había llegado. Miré el reloj, las diez y media. Sería un buen momento para salir a la calle. Echaba de menos mi casa. Tener que empujar a mis amigos para que se lanzasen o tener que buscar a una chica a la cuál tirar a la piscina. Digan lo que digan, les pone que hagamos eso. Y a nosotros también nos poner hacerlo. Es como demostrar tu hombría, demostrar que tú eres el hombre. Por eso, si quieres tener el respeto de un hombre, nunca debes arrebatarle su hombría.
Me puse la cazadora y saqué las llaves de casa. Me despedí de Adam con una colleja y desaparecí por la calle. Me metí por varias calles oscuras, hasta ver como un montón de bares tenían sus puertas abiertas. La noche está aquí, pensé. No había fiesta, pero era lo máximo que podía alcanzar si iba a pié.
Pasé por delante de varios. Las luces de neón me alelaban la vista. Te incitan a entrar sin ganas. Seguí caminando hasta el final de la calle, pero entonces, me la encontré sentada en la terraza de un local. Estaba escribiendo algo a toda velocidad. Tenía una simple botella de agua sobre la mesa. Se la veía enfadada. Yo la miraba desde lejos; ver sin poder ser visto. Entré en el local y me senté en la mesa de enfrente. No se había dado cuenta de que había llegado; habría que gritárselo. Llamé al camarero y vino hacia mí.
              -          ¿Qué pedirá el caballero?
-          A mí póngame una cocacola, pero ¿a esta chica podría ponerle de mi parte una piña colada? – dije señalándola
              -          Claro, señor. Ahora mismo.
Sonrió y se alejó de mí. Me quedé impaciente hasta que trajo mi cocacola y se fue a su mesa. Parece que el tiempo iba el doble de despacio que antes. Como si se tratase de un acontecimiento. El camarero se acercó a ella. Le dejó la piña colada sobre la mesa y sonrió. Ella se puso más histérica de lo que ya estaba. Entonces el hombre me señalo a mí y desapareció. Y sin embargo, yo que tenía la esperanza de que me sonriera, me saludase o un simple gesto con el que me diera las gracias; ella no lo hizo. Se quedó mirándome con cara de asco. Cogió el vaso, se lo quedó mirando, me miró a mí, desafiándome. Recogió la hoja y el papel, se alzó de la silla y tiró el vaso contra el suelo. Haciendo que se rompiera en mil pedazos. Mis ojos se agrandaron y la miré mal. Recogió su bolso y se fue del local haciendo sonar fuerte sus tacones negros. Maldita cría. Es insufrible. ¿Cómo se puede ser tan mal educada? ¿Nunca le han enseñado modales? Estoy harto. Me tiene harto. Estoy cansado de niñatas que no saben lo que quieren. Harto de tanta tontería. Con teorías del enamoramiento, como si pretendiese que eso fuera real. El amor no existe, solo te hace ver tus límites. Y esta chica, me está sacando de mis casillas, pero os puedo asegurar que no es amor, si no todo lo contrario. 

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