El sonido de la ambulancia se había
quedado dentro de mis pensamientos. Retumbaba por todas las paredes de mi
cabeza. Nunca me había gustado ese sonido, indicaba que algo no iba bien. No me
gustaría que mi historia acabase con algo como eso. Ni la historia de nadie que
quiero. La gente le tiene miedo a la oscuridad, al silencio, a los monstruos o
a la sangre, sin embargo yo, le tengo miedo a las perdidas.
Una multitud corría hacia la playa, todo
había sucedió allí. Mi primo, Adam, tiraba de mí para ver que estaba pasando.
Un pelotón de cabezas invadía la escena y era casi imposible ver lo que estaba
pasando. Todos parecíamos haber salido de un patio de colegio, cómos si la
adolescencia y el anuncio de una pelea apareciese.
Adam se acercó a un hombre, con los
típicos sombreros de paja; un hombre de estos que siempre se enteran de todo. Le
tocó en la espalda y él se dio la vuelta.
- ¿Qué ha
pasado?
- Una niña se
ha ahogado en el agua
- ¿Y está
bien? – añadí yo
- Le acaban
de hacer el boca a boca, pero ya la traen para la ambulancia
Una camilla se acercaba a nosotros por
el camino de madera, haciendo sonar las ruedas de esa camilla por todo el
suelo. Era una niña pequeña, de unos diez años como mucho. Rubia y bañador rojo
con flores verdes. Iba acompañada de una mujer morena, su madre, supongo. Ella
estaba con los ojos hinchados y el pelo revuelto. Pobre mujer. En mi cabeza le
pongo ese papel a mi madre, Anne, susurrando al lado de Gemma que volviera a
respirar. Se me pone la piel de gallina. Haría cualquier cosa por esas dos
mujeres, las que me han hecho sonreír toda mi vida.
Se acabaron de acercar a la ambulancia y
metieron a la niña dentro. Todo se hacía con mucha tranquilidad, así que di a
entender que no era para tanto todo ese alboroto.
Mucha gente desapareció del lugar y pude
ver una silueta envuelta en un biquini negro. Estaba cerca de la ambulancia,
sola, mirando la situación. Daba a ver sus largas piernas con un moreno dorado
que las hacía más atrayentes. Las curvas de su cintura te llevaban a ver un
precioso tatuaje encima de su cadera. Y unos preciosos pechos que se sujetaban
gracias a ese estorbante bañador. Tenía los brazos cruzados. No me miraba, ni
siquiera me había visto. Eso ponía puntos a mi favor. Estaba de pie,
esperándome sin saberlo.
Me acerqué a ella. Tenía que conocerla,
tenía que saber cómo se llamaba. Tenía que caer en mis brazos.
- Hola
preciosa, ¿Cómo te llamas?
Se giró a verme. Dio un leve paso hacia
atrás al encontrarse con mis ojos. Sí, no puede negármelo. Me miró de arriba
abajo y volvió a posar su mirada en mis ojos. Puso una cara de repugnancia y
desvió su mirada.
- ¿Te pasa
algo? – dije dulcemente - ¿No quieres decirme tu nombre?
Se giró hacia mí con una mirada fría en
sus ojos color café.
- Es que no
me gusta que vengan a ligar conmigo cuando mi prima acaba de ahogarse en el
agua, ¿Sabes? – contestó
Mierda. No era la respuesta que
esperaba. Bajé mi mirada, mientras notaba un pequeño dolor en el pecho.
- Perdón
Me alejé de ella y volví con Adam.
Estaba esperándome con una cerveza en la mano. Siempre bebiendo.
- ¿No son ni
las once de la mañana y ya estás bebiendo?
- ¿No son ni
las once de la mañana y ya estás ligando?
Solté una carcajada. Agarré la cerveza,
me apoyé en una farola y le eché un trago. Me quedé mirando a aquella chica.
Joder, que buena está. Lo que daría por pasar un rato con ella en mi
habitación.
Adam se acercó a mí y me la quitó de las
manos.
- Esa es la señorita
Scott Lee – dijo sin dejar de mirarla – No te la recomiendo
- ¿Cómo se
llama?
- ______ Scott
Lee
- ¿Y qué
tiene de malo?
Soltó una leve risa y volvió a alzar la
vista.
- Que es un
poco puta. Bueno, bastante.
Qué extraño. No parece para nada ese
tipo de chicas. Parece de esas estrechas. De las que intentan matarte con la
mirada desafiante. Cómo si se creyesen que pueden escaparse de mis encantos. Me
gusta que me lo pongan algo difícil, pero si está en bandeja, mejor.
- Me la follé
el verano pasado – añadió
- Por lo que
veo eres todo un caballero – ironicé
- ¡Venga ya!
¡No me jodas que tú no lo harías!
- Lo haré,
para ser exactos.
- Menudo
egocéntrico estás hecho
Soltamos una pequeña carcajada y
desaparecimos de allí.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada