dimecres, 28 de novembre del 2012

Capítulo 1


El sonido de la ambulancia se había quedado dentro de mis pensamientos. Retumbaba por todas las paredes de mi cabeza. Nunca me había gustado ese sonido, indicaba que algo no iba bien. No me gustaría que mi historia acabase con algo como eso. Ni la historia de nadie que quiero. La gente le tiene miedo a la oscuridad, al silencio, a los monstruos o a la sangre, sin embargo yo, le tengo miedo a las perdidas.
Una multitud corría hacia la playa, todo había sucedió allí. Mi primo, Adam, tiraba de mí para ver que estaba pasando. Un pelotón de cabezas invadía la escena y era casi imposible ver lo que estaba pasando. Todos parecíamos haber salido de un patio de colegio, cómos si la adolescencia y el anuncio de una pelea apareciese.
Adam se acercó a un hombre, con los típicos sombreros de paja; un hombre de estos que siempre se enteran de todo. Le tocó en la espalda y él se dio la vuelta.
-          ¿Qué ha pasado?
-          Una niña se ha ahogado en el agua
-          ¿Y está bien? – añadí yo
-          Le acaban de hacer el boca a boca, pero ya la traen para la ambulancia
Una camilla se acercaba a nosotros por el camino de madera, haciendo sonar las ruedas de esa camilla por todo el suelo. Era una niña pequeña, de unos diez años como mucho. Rubia y bañador rojo con flores verdes. Iba acompañada de una mujer morena, su madre, supongo. Ella estaba con los ojos hinchados y el pelo revuelto. Pobre mujer. En mi cabeza le pongo ese papel a mi madre, Anne, susurrando al lado de Gemma que volviera a respirar. Se me pone la piel de gallina. Haría cualquier cosa por esas dos mujeres, las que me han hecho sonreír toda mi vida.
Se acabaron de acercar a la ambulancia y metieron a la niña dentro. Todo se hacía con mucha tranquilidad, así que di a entender que no era para tanto todo ese alboroto.
Mucha gente desapareció del lugar y pude ver una silueta envuelta en un biquini negro. Estaba cerca de la ambulancia, sola, mirando la situación. Daba a ver sus largas piernas con un moreno dorado que las hacía más atrayentes. Las curvas de su cintura te llevaban a ver un precioso tatuaje encima de su cadera. Y unos preciosos pechos que se sujetaban gracias a ese estorbante bañador. Tenía los brazos cruzados. No me miraba, ni siquiera me había visto. Eso ponía puntos a mi favor. Estaba de pie, esperándome sin saberlo.
Me acerqué a ella. Tenía que conocerla, tenía que saber cómo se llamaba. Tenía que caer en mis brazos.
-          Hola preciosa, ¿Cómo te llamas?
Se giró a verme. Dio un leve paso hacia atrás al encontrarse con mis ojos. Sí, no puede negármelo. Me miró de arriba abajo y volvió a posar su mirada en mis ojos. Puso una cara de repugnancia y desvió su mirada.
-          ¿Te pasa algo? – dije dulcemente - ¿No quieres decirme tu nombre?
Se giró hacia mí con una mirada fría en sus ojos color café.
-          Es que no me gusta que vengan a ligar conmigo cuando mi prima acaba de ahogarse en el agua, ¿Sabes? – contestó
Mierda. No era la respuesta que esperaba. Bajé mi mirada, mientras notaba un pequeño dolor en el pecho.
-          Perdón
Me alejé de ella y volví con Adam. Estaba esperándome con una cerveza en la mano. Siempre bebiendo.
-          ¿No son ni las once de la mañana y ya estás bebiendo?
-          ¿No son ni las once de la mañana y ya estás ligando?
Solté una carcajada. Agarré la cerveza, me apoyé en una farola y le eché un trago. Me quedé mirando a aquella chica. Joder, que buena está. Lo que daría por pasar un rato con ella en mi habitación.
Adam se acercó a mí y me la quitó de las manos.
-          Esa es la señorita Scott Lee – dijo sin dejar de mirarla – No te la recomiendo
-          ¿Cómo se llama?
-          ______ Scott Lee
-          ¿Y qué tiene de malo?
Soltó una leve risa y volvió a alzar la vista.
-          Que es un poco puta. Bueno, bastante.
Qué extraño. No parece para nada ese tipo de chicas. Parece de esas estrechas. De las que intentan matarte con la mirada desafiante. Cómo si se creyesen que pueden escaparse de mis encantos. Me gusta que me lo pongan algo difícil, pero si está en bandeja, mejor.
-          Me la follé el verano pasado – añadió
-          Por lo que veo eres todo un caballero – ironicé
-          ¡Venga ya! ¡No me jodas que tú no lo harías!
-          Lo haré, para ser exactos.
-          Menudo egocéntrico estás hecho
Soltamos una pequeña carcajada y desaparecimos de allí.

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