Me reincorporé y me senté en
la toalla. Esto no iba a quedar así. Iba a lamentarse por todo. Iba a sentir
celos. Celos cuando se supone que no hay amor.
Para mi suerte pasó una chica por
nuestro lado, bastante guapa y con cuerpazo. Pelo rubio y bañador rosa.
- Hola
preciosa – le dije y saqué una de mis mejores sonrisas. La chica me miró y
también sonrió.
______ se me quedó mirando extrañada y
luego posé mi mirada en ella. Hice un gesto de confusión.
- ¿Qué pasa?
- Sé lo que
haces, Styles. Y lo siento pero no.
- ¿No qué?
Río entre dientes y se quedó alzando una
ceja.
- ¿Sabes que
a las tías no nos gusta que nos griten cosas como si fuésemos unos objetos de
exposición?
- ¿Qué te
apuestas a que si ahora voy allí y le pido su número, me lo da?
- Claro que
te lo va a dar – dijo segura – Pero porque estás bueno, no por lo que le has
dicho antes.
Me salió una sonrisa de oreja a oreja.
Ella se percató de lo que dijo y empezó a menear la cabeza de un lado para
otro.
- Es decir…
Qué te parece que estoy bueno – me llevé la mano a mi mentón, haciéndome el
interesante
- ¡No! – Ironizó
– Si te parece follé contigo porque me pareciste un chico muy sensible e
intelectual
- Eres una
cerda
- Pero te
pone – me guiñó un ojo
Como odiaba que hiciese eso. Como odiaba
tener que darle la razón.
Sonreí como tonto y ella hizo lo mismo. Empezó a deslizar
sus manos hacia su pelo y amarrarlo todo junto con una única goma negra. Un
moño desecho, de esos que si se los hiciese otra persona no sería lo mismo o
pensaría que es una poligonera, pero en ella no. A ella le queda perfecto.
-
Quiero apostar contigo – dijo
-
¿Qué quieres apostar?
-
No sé, cualquier cosa
-
Veamos – me hice el pensativo, aunque tenía muy
claro lo que quería apostar – A ver quién liga más durante lo que queda de día
-
¡Sabía que ibas a decir eso! – rió – Venga,
vale.
-
Si gano yo, te beso
-
¿Y si gano yo?
-
Me besas.
-
¡Tonto! No. Si gano yo te olvidas completamente
de mí.
-
¿Enserio quieres que me olvide de ti? – pregunté
serio
Resopló, miró al cielo
y volvió a colocar su mirada en mí.
-
¿Aceptas o no?
-
Acepto – sonreí
-
Parece que te gusta perder, rulitos.
-
Eso ya lo veremos. ¿Cómo sé que es verdad la
cantidad que me digas?
-
Porque yo no miento.
-
Ya… - ironicé
-
Pero a ti te mentiría.
-
¿Y eso?
-
Me encanta ver tu cara de duda. Saber si
realmente estoy diciendo la verdad o no.
-
Mentira, yo no hago eso.
Reímos y se puso en pie. Cogió su bolso y sacó su móvil.
-
Con las tías que ligues, que te den su número y
yo haré lo mismo.
-
Me parece bien. A las nueve aquí.
-
¡No llegues tarde!
-
¡Qué no!
Se acabó de poner las zapatillas y se fue. Parce que la apuesta
había empezado y no tenía ni idea de con quién se estaba metiendo. Yo soy Harry
Styles, el ligón. Ningún cuerpo con brazos y piernas de mujer podría
resistirse.
Me acerqué chica tras chica. Grupo tras grupo. Entre
biquinis o triquinis. Altas o bajas, feas o guapas. Quería ganar esta apuesta.
Debía ganarla. Era de las pocas cosas que había deseado con tanta fuerza. Algo
tan simple como una apuesta se había apoderado de mi mente. De todos los demás
problemas. Ahora solo había un duelo; ella o yo. Ganar o perder. Y no iba a
permitir que fuese la segunda opción. Por un momento agradecí que me hubiera
puesto crema en la espalda después de toda la tarde bajo el sol. Todo ese
tiempo sin ella me dio para pensar. La verdad es que no sabía la razón por la cual
hacía todo esto. Quería besarla, solo
eso, ¿no? Aún tengo esa duda. ¿Existirá eso de la musa? ¿El amor? ¿Las
mariposas ficticias? ¿O el maldito Cupido? Pocas veces había parado a pensar si
había respuesta a ello. Nunca me había importado. Simples estupideces de los
infelices, pensé. Y sin embargo, ahora todo mi tiempo se centraba en ella. En
invadir toda mi mente con su jodida sonrisa. Con esa irritante risa que me
vuelve loco. Estoy perdido por sus lóbulos y su ombligo. Busco arrugas en sus
ojos cafés. Me pasaría la vida mirando todas las rayas que hacen sus labios o
la cara que pone al intentar tocarse la nariz con la lengua. Podría vivir a
base de sus cambios de humor repentinos y de la forma de pasar de mí cuando le
apetece. Existiría simplemente con el hecho de saber que está ahí, por muy
lejos que sea. Podría bajar al mismísimo infierno y meter al diablo en una de
sus peores pesadillas; si ella me lo pidiese. Y sin embargo, por mucho que me
lo niegue a mi mismo, día tras día; sé que es verdad.
Miré mi reloj. Suficiente. Comencé a caminar hacia la playa.
Después de estar todo el día dando vueltas buscando chicas, había conseguido un
total de setenta y tres teléfonos. Había sido legal y no me había inventado
ninguno; espero que ella tampoco. Seguí caminando hasta ver a una chica tumbada
en la arena. Miraba al cielo y tenía sus manos apoyadas en su barriga. Era
ella, _____. Sonreí al verla y acabé finalmente sentándome a su lado.
-
Hola – dije – Faltan cinco minutos para las diez
-
Ya, es que estaba cansada de andar
-
Es el precio que hay que pagar por ligar tanto
-
Ya, ya – reímos. Se sentó en frente de mí -
¿Cuántos tienes?
-
¿Cuántos tienes tú?
-
¡Dilo tú primero!
-
¿Por qué? ¿No te fías? Los tengo apuntados
todos, si quieres los cuentas
-
Va, los dos a la vez.
-
¿Enserio?
-
O los dices tú primero
-
Va los dos. A la de tres, ¿eh?
-
Sí
Sonreí y ella me siguió el rollo. Estaba preciosa por la
noche. Se la veía cansada, de haber estado todo el día caminando, pero era
adorable. OH. Como odiaba que al verla me volviese tan cursi. Es insoportable.
-
Una, dos, tres – dijimos a la vez – sesenta y
tres
Nos quedamos en silencio durante medio segundo intentando
asimilar que habíamos dicho lo mismo. No puede ser verdad. _______ se alzó del
suelo, hice lo mismo y empecé a caminar, ella me siguió.
-
Eres imposible – dije con rabia – No te soporto
-
¿¡Qué!? ¿Tú no me soportas a mí? ¡Si eres tú el
que está todo el día encima de mí buscándome!
-
¡Eres tú la que se ha apoderado de mi cabeza!
¡Con tus hazañas de no querer darme lo que quiero, joder! ¡No puedo contigo!
-
¡¿Y yo sí?! ¡Estoy hasta las narices de que me
busques continuamente, Harry! ¡Sé lo que haces! ¡Intentas tratarme como una
princesa y después te irás! ¡Y no me da la gana! ¡Ya follaste conmigo, ¿qué más
quieres?!
-
¡Quiero besarte! ¡Besarte con todas mis fuerzas!
¡Demostrarme a mí y a ti que no te enamoras con los besos!
-
¿Sabes en qué no nos parecemos? ¡En que eres un
maldito pesado!
-
¡Y tú una jodida arrogante!
Se paró delante de mí, con la mirada llena de rabia. Ambos
teníamos mucha tensión dentro; o nos dábamos de hostias o…
-
¡Nadie te pidió que quisieras algo conmigo,
Styles!
Me armé de valor y me acerqué a ella antes de que pudiese
apartarse. La agarré con ambas manos, y me lancé a sus labios. Presioné los
suyos con los míos, haciendo que todo mi cuerpo entrase en calor. Intentó
separarse, pero la detuve. Poco a poco empezó a dejarse llevar. Abrió poco a
poco su boca y la mía también lo hizo. Fuimos dando pequeños movimientos. La
besaba con presión. Necesitaba desfogarme. Acabar con su maldita boca. Noté
como una sonrisa salía de su boca. Llevó sus brazos a mi nuca y yo los míos a
su trasero. La apoyé contra una pared y apoyé mi cabeza contra la suya.
Necesitaba más. Mucho más de ella. La necesitaba mía. Hice una pequeña fuerza
para que subiera a mis caderas. Se alzó a mí, sin dejar de besarme, colocando
sus piernas alrededor de mí. Acabé de pegarla contra mi cuerpo desde su
cintura. Sus besos iban haciendo un contraste de sentimientos, algo nunca
experimentado. Empecé a caminar con ella encima, hasta dejarla arrinconada
sobre otra pared. Mordí su labio inferior, notando como su piel se erizaba. Me
encantaba. Su lengua jugaba con la mía haciendo un leve zigzag. Pero antes de
haberme dado por satisfecho, se separó de mí.
-
Bájame.
-
¡¿Qué?! ¿Estás loca?
-
Que me bajes.
-
Tú no me vas a dejar con las ganas.
Volví a pegarla a mí y corrí hacia sus labios. Notaba su
respiración entre cortada. Nuestros labios se abrían y cerraban cada vez más
lento y con más fuerza. Le besé el cuello y seguidamente subí a su oreja. Necesitaba
más. No podía parar. No quería separarme de ella nunca. La quería mía.
-
Harry… - dijo agitada
-
No, por favor. Ahora no me cortes. Déjame
hacerlo y te juro que haré lo que quieras. Por favor, _____.
-
¿Dónde? – volví a lanzarme a sus labios
-
En la playa – dije sin dejar de besarla
Empecé a andar y en menos de medio minuto ya había llegado a
la orilla. La coloqué suavemente en la arena y me puse sobre ella. Besé su
cuello, mientras ella me mordía la oreja. ¡Por favor! ¡No podía esperar más!
Volví a besarla y ella me pegaba su cuerpo desde mi cuello. Sin poder darme
cuenta, se colocó encima de mí y me desabrochó el cinturón. Seguidamente empezó
a darme pequeños besos por todo mi pecho y yo daba pequeñas caricias por su
espalda. Le quité su camiseta y ella a mí mis pantalones. Y por poco le arranco
yo sus pequeños shorts de una mirada. Volví a colocarme yo encima, volví a
abalanzarme sobre su boca. Como me gustaba besarla, no había nada mejor. Me
fijaba en cada pestañeo, cada peca, cada caricia y todo lo que provocaba en mí.
Llevé mis manos entre su pelo y volví a besarla. Poco a poco nuestros cuerpos
fueron entrando en calor y sin poder evitarlo me introducí en ella. Noté como
todo su cuerpo se tensaba de golpe y me cogía la mano. La apretaba fuerte,
dejando toda su tensión. Fui bajando hasta su cintura para acariciarla y a
continuación besé su lóbulo derecho. Su cabeza se estremeció hacia atrás y
apretó mi mano de nuevo. Luego ella puso su mano sobrante en mi pelo y lo
agarró con fuerza. Notaba como su respiración se iba entre cortando cada
segundo. Mojé mis labios y volví a pegarlos a los suyos. Me mordió y se posó en
mi cuello, dando pequeños besos. Al notarla bajo mí, puse mi mano bajo su
hombro y la pegué a mí. Volví a besarla, con un conjunto de zigzag y un cúmulo
de hormonas recorriendo todo mi cuerpo. Esta noche iba a ser mía. Toda mía.
Nada podría impedírmelo. Y antes de acabar coloqué mi boca sobre su oreja,
dejando que mi respiración cayese sobre ella. _____ posó ambas manos sobre mi
espalda. Todo mi cuerpo se tensó y al segundo después dejé que se desprendiese
una parte de mí. Me quedé encima de ella, sin separarme, notando como sus manos
estaban apretando mi espalda. Y poco a poco ella también iba relajándose. Abrió
los ojos y sacó una preciosa sonrisa. La besé y me separé de ella. Nos quedamos
ambos mirando hacia el cielo, observando todas aquellas espectaculares
estrellas, que en la ciudad sería imposible de ver.
Esta vez ella no se levantó, si no que se pegó a mí y colocó
su oreja en mi pecho. Acaricié su pelo y sonreí. Nada podría hacerme más feliz.
Y fue ahí, cuando me di cuenta que ya nada podría quitarme las ganas de ella.
Tenía ganas de que todas sus sonrisas fuesen provocadas por mí. Tenía ganas de
que rompiese todas esas fotos de aquella caja de zapatos y que enmarcase todas
las nuestras. Quería hacerla feliz, tan feliz como si la felicidad se inyectase
en vena, hasta que los ojos se quedasen en cuencas, muertos de éxtasis.
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