Encendí la luz de mi cuartel. Intenté por todos mis medios
no mirar a ningún espejo. Los demás chicos estaban como yo, pero era obvio que
no les importaba lo que a mí. Miré el reloj de la pared. La pared ya mugrienta
con grietas y más de una humedad. El reloj con el minutero roto, marcando
siempre las doce y treinta dos. No sabía la hora que era, así que opté por
esperar a que me hicieran alguna orden que me lo explicara. Desde que había
llegado aquí, aún no había tenido la oportunidad de entablar una conversación
con alguien. Nadie de aquí me conocía. Podía ser quién yo quisiera ser. Y por
eso mismo opté por volver el chico duro con el que nadie quiere meterse en
peleas.
-
Soldado, es la hora de su almuerzo, ¿qué está
esperando a ir? – me ordenó
-
Disculpe, sargento
Se me quedó mirando, con ganas de decirme algo. No avancé.
Llevé la mirada al frente, esperando algo más.
-
No es que le favorezca mucho el corte de pelo. –
me dijo – Pero todo su cabello son células muertas, y todo lo muerto, aquí, se
destruye. Recuérdelo.
-
Claro, sargento.
Empecé a caminar. Dejé de ponerme firme y fui hacia el
comedor. Había una inmensa cola que esperaba en la rampa. Me acerqué y me puse
detrás de un tal Louis. Veía su nombre en la parte trasera de su chaqueta.
Todos tenían el suyo. Me quedé en silencio. Avanzamos y cogí mi bandeja. Me
pusieron comida con complejo de cemento. Cogí la cuchara que más limpia parecía
y me senté en una mesa vacía. No necesitaba ningún amigo. La soledad me haría
fuerte. Pero para no mi tan buena suerte, Louis se sentó a mi lado, junto a un
tal Zayn. Nos miramos de reojo y cada uno empezó a comer. Silencio hasta que
Louis se rió en voz baja.
-
¿De qué te ríes? – le desafié
Me miró sorprendido. Cómo si no tuviera dificultades en
buscar problemas.
-
De tu pelo seguro que no, porque no tienes. – me
guiñó un ojo
-
Yo no necesito pelo para pegarme con nadie. –
volví a mi posición
-
Anda, pues ya tenemos algo en común.
Zayn nos miraba en silencio. Me importaba un comino lo que
pensaran ambos de mí. Simplemente quería acabar con todo esto cuanto antes. Quería
acabar con el campo de reclutamiento. Si hacía falta dormiría tres horas
diarias para acabar antes la carrera.
Un temblor empezó a llegar a mis pies. El agua del vaso
empezó a moverse.
-
¿Lo notáis? – preguntó Zayn
-
Sí, ¿qué será?
-
La guerra. - afirmó Louis
Le miramos mal. Supongo que a ninguno nos agradaba la idea
de tener que entrar en esa matanza. Zayn y yo nos miramos y volvimos la mirada
al vaso. El temblor se acabó y el murmullo de gente volvió.
-
Parece que sepas mucho de la guerra- le dije a
Louis - ¿Qué sabes?
-
¿Por qué se supone que debería contártelo?
-
Quizás sea yo el que te salve la vida cuando la
guerra estalle.
-
La guerra ya ha estallado. Lo que acabas de ver
son tropas acercándose contra nosotros.
Estoy completamente seguro que ha sido Portugal. Una bomba o un estallido para
asustarnos. Nuestro juego va contra Portugal. – Me miró de arriba abajo – He
oído que te han traído desde España. ¿Te has planteado el por qué de que
tuvieran tanto interés en que llegaras aquí?
-
Pensé que había falta de soldados.
-
No hay de eso aquí. Ya puedes ver cómo está de
lleno el comedor. Y hay otras veinte tropas repartidas por el país. Todos
nosotros somos los que lucharemos por los errores que cometieron los de arriba.
Me quedé pensando en ello. Supongo que tenía razón. Pero
igualmente, no podíamos hacer nada por evitarlo. O eso nos hacían creer.
Acabamos de comer y fuimos hacia la enfermería. Miré el
cielo. Cuatro nubes para hacer bonito. Ni rastro de lo que hablaba Louis. Entré
en la sala de espera de la enfermería. Tenían que inyectarme un nuevo fármaco
contra las bombas nucleares. O eso decían. Pero la verdad es que no me lo
tragaba.
Me llamaron para que pasase dentro. Entré y no había ni un
alma. Miré las paredes; blancas, como si quisieran darle algo de luz a este
montón de oscuridad. Me reprimí y me senté en la camilla. Y entonces apareció
una chica de pelo ondulado y oscuro. Piel morena y ojos miel que me travesaron.
Me tomó un segundo para recomponerme. Y mantuve mi mirada.
-
Buenos días, tú eres… ¿Harry Styles? – me dijo
mirando a la lista que sujetaba con la mano izquierda y poniéndose unos guantes
de látex
-
Sí. ¿Cómo se llama usted?
-
¡Hombre! – se abrumó – Hacía tiempo que nadie me
llamaba de usted. Parece que en este lugar al ser mujer ya dejan de valorarte.
– sonrió - Así que sólo te diré mi apellido – me quedé esperando una
respuesta y se rió – García.
-
¿Es española?
-
Mis abuelos lo eran, pero yo nunca he ido a
España. – desvió la mirada – Pero he oído que usted sí.
-
Llegué ayer.
Se alejó de mí y cogió un tubo con líquido azul. Le colocó
una aguja nueva y lo golpeó un par de veces con sus uñas rojas. Me miró y
sonrió.
-
Supongo que no le tienes miedo a las agujas.
- me dijo a modo de pregunta
-
Aquí las agujas son lo que menos me preocupan.
Me remangué la manga y destensé mi brazo derecho. Ella vio
mis tantos tatuajes y me miró extrañada.
-
¿Tienen algún significado?
-
Algo que algún día me pasó y no quiero olvidar.
-
Ah. – cambió de tema – Relájate y toma aire.
Lo hice y noté como la aguja penetraba mi piel. No me dolía,
hasta que noté cómo el líquido entraba en mi cuerpo. Empezó a arderme el brazo.
La miré con los ojos ensangrentados y sacó la aguja ya vacía, pero el picor
seguía.
-
Es normal que te pique, Styles.
-
¿Y qué se supone que hace esta vacuna?
-
En principio desprende bacterias a las que
tendrías que enfrentarte si hubiera- la corté
-
Ya sé lo que es una vacuna. Me refiero a qué es esta
mierda que me habéis metido y qué efectos secundarios puede tener.
-
La verdad… - se quedó en silencio – Es que yo
tampoco lo sé.
Alcé las cejas y miré al suelo. Me colocó una tirita en el
brazo y se quedó mirándome.
-
¿Seguro que tú y yo nunca nos hemos conocido? –
me preguntó
-
No creo,
no me suena su cara.
-
A mí tampoco, pero hay algo en tu mirada que sí.
– revoleteó su cabeza –En fin, ya estás.
Me levanté de la camilla y me acerqué hacia la puerta, pero
antes de abrirla y desaparecer, me di la vuelta.
-
¿Qué ha sido el temblor de este mediodía?
Se quedó en silencio. Me miró con la mirada caída y se
encogió de hombros. Supongo que no lo sabía, o eso me quería hacer creer.
Volví hacia la puerta hasta que me paró.
-
Styles, vigila con todo lo que pueda pasar ahí
afuera. No sé lo que pasará, pero te aseguro que nada bueno.
-
Tendré el máximo cuidado, no te preocupes. –
sonreí
Salí finalmente de la enfermería. Me seguía picando el brazo
y me notaba algo mareado, pero no pensaba darle más importancia de la que
tenía. Recordé a esa chica; no sé por qué, pero me parecía de confianza. Quizás
sí que era verdad que nos habíamos conocido antes. Quién sabe. Me gustaban sus
manos, con esas uñas bien pintadas y largas, nada que ver con las de ______.
Supongo que la forma de mover los labios al hablar sí me resultaba familiar. Y
que cuando sonreía se tocaba el colmillo izquierdo. Mierda, Harry, para. Céntrate
en salir de aquí cuanto antes.
El cielo estaba limpio, sin una nube. De esos días que solo
aparecen cuando tienes que quedarte en casa estudiando. Y ahora tampoco es que
fuese muy diferente. Iba a revolverme el pelo pero me quedé con las ganas y me
quedé con todas las ideas en la cabeza. Escupí al suelo y levanté la mirada.
Entonces el pulso se me desestabilizó. Las manos me temblaban y mantenía la
mandíbula apretada para que no se fuera volando. Estaba allí, delante de mí.
_______ estaba a diez metros de mí. Me quedé sin saliva y caminé hasta ella.
Tenía el pie izquierdo apoyado en la pared. Solo veía la parte izquierda de su
cara. Con los labios presionados, como siempre que tenía que concentrarse. Con
su pelo castaño cayéndole por encima de los hombros, igual que el día que la
conocí. Llevaba aquel bikini negro que le quedaba como un guante, pero estaría
mucho más preciosa con la ropa en el suelo. Cuando la tuve a dos metros se
metió detrás del cuartel. Caminé con el corazón en la boca, y al cruzar la
esquina, desapareció.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada