dijous, 7 de març del 2013

Capítulo 16


POV’s ________ (Tu punto de vista)

Me desperté sollozando. Tenía la respiración descontrolada y los ojos aún mojados. Otra vez había vuelto a soñar con él. Miré a la mesita de noche y todavía seguía ahí el amuleto que me regaló. Suspiré y me caí sobre la cama. Él me faltaba a mi lado. Ahora sería el momento de hacernos los pastelosos. Escuchar como dice mi nombre y me rodea con su brazo. Pero no me permiten tener tanta suerte.
Me lamento por esos cinco minutos donde la cama está fría. Trago saliva y espero que estés bien. Vuelve a caerme una lágrima. Estoy harta. No puedo seguir lamentándome y sin hacer nada. Cambiaré. Cambiaré con tal de romper esta maldita melancolía. Diría que me buscaría a un cualquiera, daría el braguetazo del siglo y que volvería a ser feliz. Pero no puedo estar con una sonrisa en la cara sabiendo que quizás estés muerto.
Me obligué a mí misma volver a levantarme de la cama. Ahora ya no estaba en la casa de la playa. Había vuelto al pueblo. No podía seguir paseándome por esas calles sin ver su cara hasta en las farolas.
Con los calcetines altos por los tobillos y la camiseta por los mulsos, me calenté un vaso de leche. Cuando él se fue pensé en empezar a beber café, para poder aún sentirle cerca, pero me di cuenta de que eso me enfurecía aún más. Saqué la taza del microondas y me senté en el escritorio, con la luz haciéndome sombra y un papel amarillento. El bolígrafo me pedía a gritos que empezara a escribir. Pegué un sorbo a la leche y me hice un moño. Empecé a escribirle. Escribir algo que quisiera que él leyese. La razón contraria por lo que le dejé marchar.

 “Hola Harry. Realmente no tengo la esperanza de que te llegue esta carta. Ni tampoco de que tú recuerdes quién soy. Te escribo con la esperanza de mis jodidos miedos desaparezcan de mi puta cabeza. Perdón por las malas palabras, pero se me hace tan difícil (aún más) controlar mis impulsos si tú no estás.
Estoy sentada delante de la ventana, desesperada por volver a verte. Y créeme, volveré a hacerlo. Aunque me cueste la vida. Agarro con la mano izquierda el amuleto con forma de libélula, que tú me diste antes de marcharte.  Sigo pensando que ese amuleto eres tú en plata. Tú eres la libélula que necesita este mundo. Este mundo en el cuál para mí sólo eres tú. La libélula rápida, escurridiza, insonora y protectora. Sé que siempre has querido protegerme. Pero no te diste cuenta que el que estaba en peligro eras tú. Yo soy la trampa.  
No sé cómo seguirán las búsquedas de guerra por tu país, pero aquí la cosa siempre va a peor. Y no debes preocuparte por mí, yo estoy bien. O eso me enseñó mi madre a decir a la gente cuando me preguntase. Aún con lágrimas en los ojos y las muñecas llenas de sangre, decir que estás bien, es fundamental. Defectos míos, ya sabes.
Encontré un reloj tuyo por mi casa. Lo tengo parado en la hora que te fuiste. Siempre lo llevo en el bolsillo trasero de mi pantalón. Dónde a ti te gustaba llevar las manos. Ahora he dejado de pintarme las uñas. Realmente no tengo ganas de ver colores donde solo hay tristezas. Ya la música en mi casa sólo se apaga para dormir. Y a veces ni eso, porque me quedo sollozando a la canción que regreses.
Pero no te he escrito para hablarte de mí. Ni del montón de peso que he perdido desde que te fuiste. Créeme, no te gustaría verme. Ni que ahora he dejado de pintarme las pestañas, porque ya no tengo ganas de salir volando. Y ya sabes, tú y yo nunca tuvimos una banda sonora que nos idealizase. Ni ningún objeto por recordar. Tampoco teníamos la intención de ir agarrados de la mano. Tú preferías llevarme a caballito y torcerme huesos. Y te lo agradezco. Ahora soy de esos locos de hace diez siglos, donde decían tener un dolor que engendraba placer.
Amarte, no fue nada fácil. Nuestro amor era como saltar a la vía cuando la campana suena. Como adelantar a la policía por la derecha, o comer Oreo sin tener un cepillo cerca. Fue algo lerdo, irrespetuoso y lleno de culpas y remordimientos retrasados. Ni tú ni yo hemos sido de eso que llaman una pareja normal. Pero te sigo queriendo, ¿sabes? Sé que tampoco hace tanto que te marchaste, pero sin embargo yo ya te echo en falta.
Cada noche le rezo a todos los dioses que wikipedia conoce, y les pido que por favor no te pase nada. Porque yo necesito verte una vez más. Solo una más. Sé que estás vivo. Ya que no hay bala, ni mísil, ni bomba atómica que pueda con tu tozudez y la mía juntas.
Sabes que no me gusta que me sustituyan. Así que recuerda que la mayor guerra de tu vida, soy yo.”

Guardé el bolígrafo  y me levanté de la silla. Cogí la taza y la estrellé contra el suelo. Se me escapó un pequeño sollozo. Esto era demasiado duro. Había luchado tanto por ser una persona dura, fría y distante. La cual fuese lo suficiente independiente como para no necesitar nada de nadie. Tantos años luchando, para que ahora volviera a estar como al principio. O peor. No puedo volver a esa locura. No puedo quedarme parada sin hacer nada. No mientras esté viva.
Suspiré intentando tranquilizarme. Cogí la escoba y recogí todo lo que acababa de liar. Pensé en fumarme un cigarro, de esos que tengo en la mesita de noche. Luego recordé que odiaba el tabaco. Y que si tenía ese paquete era por algún borracho de este país que se lo había olvidado en casa. Fui a la mesita de noche, los saqué y los tiré por la ventana. Me molestaba todo aquello de la habitación. Todo. Todo me recordaba a la persona que ya no era. Había cambiado demasiado. Yo ya no era la misma. No podía actuar como tal.
Me acerqué a la pared, con la navaja de bolsillo a la altura de los hombros. Me paré delante de ella. Suspiré. No ganaría nada rajando las paredes. Esta locura no me hacía ningún bien. Lo peor es que era consciente de hasta qué punto podía llegar mi demencia. Si no aparecía antes la esquizofrenia.
Intenté borrarme las imágenes de la cabeza y me metí en la ducha. Iba a vender esta casa. Y en cuanto saliera de esta ducha húmeda, me iría de aquí.
Y así lo hice. Recogí mis cosas y colgué un cartel de “se vende”, en las barandillas del balcón. Me colgué el amuleto del cuello y di uno de mis habituales portazos. Así que volvió el eco. 

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