dilluns, 1 d’abril del 2013

Capítulo 17


Le rogué a mi cabeza que se callara de una vez por todas. No podía dejar de pensar en ella y en cómo estaría. Supongo que, en cierto modo, lo hacía a propósito, para que no me olvidara de ella. Yo también lo hice dándole el amuleto.
Revolví mi cabeza con pelo de mierda y me puse la gorra. Hoy era uno de esos días fríos, donde no servía de nada darle cuerda a los relojes rotos. Donde los ayeres ya nunca serán mañana.
Me lamenté a mi mismo por ser tan imbécil por seguir hablando en mi cabeza. Cogí mi desayuno y me senté en la mesa. Louis y Zayn ya estaban allí. Pero un día más, no tuvimos la intención de entablar conversación. No hay nada que preguntarle al destino.
La bombilla roja de encima de la puerta se encendió y empezó a sonar una alarma. Algo que me volvió a recordar al sonido que hace el miedo. De la puerta salió el coronel y todos nos pusimos en pie. – ¡Firmes!- me dije a mi mismo. Respiré hondo y el coronel empezó a hablar.
        -          Hemos recibido alarmas de las fronteras. Polonia está acercándose hacia nosotros y no pensamos permitírselo. – se le volvió la mirada oscura- Veinte de ustedes vendrán conmigo y el Sargento Bacob. Espero que no nos defrauden. Ni a nosotros ni a nuestro país.
Todos nos quedamos inmóviles y en silencio. Esperábamos una respuesta de quién se iba a jugar la vida. Y como mi suerte siempre está hasta el cuello, el que se la iba a jugar iba a ser yo.
        -          Tomlinson, Malik, Horan, Payne -pronunció más nombres- y Styles; vayan inmediatamente al cuartel general.
Nos miramos entre nosotros, suspiramos y salimos de la multitud. Todos nos miraban de esa forma tan común. Como si nos dieran el pésame antes de muertos. Con la compasión en la mirada y la furia en mi garganta.
Llegué el último al cuartel. Me entretuve en atarme los cordones como escusa, para disfrutar de mis últimos minutos de vida. Allí estaba Tomlinson y Malik. A sus derechas al que decían que era rubio cuando tenía pelo y al otro que pretendía hacerme competencia en mi altura. Salió el Sargento y el Coronel. Nos pusimos firmes y tembló el silencio.
        -          Ahora os subiréis a esas furgonetas – empezó hablando el sargento – y daréis el honor que nunca habéis dado por vuestro país. Ahí dentro tenéis todas las armas y recargas. Colocároslas durante el camino y esperad a la orden de salir. – acabó de hablar- Descansen.
Separé los pies y caminé hacia la furgoneta. Abrí la puerta y dejé que entraran todos.
        -          Styles – me susurró con fuerza el Coronel en el oído – haga el favor de dejar de quitarnos tiempo o le mantendré toda la puta noche corriendo.
        -          Sí, Coronel.
Entré y cerré la puerta. Me coloqué el fusil de asalto y una pistola de recambio. El chaleco antibalas y el casco. Me abroché de nuevo las botas y me puse los guantes negros. Esperé a que la furgoneta dejara de rodar y al cabo de dos minutos, se abrió la puerta.
        -          Nada de matar a civiles. – ordenó el Coronel – Venimos en son de paz, pero en el momento que estalle una bala... – se quedó en silencio- ¿Entendido?
        -          Entendido, Coronel. – gritamos todos.
Salimos de allí y empezamos a caminar por la tierra. Era un pueblo pequeño. Lleno de ventanas mal cerradas y más de una rota. Con los niños jugando a las canicas en los porches de sus casas. Paredes con humedades y el cielo grisáceo. Cuando los habitantes nos vieron aparecer rápidamente metieron a toda la familia en casa. Cogiendo a los niños de las orejas y sin dejar de llorar.
De golpe sentí un tirón en el pantalón. Miré hacia abajo y me topé con la vista de un niño rubio y de ojos verdes.
        -          ¿Has visto a mi papá? – me preguntó con un poco de esperanza en sus ojos. - Mamá y yo le echamos mucho de menos.
Se me heló la sangre. Miré a Zayn, y él se encogió de hombros. Me agaché para estar a la altura de sus ojos y le dije algo por lo que luchar.
        -          Ayer vi a tu papá. – mentí - Me dijo que te quería mucho y que volvería tan pronto como pudiera. – vi brillar una luz en sus ojos – Y que ahora eres tú el hombre de la casa y debes cuidar de mamá.
Apareció una mujer detrás del niño y me sonrió con la mirada dándome algo de ánimo del cuál ni siquiera ella tenía. Cogió al niño de la mano y echó a caminar en dirección opuesta. Pero el niño antes me susurró,
        -          Mucha suerte.
Me alcé del suelo con un poco más de alma y coloqué otra vez el arma en su sitio. Caminé hacia la parte trasera de una casa y observé su alrededor. Estaba llena de vallas y las ventanas tapiadas con madera.
Yo no quería matar a nadie. No sé cómo sería capaz de dormir si lo hacía. Pero supongo que a todo te acostumbras y acabaría haciéndolo. Y sabía que ese día era hoy.
Escuché el sonido de una granada explotar y mi compañero Niall, me hizo tirarme al suelo.
        -          Sígueme. – me ordenó.
Y así hice. Nos arrastramos por el suelo hasta estar ambos detrás de un coche rojo.
        -          No es seguro estar aquí. Si nos tiran cualquier bala saldremos volando por los aires. – le dije
        -          No tengo esperanzas en sobrevivir. – susurró
        -          Pero yo si tengo huevos a que salgas vivo. Así que coge tu maldito trasero y vayamos detrás de la casa. Tú al bando derecho y yo al izquierdo.
Una vez hecho, observé el horizonte. Una furgoneta cargada de hombres con ametralladoras se acercaba a nosotros.
        -          Niall, saca tu franco. Espera otro asalto al fuego y dispara al conductor.
        -          Veo más oportuno disparar al motor para que reviente.
        -          No creo que funcione.
        -          Funcionará. – me aseguró con los ojos
No estaba del todo seguro de que fuera capaz de hacerlo. Pero tampoco había muchas más opciones. Me coloqué entre dos contenedores buscando tener el cuerpo a salvo y la vista amplia. Una bala del oponente reventó la ventana de una casa, de donde salieron gritos ahogados. Miré a Niall y ya había colocado la vista en la mirilla. Entonces apretó el gatillo y el coche empezó a sacar humo. Varios de los ocupantes salieron corriendo y entonces estalló el coche. Tres de estos salieron en llamas. Acaricié a Niall con la mirada, diciéndole que era suficiente. Vi como los contrarios se iban acercando cada vez más a nosotros. Pero aún estaban demasiado lejos como para poder disparar. Los seguí con la mirilla y cuando los tuve lo suficiente cerca le disparé a uno. En la cabeza. Saltó el fuego de todos mis compañeros. Volví a la carga y observé como Niall tenía un punto rojo en su cabeza.
        -          ¡Agáchate! – le grité
Volví en busca de aquel imbécil. Me levanté del suelo y corrí hacia detrás de una caseta. Vi como el mismo hombre estaba de espaldas a mí. Me dije a mi mismo que era él o yo. Me hice la sangre de fuego y saqué el cuchillo. Vi cómo él apuntaba a Louis sin que se diera cuenta. Me dije a mi mismo que debía hacerlo. Me acerqué con sigilo, le agarré las manos y le corté el cuello. El hombre cayó al suelo y me juré a mi mismo que no le miraría a los ojos. Cogí su arma y me la colgué en el hombro. Miré a mis espaldas cuando escuché un ruido. Volvían a temblarme los pies. Y entonces di gracias a Dios cuando vi que era Liam. Le pedí que me cubriera mientras miraba por la ventana a ver si veía a alguno. Entonces vi un hombre con gorra negra apuntando a alguien. Miré a ese alguien y todo mi cuerpo quedó inmóvil. Era ella. Otra vez _______. Estaba en medio del campo, escondida entre las columnas del porche. Abrí los ojos y aparté a Liam de mi camino. Me cogió del brazo.
        -          ¿Dónde te crees que vas? – me dijo
        -          Hay un civil allí abajo.
Miró al campo y me soltó el brazo.
        -          Ahí abajo no hay nadie, Harry.
Le di la espalda sin intención de escucharle. Bajé las escaleras corriendo y me acerqué al lado de aquella casa. La veía. Estaba aterrada y se topó con mis ojos. Decía que la ayudara. Grité para mis adentros y me llené de valor. Corrí hacia el porche y me tiré sobre ella. La aparté de la vista y la abracé.
        -          Tengo que sacarte de aquí – le dije
        -          Tenemos que salir de aquí – me susurró
Me acarició la piel y se erizó. Me recordé a mi mismo que no era tiempo para mariconadas. Y entonces noté un dolor irremediable en mi muslo. Grité y solo quedaba aire entre mis brazos. Había vuelto a esfumarse. Me encontré con los ojos de Liam. Me empujó contra la pared y desvió sus ojos a la mirilla. Disparó a un franco que estaba en una ventana y volvió a dirigirse a mí. Sacó un trapo del bolsillo y me hizo un torniquete. Yo estaba inmóvil. Herido y con la piel para hacer croquetas. Con el corazón encogido después de haber vuelto a tener una alucinación. Una alucinación sobre ella. Con un tumor en la mente porque sabía que tendría que volver a la enfermería.
Liam me cogió en brazos y me sacó de allí. Me dejó en la furgoneta y cerré los parpados.  

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