Le rogué a mi cabeza que se callara de una vez por todas. No
podía dejar de pensar en ella y en cómo estaría. Supongo que, en cierto modo,
lo hacía a propósito, para que no me olvidara de ella. Yo también lo hice
dándole el amuleto.
Revolví mi cabeza con pelo de mierda y me puse la gorra. Hoy
era uno de esos días fríos, donde no servía de nada darle cuerda a los relojes
rotos. Donde los ayeres ya nunca serán mañana.
Me lamenté a mi mismo por ser tan imbécil por seguir
hablando en mi cabeza. Cogí mi desayuno y me senté en la mesa. Louis y Zayn ya
estaban allí. Pero un día más, no tuvimos la intención de entablar
conversación. No hay nada que preguntarle al destino.
La bombilla roja de encima de la puerta se encendió y empezó
a sonar una alarma. Algo que me volvió a recordar al sonido que hace el miedo.
De la puerta salió el coronel y todos nos pusimos en pie. – ¡Firmes!- me dije a
mi mismo. Respiré hondo y el coronel empezó a hablar.
-
Hemos recibido alarmas de las fronteras. Polonia
está acercándose hacia nosotros y no pensamos permitírselo. – se le volvió la
mirada oscura- Veinte de ustedes vendrán conmigo y el Sargento Bacob. Espero
que no nos defrauden. Ni a nosotros ni a nuestro país.
Todos nos quedamos inmóviles y en silencio. Esperábamos una
respuesta de quién se iba a jugar la vida. Y como mi suerte siempre está hasta
el cuello, el que se la iba a jugar iba a ser yo.
-
Tomlinson, Malik, Horan, Payne -pronunció más
nombres- y Styles; vayan inmediatamente al cuartel general.
Nos miramos entre nosotros, suspiramos y salimos de la
multitud. Todos nos miraban de esa forma tan común. Como si nos dieran el
pésame antes de muertos. Con la compasión en la mirada y la furia en mi
garganta.
Llegué el último al cuartel. Me entretuve en atarme los
cordones como escusa, para disfrutar de mis últimos minutos de vida. Allí
estaba Tomlinson y Malik. A sus derechas al que decían que era rubio cuando
tenía pelo y al otro que pretendía hacerme competencia en mi altura. Salió el
Sargento y el Coronel. Nos pusimos firmes y tembló el silencio.
-
Ahora os subiréis a esas furgonetas – empezó
hablando el sargento – y daréis el honor que nunca habéis dado por vuestro
país. Ahí dentro tenéis todas las armas y recargas. Colocároslas durante el
camino y esperad a la orden de salir. – acabó de hablar- Descansen.
Separé los pies y caminé hacia la furgoneta. Abrí la puerta
y dejé que entraran todos.
-
Styles – me susurró con fuerza el Coronel en el
oído – haga el favor de dejar de quitarnos tiempo o le mantendré toda la puta
noche corriendo.
-
Sí, Coronel.
Entré y cerré la puerta. Me coloqué el fusil de asalto y una
pistola de recambio. El chaleco antibalas y el casco. Me abroché de nuevo las
botas y me puse los guantes negros. Esperé a que la furgoneta dejara de rodar y
al cabo de dos minutos, se abrió la puerta.
-
Nada de matar a civiles. – ordenó el Coronel –
Venimos en son de paz, pero en el momento que estalle una bala... – se quedó en
silencio- ¿Entendido?
-
Entendido, Coronel. – gritamos todos.
Salimos de allí y empezamos a caminar por la tierra. Era un
pueblo pequeño. Lleno de ventanas mal cerradas y más de una rota. Con los niños
jugando a las canicas en los porches de sus casas. Paredes con humedades y el cielo
grisáceo. Cuando los habitantes nos vieron aparecer rápidamente metieron a toda
la familia en casa. Cogiendo a los niños de las orejas y sin dejar de llorar.
De golpe sentí un tirón en el pantalón. Miré hacia abajo y
me topé con la vista de un niño rubio y de ojos verdes.
-
¿Has visto a mi papá? – me preguntó con un poco
de esperanza en sus ojos. - Mamá y yo le echamos mucho de menos.
Se me heló la sangre. Miré a Zayn, y él se encogió de
hombros. Me agaché para estar a la altura de sus ojos y le dije algo por lo que
luchar.
-
Ayer vi a tu papá. – mentí - Me dijo que te
quería mucho y que volvería tan pronto como pudiera. – vi brillar una luz en
sus ojos – Y que ahora eres tú el hombre de la casa y debes cuidar de mamá.
Apareció una mujer detrás del niño y me sonrió con la mirada
dándome algo de ánimo del cuál ni siquiera ella tenía. Cogió al niño de la mano
y echó a caminar en dirección opuesta. Pero el niño antes me susurró,
-
Mucha suerte.
Me alcé del suelo con un poco más de alma y coloqué otra vez
el arma en su sitio. Caminé hacia la parte trasera de una casa y observé su
alrededor. Estaba llena de vallas y las ventanas tapiadas con madera.
Yo no quería matar a nadie. No sé cómo sería capaz de dormir
si lo hacía. Pero supongo que a todo te acostumbras y acabaría haciéndolo. Y
sabía que ese día era hoy.
Escuché el sonido de una granada explotar y mi compañero
Niall, me hizo tirarme al suelo.
-
Sígueme. – me ordenó.
Y así hice. Nos arrastramos por el suelo hasta estar ambos
detrás de un coche rojo.
-
No es seguro estar aquí. Si nos tiran cualquier
bala saldremos volando por los aires. – le dije
-
No tengo esperanzas en sobrevivir. – susurró
-
Pero yo si tengo huevos a que salgas vivo. Así
que coge tu maldito trasero y vayamos detrás de la casa. Tú al bando derecho y
yo al izquierdo.
Una vez hecho, observé el horizonte. Una furgoneta cargada
de hombres con ametralladoras se acercaba a nosotros.
-
Niall, saca tu franco. Espera otro asalto al
fuego y dispara al conductor.
-
Veo más oportuno disparar al motor para que
reviente.
-
No creo que funcione.
-
Funcionará. – me aseguró con los ojos
No estaba del todo seguro de que fuera capaz de hacerlo.
Pero tampoco había muchas más opciones. Me coloqué entre dos contenedores
buscando tener el cuerpo a salvo y la vista amplia. Una bala del oponente
reventó la ventana de una casa, de donde salieron gritos ahogados. Miré a Niall
y ya había colocado la vista en la mirilla. Entonces apretó el gatillo y el
coche empezó a sacar humo. Varios de los ocupantes salieron corriendo y entonces
estalló el coche. Tres de estos salieron en llamas. Acaricié a Niall con la
mirada, diciéndole que era suficiente. Vi como los contrarios se iban acercando
cada vez más a nosotros. Pero aún estaban demasiado lejos como para poder
disparar. Los seguí con la mirilla y cuando los tuve lo suficiente cerca le
disparé a uno. En la cabeza. Saltó el fuego de todos mis compañeros. Volví a la
carga y observé como Niall tenía un punto rojo en su cabeza.
-
¡Agáchate! – le grité
Volví en busca de aquel imbécil. Me levanté del suelo y
corrí hacia detrás de una caseta. Vi como el mismo hombre estaba de espaldas a
mí. Me dije a mi mismo que era él o yo. Me hice la sangre de fuego y saqué el
cuchillo. Vi cómo él apuntaba a Louis sin que se diera cuenta. Me dije a mi
mismo que debía hacerlo. Me acerqué con sigilo, le agarré las manos y le corté
el cuello. El hombre cayó al suelo y me juré a mi mismo que no le miraría a los
ojos. Cogí su arma y me la colgué en el hombro. Miré a mis espaldas cuando
escuché un ruido. Volvían a temblarme los pies. Y entonces di gracias a Dios
cuando vi que era Liam. Le pedí que me cubriera mientras miraba por la ventana
a ver si veía a alguno. Entonces vi un hombre con gorra negra apuntando a
alguien. Miré a ese alguien y todo mi cuerpo quedó inmóvil. Era ella. Otra vez
_______. Estaba en medio del campo, escondida entre las columnas del porche.
Abrí los ojos y aparté a Liam de mi camino. Me cogió del brazo.
-
¿Dónde te crees que vas? – me dijo
-
Hay un civil allí abajo.
Miró al campo y me soltó el brazo.
-
Ahí abajo no hay nadie, Harry.
Le di la espalda sin intención de escucharle. Bajé las
escaleras corriendo y me acerqué al lado de aquella casa. La veía. Estaba
aterrada y se topó con mis ojos. Decía que la ayudara. Grité para mis adentros
y me llené de valor. Corrí hacia el porche y me tiré sobre ella. La aparté de
la vista y la abracé.
-
Tengo que sacarte de aquí – le dije
-
Tenemos que salir de aquí – me susurró
Me acarició la piel y se erizó. Me recordé a mi mismo que no
era tiempo para mariconadas. Y entonces noté un dolor irremediable en mi muslo.
Grité y solo quedaba aire entre mis brazos. Había vuelto a esfumarse. Me
encontré con los ojos de Liam. Me empujó contra la pared y desvió sus ojos a la
mirilla. Disparó a un franco que estaba en una ventana y volvió a dirigirse a
mí. Sacó un trapo del bolsillo y me hizo un torniquete. Yo estaba inmóvil.
Herido y con la piel para hacer croquetas. Con el corazón encogido después de
haber vuelto a tener una alucinación. Una alucinación sobre ella. Con un tumor
en la mente porque sabía que tendría que volver a la enfermería.
Liam me cogió en brazos y me sacó de allí. Me dejó en la
furgoneta y cerré los parpados.
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