dimecres, 5 de juny del 2013

Capítulo 22

Seguía penetrándome la mirada impaciente de Tara. Uno de mis pies empezó a temblar. Veía a _______ mirarnos con expectación desde el otro
lado de la habitación. Respiré. Mis palabras ya habían salido. Recé para que la tierra me tragara. Pero entonces la puerta de la enfermería se abrió. Di las gracias a Dios y a todo santo que me estuviera viendo. Una cabeza pasó y reconocí a Niall. Me puse en pie.
         -          Te han dado el permiso de fin de semana. – me dijo acercándome una tarjeta
         -          ¿A mí? – me sorprendí y la cogí – Pero si sigo estando cojo.
Él se encogió de hombros y miró a Tara. Vi en sus ojos que se había dado cuenta de la situación entre ella y yo.
         -          Bueno, creo que debo irme.
         -          Niall, espera. – lo cogí del hombro - ¿Te han dado a ti el permiso?
         -          Sí. Ven con nosotros si quieres. Vamos a los bares de la ciudad.
         -          Mañana nos vemos entonces. – le sonreí y salió por la puerta
Me giré y Tara iba a su habitación. _______ seguía delante de mí, sentada en la mesa y sonriéndome. Burlándose.
         -          No eres capaz de librarte de mí. – me dijo
         -          Es que no quiero hacerlo.
         -          ¿No te das cuenta, Harry? No puedes seguir así. Yo ya he encontrado a otro hombre. Y me va a hacer feliz. Un día de estos ya no recordaré tu nombre. Eres uno más.
         -          Creo que tengo cosas mejores que hacer que ponerme a discutir con una imagen de ti en mi cabeza.
         -          Soy igual que tú, Harry. Siempre has sido un mujeriego y has hecho sufrir a las mujeres. Ya te lo dijo Adam, todo eso te iba a explotar un día en la cara. Y te ha pasado. Soy tu peor pesadilla. Deberías saber que ya has dejado de importarme.
Cogí la botella de agua y miré por la ventana. Intentaba no escucharla. El horizonte era otra mierda como el resto del campo. Y aún no había estallado la guerra.
Tara salió de su cuarto y se asomó por la puerta.
         -          ¿Con quién hablas, Harry?
Y yo no podía hacerla pensar que la esquizofrenia seguía adelante.
         -          Louis. Se cree muy maduro. – me crucé de brazos
No me creyó pero al menos dejó de hacer preguntas. Sonrió y cerró la puerta.
Toda mi vida ha sido abarrotada. Primero fue ______ y ahora la guerra. Necesito un poco de paz. Un reloj que deje de marcar la hora en que me despedí de ella. Una fuerza que no pueda mover ni el viento. Donde el sonido de su risa deje de sonar. Que no todo olor me recuerde a lavanda y poder ducharme sin pensar en sus curvas chorreando agua. El tic tac del reloj cada día va más rápido y no me deja asimilar. Necesito olvidar. Una medicina de borrar. Poder empezar de cero. No conocerla. Porque sé que era duro vivir sin saber de su existencia, pero sabiéndolo y no pudiendo tenerla, es aún peor.

Al día siguiente
Me abroché las botas e hice mis previos estiramientos de la pierna. Supongo que los medicamentos y algún que otro calmante sin receta, empezaba a hacer efecto. Bajé los escalones de la enfermería y caminé hacia el cuartel. Un armario de hombre se quedó mirándome cuando entré.
         -          Maricones no queremos aquí – me dijo, seguido de risas
         -          No estoy de humor para ponerme a pelear con muebles.
         -          Lo que te pasa es que no tienes huevos, cojo de mierda.
Se acercó a mí imitando mi forma de andar y me quitó la gorra. Y el fuego de todo el planeta se encendió dentro de mí. Esto no iba a quedar así. Ya todo me daba igual. No podía tener a la mujer que amaba. No podía saber de mi familia. Había perdido el contacto con Adam. Me importaba una mierda lo que pudiera pasarme. Y si tenía que partirle la pierna al bocazas; lo haría. Pero no ahora. Ahora sería muy cruel arrebatarle su minuto de alegría. Así que me dediqué a sonreírle con cara de hipócrita y seguí mi camino.
En el banquillo del cuartel encontré a Niall. Se ataba los cordones. Me imaginé a mi madre cantando y una melancolía me subió por todo el cuerpo.
         -          Vamos a la puerta principal. Nos esperan los otros.
         -          ¿Quiénes son los otros? – pregunté
         -          Louis, Zayn y Liam.
Seguí caminando. Realmente me importaba bien poco con quién fuéramos. Sólo quería emborracharme como nunca y esperar a que algún día no muy lejano, alguien me lanzara una bala entre los dos ojos.
Caminamos hasta un bar escondido entre las casas de madera. Subí un pie en la escalera y tuve la esperanza de que no se partiese la madera. Seguí subiendo y Liam abrió la puerta. El Jazz nos golpeó la cara. Entramos y había cuatro hombres tocando en lo que aquí se consideraría un escenario. Observé el ambiente. Había una pista para bailar, a la cual no pensaba acercarme y una barra donde me pasaría toda la noche. Me senté en uno de los taburetes altos y hablé.
         -          Saca la botella de Ron. – dije
El hombre me miró de arriba abajo y guardó su trapo en el bolsillo. Se agachó y me dejó la botella y un vaso sobre la mesa. Pagué lo que me dijo y me eché en el vaso. Veía como el ambiente aumentaba su temperatura y a mí me costaba abrir los ojos. Louis se acercó a mí vacilante.
         -          Invítame a un trago, ¿no? No puedes con esa botella tú solo.
         -          Créeme que puedo. – le dije – Pero te daré…
Abrí la botella ya por quinta vez esta noche y llené el vaso. Se lo entregué y lo bebió de un trago. Vi en su sonido como le ardía la garganta y se sentó a mi lado.
         -          Necesito tu ayuda, Tomlinson.
         -          ¿Qué quieres?
         -          Que me ayudes a vengarme del hombre armario, Hank.
         -          ¿Qué te hizo?
         -          Se llama orgullo.
         -          Ah. – esperó – Está bien. Todo lo que sea reírme de algún mamón, me gusta.
Se levantó de la silla.
         -          Voy con Niall. Cuando quieras venganza, dímelo. – me guiñó un ojo y reí
No era tan odioso como lo creía después de todo. Pero iba a vengarme de Hank. Y ya tenía planeado cómo.
La puerta del bar se abrió y unas piernas morenas entraron. Su pelo ondulado caía por sus hombros. Llevaba unos shorts tejanos y una camiseta a conjunto con sus uñas; rojas. Sólo podía ser Tara. Me topé con su mirada y me puse nervioso. Sonrío y caminó hacia mí. Llevé la mirada hacia adelante intentando concentrarme en algún punto. Noté como sumergía sus finos dedos dentro de mi escaso pelo. Me estremecí al recordar a _______ hacer lo mismo. Por un momento pensé que el alcohol me haría una mala jugada y me pondría a llorar, pero entonces Tara volvió a sonreírme.
         -          ¿Sabías que el alcohol anula los medicamentos? – empezó – Acabas de perder todo lo que te has tomado estos días.
         -          He perdido muchas cosas ya. Esta era una de las que me importaban una mierda.
Alzó una ceja y pegó una carcajada. Me cogió el vaso y tragó. La miré mal y sacó la lengua a modo de burla. Se sentó a mi lado y dejó que nuestras piernas se tocaran. La observé un momento. Estaba realmente guapa. Más que nunca. Me recordaba un poco a ella. En su forma de mirarme. De observarme. De manipularme. Y sin darme cuenta yo estaba sonriendo.
         -          ¿Quieres bailar, Styles? – me propuso
Miré a mi alrededor y conseguí encontrar el sonido de la música. El alcohol hacía que todo se viera borroso, menos Tara. Ella estaba perfectamente nítida. Su pelo oscuro y su mano derecha cogiendo la mía para llevarme a la pista. Me paré allí, delante de su cuerpo. Puso su otra mano sobre mi hombro izquierdo y me miró a los ojos. Y sin saber porqué, me dejé llevar. Solo escuchaba la música y su voz.
-          Deja de estar tenso. – me dijo – Soy latina; llevo el ritmo en la sangre.
Descargué mis hombros y ella sonrió. La música se hizo más fuerte y me hizo mover mis patosos pies más rápido. Le di una vuelta y carcajeó. Hacía tiempo que no anhelaba tanto la risa de una mujer, y ella me estaba dando ese placer ahora mismo. Y sin saber porqué, la agarré fuerte y la pegué a mí. Notaba como su pecho subía y bajaba rápidamente. La veía algo confusa y por eso desviaba sus ojos a mis pies. Yo observaba su belleza. Su cuerpo perfectamente moldeado. Reloj de arena. Deslizó su mirada hacia mí y conseguí mantenerla. Sus ojos color miel penetraban todo mi cuerpo. Encontraron lo que hacía mucho tiempo no sentía; miedo. Miedo de estar haciendo lo correcto. Pero como ya he dicho muchas veces, todo me daba igual. No era feliz rodeado de tanta guerra. Nada había conseguido apartarme de este sitio. Mamá y Gemma habían tenido que conformarse con que yo viniera aquí. Adam ha perdido el contacto conmigo. ________ prefirió su orgullo. La echo muchísimo de menos. Hubiera podido escaparme con ella. Huir lejos. Muy lejos. En algún lugar donde no hubiera guerra. Donde los dos hubiéramos sido felices. Ella y yo. Porque cuando todos los problemas habían desaparecido, vino esto. Y ninguno de los dos hicimos nada para llevarle la contraria. Ella podía haber venido a buscarme. Decirme “iré a por ti”. O también podría habérselo dicho yo. Pero la verdad es que no creo que sea capaz de salir de esto con vida. Y estoy cansado de vivir en una mentira. Lleno de dolor e insatisfacción. Y luego está Tara. Ella ha sido la única que ha conseguido calmarme desde que llegué aquí. La que me ha apartado de todo eso que me jode por dentro. Y quiera aceptarlo o no, _______ solo me ha traído problemas; una enfermedad de cojones. Y Tara me está haciendo mejorar. Por ello pienso agarrarme a ella. Aunque Tara siempre sea la otra y ______ sea siempre ella.
La agarré de la cintura y la pegué a mí. Me agaché un poco, quedando a un par de milímetros de su boca. Notaba como su respiración caía sobre mí. Cerré los ojos mientras notaba como se colocaba sobre las punteras de sus pies, y presionaba sus labios sobre los míos. Un incendio subió desde la punta de mis pies, hasta el final de mis orejas. Llevó sus manos a mi cuello y yo mi otra mano a su cintura. Pero cuando abrí mi boca, lo noté. Volvía la sensación de alivio. Podía volver a respirar. Supe que había dejado de hacerlo desde que me despedí de ella en España. La agarré con firmeza y tiré de ella hacia mí. Quería sentirla. Quería sentir la sensación de libertad otra vez. Noté como su sonrisa se encendía. Mirándola le dije:
         -          Gracias por darme algo de paz en un mundo de guerra. 
Se sonrojó y se acercó a mi oído.
         -          No debimos besarnos, Harry. Todo empieza con los besos.
Entonces supe que algo no iba bien. Estaba en un continuo núcleo en el que ______, sin pensarlo, me había invocado.  

5 comentaris:

  1. JOOOOOOODER. Pero:
    1. ¿por qué escribes tan bien?
    2. ¿cómo consigues que aguante la respiración durante todo el capitulo?
    3. ¿por qué lo paso tan mal cuando harry es feliz con tara...?
    4. ¿eh, por què?
    hahahaha me ha gustado mucho y se me ha quedado esto de: aunque Tara sea "la otra" y _______ sea "ella". muy bien muy biennnnnggggg

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    Respostes
    1. Puta laaaaaaaaura es la reina!!! Muchas gracias nena, sabes que si no fuera por vosotras nunca hubiera subido la fanfic<3!

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    2. Wiiiii! Jejejeje pues no creas, nosotras solo dimos el visto bueno mujerrr hahaha ya sabes que siempre lo tendras... de verdad cada vez que leo un capitulo se me quitan las ganas de escribir... me digo, ¿para que? si ya estas tu para eso!! hahahahah<3

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    3. Pienso lo mismo de dibujar. Y aún y así debes escribir si te sienta bien. A todo se aprende. Y si no mira los textos que te pasé aquél día!

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