dimarts, 2 de juliol del 2013

Capítulo 24

Abrí los ojos y noté como todo el alcohol tomado anoche, estaba ahora sobre mi cabeza. Miré a mi alrededor y me tapé la cara con las manos. Estaba en el cuartel. No sabía cómo había llegado hasta aquí. Mi último recuerdo de anoche fue mi beso con Tara. Y fue increíble. Mi cabeza empezaba a creer que podría olvidar a _______. Pero antes de darle más vueltas, el sonido de una trompeta sonó. Me tapé con las manos mis oídos. Mierda. Volvía al entrenamiento. Salté de la cama y cambié mi ropa. Até mis cordones y escuché como la puerta del cuartel se abría. Todos nos pusimos firmes y noté como el general clavaba sus ojos en mí.
           -          ¡Pero a quién tenemos aquí! – me dijo – ¿Podría decirme por qué ha dormido usted aquí esta noche? ¿O no puede recordarlo por la cogorza que se cogió anoche?
           -          Estoy perfectamente capacitado para volver al entrenamiento y por ello he dormido aquí, mi general. – mentí
           -          ¡Muy bien! ¡Entonces por estos días de rascarse las pelotas, este atardecer lo quiero delante de la campana! A ver si puedes sorprenderme de lo que aguantas.
           -          De acuerdo, mi general.
Se dio la vuelta, pero no sin darme antes una mirada de arriba abajo, comprobando mi vestimenta. Salió del cuartel y pude respirar. Miré el reloj de la pared. Aún tenía una hora por delante. E iba a aprovecharlo. Salí del cuartel y bajé las escaleras. Me dirigí a la enfermería. Quería hablar con Tara. Sentía que la echaba de menos. Quería volver a verla como cada mañana y que me sacara la primera sonrisa del día. Abrí la puerta y entré. Miré a ambos lados pero allí no estaba. Me senté en la silla a esperar, pero luego pensé que quizás estaría en la habitación. Me levanté y caminé. Toqué la puerta y la abrí. Era una sala completamente blanca. Cama, mesita de noche y armario. 
Avancé por allí, pero cuando me acerqué a la cama, mi pie derecho topó con algo. Desvié mi mirada al suelo y vi una caja de zapatos. Me senté en la cama y la cogí. La posé sobre mis piernas y observé. Me preguntaba qué podía haber ahí. Quizás recuerdos sobre su pasado. Fotos de sus padres, hermanos y amigos. Pero claro estaba que si la llevabas a la guerra, era porque significaba algo para ti. Llevé mis pulgares a la solapa y levanté la tapa. Tomé aire y miré dentro. La caja estaba llena de fotos de hombres. Exactamente como la que ______ me enseñó. La cerré de golpe. Miré al frente y la guardé lo más rápido posible.
Quería desaparecer. Esto no podía ser real. ______ no estaba aquí. Ella no había podido meter esa caja aquí. Era mi maldita cabeza. Pestañeé dos veces y salí de la enfermería. No quería estar allí. No quería que mi cabeza volviera a pasarme malas pasadas. Maldita enfermedad. Maldita ella. Maldito yo.
Quería ir al entrenamiento y cansarme hasta perder el conocimiento. Caminé hasta la plaza de la campana, pero allí me encontré con sus ojos miel. Giró su figura de pelo oscuro y caminó hacia mí. Sonreía con esa boca que lo puede olvidar todo. Se quedó a dos centímetros de mí, se puso se puntillas y me dio un leve beso. Sonreí. Me había olvidado completamente de lo que acababa de ver en su habitación. Mi respiración había vuelto a la normalidad. Sabía que esto era real. Sabía que ella era real. Me daba tranquilidad. Me hacía sentir bien. Me transmitía normalidad.
           -          Te he echado de menos. – dije al fin
           -          Yo también. – Sonrió
Miré a la campana y estaban a punto de subir la bandera.
           -          Me tengo que ir.  – la besé de nuevo – A la noche iré a verte.
Noté como sonreía detrás de mí. Corrí hacia la fila y cuando la trompeta sonó me puse firme. Miré a la bandera, permitiéndome unos segundos para pensar. Tara me haría volver a la realidad. Podría volver a ser normal. Saldría de la guerra y ella conmigo. Me quedaría en Londres y se la presentaría a Mamá. Podría volver a respirar con tranquilidad, como hace tanto tiempo que no lo he hecho.
La trompeta paró y el comandante habló.
           -          Ha habido un ataque Kamikaze sobre uno de nuestros barcos vigilantes en el Pacífico. Los profesionales irán en el UAV de emergencia. Estarán preparados para cualquier ataque. Los demás esperarán en la base, dando instrucciones sobre el exterior. No quiero fallos. No habrá otra derrota. ¿Entendido?- gritó
           -          Sí, mi comandante. – dijimos al unisono.
Subí a la furgoneta sentado al lado de Niall. Él subiría al UAV y yo sería el que lo protegería desde abajo. Nos demoramos un camino de treinta y dos minutos. Liam se pasó el tiempo sin desplazar su mirada de mis pies. Mordí mis uñas, para volver a mi vicio de hace unos años. Rasqué mi pelo, intentando desviar mi atención a eso, y no a todas las mariposas que tenía dentro. Estaba volviendo a sentir. Ahora sí tenía ganas de vivir. Ahora ya nada podría matarme. Ahora volvía a ser fuerte.
Entramos en una cabina hermética. Cerraron con llave y me hicieron sentar delante de ocho pantallas. Había recibido seis clases sobre la estructura de un avión de ataque. Estaba lo suficiente preparado como para avisar a Niall si algo no iba bien. Pero rezaba a Dios que nada de eso pasara. Porque Niall era a la única persona que podía recurrir si Tara no estaba. Me puse los cascos y el micrófono delante de mis labios.
           -          Niall, ¿me escuchas? – dije
           -          Correcto. ¿A cuantos metros estamos?
Tecleé un par de botones y encontré los comandos de altura.
           -          Ciento cuatro. Debéis subir hasta doscientos para no tener riesgos.
           -          De acuerdo.
Noté como mi pecho se calmaba y me apoyé en el respaldo. Niall pilotaba el UAV. Y para mi mala suerte su copiloto era Hank, el hombre armario que se había burlado de mí.
           -          Baja la velocidad, estáis aún muy cerca del suelo. Os van a alistar.
           -          De acuerdo.
Veía desde la pantalla como el avión disminuía su velocidad. Miré a mi alrededor y mis compañeros estaban dando órdenes al resto. Pero entonces vi a Zayn nervioso. Tenía una de las manos pegadas a la mesa, como si fuera a caerse. Apagué mi micro.
           -          Zayn, ¿qué pasa?
           -          Hay otros cuerpos detrás de los UAV. Y no los reconozco como nuestros.
Me giré a mi pantalla de golpe y encendí el micro. Comprobé los controles y no vi ningún objeto.
           -          Hank – dije – lleva tu vista a atrás y dime si hay algún avión que no sea nuestro.
           -          De acuerdo – tardó un momento en contestar – Hay tres aviones. Son algo más pequeños que los nuestros, pero van a gran velocidad. En menos de dos minutos nos cogerán.
Me saqué los cascos y grité en la sala.
           -          Tres aviones desconocidos van detrás de nosotros. No dejan ser reconocidos por el radar. Algo están ocultando.
Me puse de nuevo con Hank y Niall. Acerqué el micro y observé todas las pantallas que tenía en mi frente y pude ver un objeto volador en la cámara del motor.
           -          Van a venirse encima de vosotros. En un minuto lo tendrás a diez metros a tu derecha. Los otros dos aviones han desviado su objetivo a los UAV de los demás. – respiré – Mantén la mente tranquila.
Escuché a Niall suspirar. Mantenía mi mandíbula apretada mientras observaba el avión acercarse a ellos. Seguía sin poder encontrarlo en el radar.
           -          Hank, ves a la ametralladora del motor derecho. Quédate preparado para cualquier ataque.
           -          De acuerdo.
Noté como Zayn hablaba para el grupo y me quité los cascos.
           -          Han disparado a mi UAV.
Volví a la carga y encendí el micro.
           -          Esto es la guerra. En cuanto aparezca, dispara.
           -          Eso está hecho.
Crucé mis dedos sobre la mesa. Veía como desde la pantalla se acercaba el avión. Y en menos de dos pestañeos, lo teníamos encima. Hank empezó a disparar en cuanto los vio. Sacaba tres balas por segundo y consiguió darle en uno de sus motores.
           -          Bien hecho, uno de sus motores ha muerto. ¿Estáis ambos bien?
           -          Correcto, Styles.
Sonreí. Iba a salir bien. Pero antes de que el otro avión descendiera a causa de su pérdida inmediata de altura, lanzó hacia nuestra ala un lanzagranadas. La cámara derecha dejó de emitir.
           -          Mierda. Han roto el ala derecha.
           -          Harry, tenemos un problema. – oí a Niall decir – El lanza granadas ha lanzado partículas del ala dentro del UAV. Le ha dado a Hank. Diría que está inconsciente – notaba el nerviosismo en su voz. – Necesitamos refuerzos.
           -          Aterriza en el campo que tienes a quinientos metros.
           -          De acuerdo.
Me saqué los cascos y apagué el micro.
           -          Han dejado a uno de los reclutas inconscientes. – dije al comandante que observaba mi pantalla. – Necesitan refuerzos.
Vi como se rascaba la mandíbula y decía algo por el walkie-talkie. Luego me miró serio.
           -          Ven conmigo. Tú eres el refuerzo.
           -          ¿Yo? – me puse en pie – Solo he recibido una clase sobre la pilotación de un avión de ataque.
           -          He dicho que vas. – me gritó serio – No te he preguntado lo que opinas.
Me subieron al UAV con otro avión de emergencia. Me dejaron allí solo. Abrí la puerta y noté como todo el aire chocaba con mi cara. Pegué un salto hasta la puerta del UAV y la abrí. Cerré detrás de mí.
           -          ¡¿Dónde estáis?!
           -          Estoy pilotando – oí a Niall – Despierta a Hank. Está en el ala derecha.
Recordaba como Hank se había burlado de mí. Y yo había prometido darle una venganza. Y ahora era el momento perfecto. Sonreí para mis adentros y me acerqué a él. Estaba tirado en el suelo. Había recibido un golpe en la cabeza al caer y brotaba sangre. Tenía la pierna atrapada entre dos trozos de ala. Le di dos tortas en la mejilla y no reaccionó. Saqué una de las botellas de agua que llevaba y se la tiré encima. Pestañeó y abrió los ojos. Me reconoció y sabía perfectamente lo que estaba pensando. Él que se había burlado de mí delante de toda la tripulación. Que se creía el doble de mejor que el resto. Que se pensaba que él era el héroe. Él estaba en peligro  y me gritaba ayuda con los ojos. Apreté mi mandíbula por tener que comerme mi propio orgullo. No podía dejarlo allí. No podía dejarlo sufrir más de lo que ya se sufre en la guerra. No podía fallarle. No podía fallarle a nadie más. Él era a uno de los tantos que tenía que proteger. La vida de Hank significaba la victoria o la derrota de la guerra. El que mi familia sobreviva o muera. Todos dependen de nosotros y de nuestros actos. No puedo permitirme errores.
Con ambas manos empecé a sacar el material de las alas y a tirarlos hacia fuera. Pesaban muchísimo, pero no me resistiría. Él me miraba asombrado. Podría jugar que sus ojos dejaron de estar vacíos.
           -          Gracias, Styles.
Le sonreí sin sacar la mirada de mi trabajo.
           -          Tómatelo como un aviso. – le dije – No habrá una próxima vez.
Cerró los ojos. Supongo que para comerse su orgullo. Mientras seguía con lo mío, vi como su pierna tenía una hemorragia. Cogí una de las gasas de mi cinturón y comprimí en la arteria de su cadera. La envolví fuertemente con una venda y le ayudé a levantarse. Se apoyó sobre mi hombro. Fui a sentarlo al lado izquierdo, cuando vi que algo no iba bien.
           -          No puedo aterrizar a tiempo. – dijo Niall –Vamos a caer en picado. Tenemos que salir de aquí.
Abrí los ojos como platos y respiré hondo. Eso venía a ser bajar en paracaídas. Niall se puso uno de ellos. Y cogió uno para mí de la puerta. Me ayudó a colocármelo y después se despidió de mí con los ojos y se tiró al vacío. A mí me quedaban cinco minutos para saltar, o sería demasiado tarde. Amarré bien mi chaleco y le puse un cinturón a Hank. Él no podría saltar solo y lo debía bajar yo. Estaba perdiendo mucha sangre. Puse un candado entre mi chaleco y él, para quedar unidos y estar seguro de que no se soltaría de mí. Nos acercamos a la puerta y miré hacia abajo. Noté como todo mi estomago se subía al esófago y me costaba respirar con normalidad. Agarré a Hank por la cintura y nos tiramos al vacío. Mis pies dejaron de sentirse rígidos y toda mi ropa traspasaba el aire. Noté como él se agarraba a mí y cerraba los ojos. Y entonces supe que se había quedado inconsciente. Miré los metros que me quedaban del suelo y tiré de la cuerda antes de que fuera demasiado tarde. Noté como mi velocidad disminuyó de golpe y el aire se paraba sobre el paracaídas. Conduje con las cuerdas hasta llegar al campo donde nos esperaba el resto del equipo. Vi a Niall desde lejos. Estaba asombrado por lo que había pasado. Llegué al suelo y rodé sobre él. Me separé de Hank y vi como mis compañeros me ayudaban a sacarlo de allí. Lo llevaron en una camilla hasta dentro del bunker y yo caminé hasta allí con Niall.
           -          Tú sí que eres un héroe. – me dijo

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