Abrí los ojos y noté como todo el alcohol tomado anoche,
estaba ahora sobre mi cabeza. Miré a mi alrededor y me tapé la cara con las
manos. Estaba en el cuartel. No sabía cómo había llegado hasta aquí. Mi último
recuerdo de anoche fue mi beso con Tara. Y fue increíble. Mi cabeza empezaba a
creer que podría olvidar a _______. Pero antes de darle más vueltas, el sonido
de una trompeta sonó. Me tapé con las manos mis oídos. Mierda. Volvía al
entrenamiento. Salté de la cama y cambié mi ropa. Até mis cordones y escuché
como la puerta del cuartel se abría. Todos nos pusimos firmes y noté como el general
clavaba sus ojos en mí.
-
¡Pero a quién tenemos aquí! – me dijo – ¿Podría
decirme por qué ha dormido usted aquí esta noche? ¿O no puede recordarlo por la
cogorza que se cogió anoche?
-
Estoy perfectamente capacitado para volver al
entrenamiento y por ello he dormido aquí, mi general. – mentí
-
¡Muy bien! ¡Entonces por estos días de rascarse
las pelotas, este atardecer lo quiero delante de la campana! A ver si puedes
sorprenderme de lo que aguantas.
-
De acuerdo, mi general.
Se dio la vuelta, pero no sin darme antes una mirada de
arriba abajo, comprobando mi vestimenta. Salió del cuartel y pude respirar. Miré
el reloj de la pared. Aún tenía una hora por delante. E iba a aprovecharlo. Salí
del cuartel y bajé las escaleras. Me dirigí a la enfermería. Quería hablar con
Tara. Sentía que la echaba de menos. Quería volver a verla como cada mañana y
que me sacara la primera sonrisa del día. Abrí la puerta y entré. Miré a ambos
lados pero allí no estaba. Me senté en la silla a esperar, pero luego pensé que
quizás estaría en la habitación. Me levanté y caminé. Toqué la puerta y la abrí.
Era una sala completamente blanca. Cama, mesita de noche y armario.
Avancé por allí, pero cuando me acerqué a la cama, mi pie
derecho topó con algo. Desvié mi mirada al suelo y vi una caja de zapatos. Me
senté en la cama y la cogí. La posé sobre mis piernas y observé. Me preguntaba
qué podía haber ahí. Quizás recuerdos sobre su pasado. Fotos de sus padres,
hermanos y amigos. Pero claro estaba que si la llevabas a la guerra, era porque
significaba algo para ti. Llevé mis pulgares a la solapa y levanté la tapa.
Tomé aire y miré dentro. La caja estaba llena de fotos de hombres. Exactamente
como la que ______ me enseñó. La cerré de golpe. Miré al frente y la guardé lo
más rápido posible.
Quería desaparecer. Esto no podía ser real. ______ no estaba
aquí. Ella no había podido meter esa caja aquí. Era mi maldita cabeza. Pestañeé
dos veces y salí de la enfermería. No quería estar allí. No quería que mi
cabeza volviera a pasarme malas pasadas. Maldita enfermedad. Maldita ella.
Maldito yo.
Quería ir al entrenamiento y cansarme hasta perder el
conocimiento. Caminé hasta la plaza de la campana, pero allí me encontré con sus
ojos miel. Giró su figura de pelo oscuro y caminó hacia mí. Sonreía con esa
boca que lo puede olvidar todo. Se quedó a dos centímetros de mí, se puso se
puntillas y me dio un leve beso. Sonreí. Me había olvidado completamente de lo
que acababa de ver en su habitación. Mi respiración había vuelto a la normalidad.
Sabía que esto era real. Sabía que ella era real. Me daba tranquilidad. Me
hacía sentir bien. Me transmitía normalidad.
-
Te he echado de menos. – dije al fin
-
Yo también. – Sonrió
Miré a la campana y estaban a punto de subir la bandera.
-
Me tengo que ir.
– la besé de nuevo – A la noche iré a verte.
Noté como sonreía detrás de mí. Corrí hacia la fila y cuando
la trompeta sonó me puse firme. Miré a la bandera, permitiéndome unos segundos
para pensar. Tara me haría volver a la realidad. Podría volver a ser normal.
Saldría de la guerra y ella conmigo. Me quedaría en Londres y se la presentaría
a Mamá. Podría volver a respirar con tranquilidad, como hace tanto tiempo que
no lo he hecho.
La trompeta paró y el comandante habló.
-
Ha habido un ataque Kamikaze sobre uno de
nuestros barcos vigilantes en el Pacífico. Los profesionales irán en el UAV de
emergencia. Estarán preparados para cualquier ataque. Los demás esperarán en la
base, dando instrucciones sobre el exterior. No quiero fallos. No habrá otra
derrota. ¿Entendido?- gritó
-
Sí, mi comandante. – dijimos al unisono.
Subí a la furgoneta sentado al lado de Niall. Él subiría al
UAV y yo sería el que lo protegería desde abajo. Nos demoramos un camino de
treinta y dos minutos. Liam se pasó el tiempo sin desplazar su mirada de mis
pies. Mordí mis uñas, para volver a mi vicio de hace unos años. Rasqué mi pelo,
intentando desviar mi atención a eso, y no a todas las mariposas que tenía
dentro. Estaba volviendo a sentir. Ahora sí tenía ganas de vivir. Ahora ya nada
podría matarme. Ahora volvía a ser fuerte.
Entramos en una cabina hermética. Cerraron con llave y me
hicieron sentar delante de ocho pantallas. Había recibido seis clases sobre la
estructura de un avión de ataque. Estaba lo suficiente preparado como para
avisar a Niall si algo no iba bien. Pero rezaba a Dios que nada de eso pasara.
Porque Niall era a la única persona que podía recurrir si Tara no estaba. Me
puse los cascos y el micrófono delante de mis labios.
-
Niall, ¿me escuchas? – dije
-
Correcto. ¿A cuantos metros estamos?
Tecleé un par de botones y encontré los comandos de altura.
-
Ciento cuatro. Debéis subir hasta doscientos
para no tener riesgos.
-
De acuerdo.
Noté como mi pecho se calmaba y me apoyé en el respaldo. Niall
pilotaba el UAV. Y para mi mala suerte su copiloto era Hank, el hombre armario
que se había burlado de mí.
-
Baja la velocidad, estáis aún muy cerca del
suelo. Os van a alistar.
-
De acuerdo.
Veía desde la pantalla como el avión disminuía su velocidad.
Miré a mi alrededor y mis compañeros estaban dando órdenes al resto. Pero
entonces vi a Zayn nervioso. Tenía una de las manos pegadas a la mesa, como si
fuera a caerse. Apagué mi micro.
-
Zayn, ¿qué pasa?
-
Hay otros cuerpos detrás de los UAV. Y no los
reconozco como nuestros.
Me giré a mi pantalla de golpe y encendí el micro. Comprobé
los controles y no vi ningún objeto.
-
Hank – dije – lleva tu vista a atrás y dime si
hay algún avión que no sea nuestro.
-
De acuerdo – tardó un momento en contestar – Hay
tres aviones. Son algo más pequeños que los nuestros, pero van a gran
velocidad. En menos de dos minutos nos cogerán.
Me saqué los cascos y grité en la sala.
-
Tres aviones desconocidos van detrás de
nosotros. No dejan ser reconocidos por el radar. Algo están ocultando.
Me puse de nuevo con Hank y Niall. Acerqué el micro y
observé todas las pantallas que tenía en mi frente y pude ver un objeto volador
en la cámara del motor.
-
Van a venirse encima de vosotros. En un minuto
lo tendrás a diez metros a tu derecha. Los otros dos aviones han desviado su
objetivo a los UAV de los demás. – respiré – Mantén la mente tranquila.
Escuché a Niall suspirar. Mantenía mi mandíbula apretada
mientras observaba el avión acercarse a ellos. Seguía sin poder encontrarlo en
el radar.
-
Hank, ves a la ametralladora del motor derecho.
Quédate preparado para cualquier ataque.
-
De acuerdo.
Noté como Zayn hablaba para el grupo y me quité los cascos.
-
Han disparado a mi UAV.
Volví a la carga y encendí el micro.
-
Esto es la guerra. En cuanto aparezca, dispara.
-
Eso está hecho.
Crucé mis dedos sobre la mesa. Veía como desde la pantalla
se acercaba el avión. Y en menos de dos pestañeos, lo teníamos encima. Hank
empezó a disparar en cuanto los vio. Sacaba tres balas por segundo y consiguió
darle en uno de sus motores.
-
Bien hecho, uno de sus motores ha muerto.
¿Estáis ambos bien?
-
Correcto, Styles.
Sonreí. Iba a salir bien. Pero antes de que el otro avión
descendiera a causa de su pérdida inmediata de altura, lanzó hacia nuestra ala
un lanzagranadas. La cámara derecha dejó de emitir.
-
Mierda. Han roto el ala derecha.
-
Harry, tenemos un problema. – oí a Niall decir –
El lanza granadas ha lanzado partículas del ala dentro del UAV. Le ha dado a
Hank. Diría que está inconsciente – notaba el nerviosismo en su voz. –
Necesitamos refuerzos.
-
Aterriza en el campo que tienes a quinientos
metros.
-
De acuerdo.
Me saqué los cascos y apagué el micro.
-
Han dejado a uno de los reclutas inconscientes.
– dije al comandante que observaba mi pantalla. – Necesitan refuerzos.
Vi como se rascaba la mandíbula y decía algo por el walkie-talkie.
Luego me miró serio.
-
Ven conmigo. Tú eres el refuerzo.
-
¿Yo? – me puse en pie – Solo he recibido una
clase sobre la pilotación de un avión de ataque.
-
He dicho que vas. – me gritó serio – No te he
preguntado lo que opinas.
Me subieron al UAV con otro avión de emergencia. Me dejaron
allí solo. Abrí la puerta y noté como todo el aire chocaba con mi cara. Pegué
un salto hasta la puerta del UAV y la abrí. Cerré detrás de mí.
-
¡¿Dónde estáis?!
-
Estoy pilotando – oí a Niall – Despierta a Hank.
Está en el ala derecha.
Recordaba como Hank se había
burlado de mí. Y yo había prometido darle una venganza. Y ahora era el momento
perfecto. Sonreí para mis adentros y me acerqué a él. Estaba tirado en el
suelo. Había recibido un golpe en la cabeza al caer y brotaba sangre. Tenía la
pierna atrapada entre dos trozos de ala. Le di dos tortas en la mejilla y no
reaccionó. Saqué una de las botellas de agua que llevaba y se la tiré encima.
Pestañeó y abrió los ojos. Me reconoció y sabía perfectamente lo que estaba
pensando. Él que se había burlado de mí delante de toda la tripulación. Que se
creía el doble de mejor que el resto. Que se pensaba que él era el héroe. Él
estaba en peligro y me gritaba ayuda con
los ojos. Apreté mi mandíbula por tener que comerme mi propio orgullo. No podía
dejarlo allí. No podía dejarlo sufrir más de lo que ya se sufre en la guerra.
No podía fallarle. No podía fallarle a nadie más. Él era a uno de los tantos
que tenía que proteger. La vida de Hank significaba la victoria o la derrota de
la guerra. El que mi familia sobreviva o muera. Todos dependen de nosotros y de
nuestros actos. No puedo permitirme errores.
Con ambas manos empecé a sacar el
material de las alas y a tirarlos hacia fuera. Pesaban muchísimo, pero no me
resistiría. Él me miraba asombrado. Podría jugar que sus ojos dejaron de estar
vacíos.
-
Gracias, Styles.
Le sonreí sin sacar la mirada de
mi trabajo.
-
Tómatelo como un aviso. – le dije – No habrá una
próxima vez.
Cerró los ojos. Supongo que para
comerse su orgullo. Mientras seguía con lo mío, vi como su pierna tenía una
hemorragia. Cogí una de las gasas de mi cinturón y comprimí en la arteria de su
cadera. La envolví fuertemente con una venda y le ayudé a levantarse. Se apoyó
sobre mi hombro. Fui a sentarlo al lado izquierdo, cuando vi que algo no iba
bien.
-
No puedo aterrizar a tiempo. – dijo Niall –Vamos
a caer en picado. Tenemos que salir de aquí.
Abrí los ojos como platos y
respiré hondo. Eso venía a ser bajar en paracaídas. Niall se puso uno de ellos.
Y cogió uno para mí de la puerta. Me ayudó a colocármelo y después se despidió
de mí con los ojos y se tiró al vacío. A mí me quedaban cinco minutos para saltar,
o sería demasiado tarde. Amarré bien mi chaleco y le puse un cinturón a Hank.
Él no podría saltar solo y lo debía bajar yo. Estaba perdiendo mucha sangre. Puse
un candado entre mi chaleco y él, para quedar unidos y estar seguro de que no
se soltaría de mí. Nos acercamos a la puerta y miré hacia abajo. Noté como todo
mi estomago se subía al esófago y me costaba respirar con normalidad. Agarré a
Hank por la cintura y nos tiramos al vacío. Mis pies dejaron de sentirse
rígidos y toda mi ropa traspasaba el aire. Noté como él se agarraba a mí y
cerraba los ojos. Y entonces supe que se había quedado inconsciente. Miré los
metros que me quedaban del suelo y tiré de la cuerda antes de que fuera
demasiado tarde. Noté como mi velocidad disminuyó de golpe y el aire se paraba
sobre el paracaídas. Conduje con las cuerdas hasta llegar al campo donde nos
esperaba el resto del equipo. Vi a Niall desde lejos. Estaba asombrado por lo
que había pasado. Llegué al suelo y rodé sobre él. Me separé de Hank y vi como
mis compañeros me ayudaban a sacarlo de allí. Lo llevaron en una camilla hasta
dentro del bunker y yo caminé hasta allí con Niall.
-
Tú sí que eres un héroe. – me dijo
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada