Cinco y media de la mañana. Ella había dicho que sí. Iba a
venir conmigo. Iba a enseñarle el amanecer desde la avioneta. No podía soportar
la vida sin ella. No podía soportar verla y no decirle nada. No podía soportar
saber de qué sabor son sus labios, sin poder saborearlos de nuevo. Podré
sobrevivir a una guerra, pero no a una vida sin ella. Porque en estos tiempos,
he estado a punto de darme por muerto
tantas veces, que ya he aprendido a renacer. Y ella es la razón por la cual lo
hago. Porque morir es eso; darse por vencido. Y yo nunca voy a rendirme por ti.
Había quedado con ella en la sala de máquinas. Y aquí estaba
yo. Con las manos dentro de los bolsillos y mirando a todos lados en busca de
sus ojos. Quizás no vendría. Quizás se lo había pensado mejor. Quizás se había
dado cuenta de que no la merezco. Me había prometido a mi mismo que me
apartaría de su vida. Que dejaría que fuera feliz. Pero no puedo despertarme
cada mañana, viéndola como levanta armas y botes salvavidas. No puedo dejarla
viendo como camina sola hacia el precipicio de su vida. Sé que es fuerte. Pero
tengo que protegerla. Porque si a ella algo le pasa, no me lo perdonaría en la
vida.
La vi llegar al final de la pista. Solo verla me llené la
cara de sonrisas. Estaba preciosa. Había dejado de maquillarse y ahora podía
observar completamente su belleza. Iba vestida con una camiseta blanca de
tirantes y los pantalones militares. El pelo suelto y las uñas mordidas. Acabó
por acercarse a mí y sonrió.
-
Pensé que no vendrías. – dije
-
Soy una mujer de palabra.
-
Entonces, ven.
La cogí de la mano y caminé con ella. En mi estómago volvía
a sentir las mariposas que tanto había añorado. La notaba de nuevo conmigo. No
me atreví a entrelazar nuestros dedos, pero me satisfacía. Rozarla de nuevo era
como el algodón. No me merecía volver a sentir sus dedos encajados con los
míos. La acompañé en la oscuridad hasta la avioneta que había preparado. Saqué
la sábana que la cubría y me subí en ella. Hice subir a ________ encima de mis
piernas. Casualmente había escogido la única avioneta que no tenía asiento
trasero. Casualmente. Se apoyó sobre mis piernas y el olor a lavanda me llenó
los pulmones. Intentando concentrarme, encendí la avioneta. Recorrió la pista
hasta ponerse en posición. Notaba el nerviosismo de _______. Se agarraba
fuertemente a la manilla de la puerta y miraba el paisaje. Prendí el acelerador
y empezó a correr. Y después de doscientos metros corriendo, la hice subir.
Escuché a _______ hacer un grito ahogado y no pude evitar sonreír. Mientras
subíamos, la avioneta se tambaleaba y ella me cogió del cuello de mi camiseta.
Era ella. Era real. La tenía ahí, encima de mí, pidiéndome que la protegiera.
-
¿Quién te enseñó a volar? – preguntó
-
Mi padre solía llevarme en su avioneta cuando
era pequeño. En esos tiempos vivía en la granja. Cuando mis padres se
separaron, nos mudamos. Entonces conocí al tío Simon y me enseñó a pilotar.
Vi como sus ojos se encogían. No me importaba que me
preguntara sobre mi pasado. No me importaba que me preguntara sobre mi padre.
No me importaba decirle todo lo que sabía. Haría todo lo que ella me pidiera.
-
¿Y tú? ¿Es la primera vez que vuelas?
-
Supongo que ir en avión hasta Disney Land, no
cuenta.
Sonreímos y negué con la cabeza. Adoraba mirarla como
observaba todas las nubes mientras el sol aparecía. Estaba tan guapa cuando
hacía que no me veía. No sé quién podría preferir ver el amanecer desde el
aire, teniéndola a ella delante. Notó como la miraba y se giró.
-
¿Qué miras tanto? – frunció el ceño
-
Creo que te debo una explicación.
Puso los ojos en blanco y volvió a mirarme.
-
No me debes nada, Harry.
-
Pero quiero hacerlo. – suspiré y ella desvió la
mirada – Desde el día que te conocí, no ha pasado un solo minuto sin pensar en
ti. Cuando me marché de España, me obsesioné contigo. Te veía en todas partes.
Te me aparecías en sueños y luego empezaste a aparecer en mi realidad. No sabía
diferenciar qué era real o qué era una invención de mi cabeza. Me volviste
loco. Pensaron que tenía esquizofrenia y querían hincharme a pastillas. – hice
una pausa – No podía permitir que me dejaran echo mierda. No en la guerra. No
podía ser débil, ______. Y la única forma de dejar de recordarte era estar con
Tara. – vi como sus ojos se hundían al nombrarla – Pero yo nunca la he querido
a ella como te quiero a ti. Por eso cuando te vi el otro día, pensé que era mi
imaginación y huí. Tenía que salvarme. Tenía que salir de la guerra e irte a
buscar. Pero tú ahora estás aquí y eres real. Siento muchísimo todo lo que ha
pasado.
Vi como intentaba esconder una lágrima, secándosela
rápidamente. La rodeé con mi brazo y la pegué a mi pecho. Besé su frente y dejé
que se tranquilizara.
Al cabo de un rato se separó de mí y me miró a los ojos.
-
¿Qué miras tú tanto ahora? - sonreí al repetir su frase
-
¿Sabes hacer algún truco con la avioneta?
-
Claro.
Alzó una de sus cejas. Desafiándome.
-
¿No me crees?
-
No.
Cogí con ambas manos el volante. Aumenté la potencia y la
velocidad y di un volantazo. Noté como ella daba un pequeño grito. La avioneta
empezó a dar vueltas alrededor de de si misma, quedándonos de vez en cuando
debajo de ella. Y entonces escuché la risa de ________. Su risa. Eso que había
estado todas las noches comiéndome la cabeza. Ese sonido era el que quería para
banda sonora de mi vida. Le sonreí mirándola a los ojos.
-
Echaba de menos tu risa. – dije al fin
-
Yo te he echado de menos a ti.
Sin poder evitarlo, mi boca estaba a dos centímetros de la
suya. La miré. Es preciosa. Me vuelve loco. Necesitaba besarla. Tocarla. Volver
a sentirla. Su respiración empezó a ser irregular y apartó sus ojos cafés de
mí. Llevó su mirada al frente y decidí que era hora de bajar al mundo. Agarré
con fuerza el volante y aterricé. Escuché desde fuera como alguien maldecía mi
nombre. Mierda. Me han pillado.
-
Voy a aparcar dentro del garaje. – dije
mirándola a los ojos – Sal corriendo y escóndete. Dudo que sepa que hay alguien
más en la avioneta. Somos muy pocos los que sabemos volar.
Ella asintió con la cabeza. Notaba el nerviosismo en sus
manos. Pero también sabía que le encantaba el peligro. Dejé la avioneta y
______ bajó rápidamente. Yo me quedé fuera, vigilando a que nadie la viera.
Entonces por el lado opuesto al que ella había desaparecido, apareció el
comandante. Mierda.
-
Espero que tenga una buena explicación para el
uso de esta avioneta militar en plena madrugada. – dijo en tono amenazante
Caminó lentamente hacia mí. Yo estaba en posición firme. Con
mi mano derecha en la frente y mirando hacia adelante.
-
Lo siento, mi comandante. No tengo escusas.
-
¿¡Quién más iba con usted!? - gritó
-
He venido solo, comandante.
-
¡No me trago tus sucias mentiras de hombre
blanco! ¿Has venido con la enfermera, verdad?
-
Le juro que la señorita Tara no ha estado aquí,
comandante.
Se puso delante de mí y con las manos en su espalda.
-
Como usted ya sabe, no soportamos a los
mentirosos. Si no va a decirme con quién ha estado, usted pagará por ambos. Hoy
hará guardia toda la noche delante de la puerta principal.
Se dio la vuelta y desapareció. Relajé el cuerpo y corrí
hacia donde había ido ella. La busqué entre las otras avionetas y la encontré
detrás de una de las sábanas. Al verme
me sonrió.
-
¿Se ha ido?
-
Sí. Estamos solos ahora.
Notó mis segundas en la frase. Se acercó a mí y dejé caer mi
respiración en sus hombros. La añoraba tanto. Quería sus besos. Quería que
fuera mía.
-
Deja de hacer eso. – me dijo
-
¿El qué?
-
Sabes perfectamente lo que estás haciendo. –
sonrió – Provocarme.
Relamió sus labios y no pude evitar desviar la mirada hacia
ellos.
-
Eres tú la que me provoca.
Volvió a sonreír. Le encantaba provocarme. Le encanta
seducirme. Le encanta manipularme. Hacer que todos mis sentidos se centren en
ella.
Di un paso más hacia ella. La miré a los ojos. Hinché mi
pecho de su olor y metí un mechón de su pelo tras la oreja. Era preciosa. Llevé
mi mano hacia su mentón y lo alcé. Acerqué mis labios y los rocé con los suyos.
Estaba a punto de besarla. Ella levó sus manos tras mi cuello. Era el momento.
Entonces escuché como la puerta del garaje se abría. Mierda.
Mierda. Mierda. Alguien iba a vernos. Maldecí a todos los Dioses y cerré los ojos.
La cogí de la mano y empezamos a correr hacia la puerta trasera. Mi oportunidad
de besarla se había ido.
JOOOOODEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEER! AMAZING! Vuelvo a disfrutar de cada capítulo como lo hacia al principio de todo... como antes de que se besaran por primera vez. Pero ahora es mas emocionante; hay mas peligro, mas aventura, mas pasion, mas amor... ooooh! ME. HA. EN. CAN. TA. DO. jijij Quiero a un Harry así en mi vida... PORFAVOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOR!
ResponEliminaYO TAMBIEN QUIERO UN HARRY EN MI VIDA. Y LO PEOR DE TODO ES QUE ME FRUSTRO CON LA FANFIC Y ESTA FANFIC ES MÍAAAA.
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