divendres, 19 de juliol del 2013

Capítulo 30

La piscina estaba enfrente de mí. Tenía tres metros de profundidad. El entrenamiento consentía en lanzarnos desde la capsula, colocada en una rampa de dos metros. Esta era recubierta de metal y asientos rojos. No mucho más pequeño que la mitad de un coche. Cerrada herméticamente para que no entrara el agua. La capsula bajaría por la rampa y quedaríamos hundidos en el fondo de la piscina.
Llegó mi turno. Todos me miraban expectantes. Subí las escaleras y llegué a la tarima de madrea. Subí la puerta de metal, entré en la capsula y cerré detrás de mí. Tiré de la palanca para sellarlo contra el agua. El general me dio un asentimiento con la cabeza y yo le imité. Vi como todo a mi alrededor se movía y la capsula caía en el agua. Tocó el fondo de la piscina y supe que era el momento de intentar salir. Tenía exactamente un minuto antes de que la cápsula petara y empezara a entrar agua. Y tenía otro minuto más antes de ahogarme.
Golpeé la puerta, pero ya no se podía desbloquear. Intenté romper el cristal y me di cuenta de que era plástico. El plástico no se rompe, imbécil. Busqué alguna llave para poder abrir la puerta desde dentro. La guantera vacía, el suelo vacío y notaba como empezaba a ponerme nervioso. Mis manos temblaban en busca de alguna salida. Piensa, Harry. Una gota de agua cayó en mi nariz. Miré el techo y había una pequeña ventanilla. Lo suficiente grande como para meterme. Di golpes sobre el techo con el puño, pero ni se inmutó. Coloqué mi espalda sobre el asiento y puse mis pies sobre el techo. Di una patada y toda el agua cayó sobre mí. Tosí en el susto y en menos de dos segundos la cápsula estaría llena de agua. Cerré mi boca y guardé aire en mis pulmones. Subí al techo y me impulsé para salir. Nadé hacia la superficie. Veía las sombras desde dentro. Seguí nadando, hasta poder llegar fuera. Escuché los aplausos y volví a coger el aire. Salí de la piscina y me dejé caer en el suelo. Estaba agotado. Luchar contra la muerte es algo muy duro. Me tiraron una toalla y yo me tapé con ella. Veía como volvían a subir la cápsula y cerraban la ventanilla.
               -          ________ Scott Lee, tu turno.
Hice un grito ahogado y me puse en pie. Ella iba a enfrentarse a eso. No podía dejar que le pasara nada.
Me giré para verla y estaba subiendo las escaleras. Sabía que estaba evitando mi mirada. Se metió en la capsula y cerró la puerta tras de sí. Si en menos de un minuto no salía fuera, me lanzaría al agua a por ella.  La capsula bajó la rampa y mi corazón perdió el norte. Mis manos temblaban y crucé los brazos intentando esconderlo. La capsula ya estaba en el fondo. Medio minuto. Desde fuera se veían burbujas salir. Había empezado a entrarle el agua. Se iba a ahogar. No podía permitirlo. Me quité la toalla y me acerqué a la piscina.
               -          Ni se te ocurra tirarte, Styles. – me dijo el general
               -          Va a ahogarse, señor.
               -          Usted ha tardado minuto y medio y aquí está.
Apreté mis puños y cerré los ojos. Hice un paso atrás y noté como alguien me miraba. Me giré y era Niall. Puso una mano sobre mi hombro.
               -          Algo me dice que no has conocido a esta chica en el ejército. – me susurró para que nadie lo oyera
Volví mi mirada a la piscina. No podía contestarle. No podía expresar mis debilidades. Porque ella era mi debilidad.
Seguí esperando fuera de la piscina. Un minuto. Ahora había dejado de salir burbujas. Mi respiración estaba siendo irregular. Si le pasa algo, todo mi mundo se apaga.
Si la perdía volvería a experimentar lo que siente una hoja en blanco, un vaso sin bebida o un bolígrafo sin tinta. Una bombilla sin electricidad, un libro sin letras, una canción sin música o una película sin sentimientos. Un mapa sin países o una piscina sin agua. Algo inútil, roto, inservible. Experimentar la inutilidad. De ser algo que podría ser mucho, pero sin embargo no es nada. Algo que podría flotar, pero se hunde. Algo que podría brillar, pero se queda en la oscuridad. Algo que podría cantar, pero se queda en silencio. Algo que podría soñar, aprender, aportar o saber, pero se siente vacío. Con la apariencia de estar vivo por fuera y sin embargo, estar muerto por dentro.
El general se giró a mirarme. Asintió con la cabeza. Podía tirarme al agua. Cogí la bombona de oxigeno  y la puse en mi espalda.
Di un paso hacia adelante y me tiré al agua. Abrí los ojos y lo vi todo borroso. Bajé hasta la capsula y la vi apoyada en la puerta por la que había entrado. Había conseguido abrirla. Sabía que me estaba mirando. Dudo que pudiera reconocerme, pero sabía que era yo. Nadé hacia ella y cogí su mano. Estaba muy débil, no podía nadar. Cogí el tubo de oxígeno y lo puse en su boca. La agarré por la cintura y tiré de ella hacia arriba. Estaba débil. Y yo no había hecho nada por evitarlo. Y me mataba saberlo. La subí a la superficie y me dirigí hasta la zona de la piscina no profunda. La senté sobre mi rodilla y la miré. Estaba igual que guapa que el día de la playa, después de haber estado jugando con ella, antes de hacer nuestra primera  apuesta, antes de nuestro primer beso. No podía perderla. Volví a colocar el oxigeno en su boca. Noté como sus ojos se abrían y me observaban en profundidad. Había vuelto. Estaba a salvo. Tiré el tubo y la abracé contra mi pecho. Sabía que todos nos estaban mirando, pero me daba igual. Ella estaba a salvo. Se agarró a mi cintura y noté como daba un beso en mi cuello. Toda mi piel se erizó. La amaba.
La cogí en mis brazos y salí de la piscina.
               -          Llévala a su cuartel. – me dijo el general
Asentí con la cabeza y llevé mis manos a su trasero. Sus piernas caían a través de mis brazos y su cabeza estaba escondida en mi nuca. Sus manos rodearon mi cuello. Me hacía cosquillas su respiración. Sabía que estaba llorando. Y me sentía fatal por eso. Quería decirle que la quería. Que la amaba. Pero no podía asustarla de esa forma.
               -          Estoy aquí. No estás sola.
Agarró con más fuerza el cuello de mi camiseta, mientras seguía notando sus lágrimas caer.
Abrí la puerta de su cuartel y me senté en la cama, con ella sobre mí. Seguía sin soltarme. Con sus piernas rodeándome las caderas. Y no me importaba. Estaría aquí todo el tiempo, hasta que me echara.
               -          No te vayas, Harry. Por favor. – susurró en mi cuello
               -          No voy a volver a irme.
Llevé mis manos a su cintura y la pegué a mi pecho. Notaba su respiración. Como su pecho subía y bajaba acorde al mío. Estábamos completamente empapados. Pequeños mechones caían en su cara. Toda la ropa mojada estaba pegada a nuestros cuerpos. Era completamente para mí. Saqué el mechón que me evitarla verla y lo puse detrás de su oreja. Y pensar que ella odia sus orejas, con lo preciosas que son. Podría pasarme el día acariciándolas.
Nos quedamos diez minutos así. Ella llorando en mi nuca, mientras yo la abrazaba por la espalda y tocaba su pelo. Ella se estremecía cada vez que lo hacía. Luego me miró desde abajo y empezó a acercarse. Yo bajé mi cabeza y noté como su boca rozaba la mía. Llevé mis manos por debajo de su camiseta y rocé su cintura. Era tan suave. Tan dulce. Su boca apretó la mía y noté como se abría. Dejé que mi lengua entrara y notara la suya. Era ella. Era ella mi chica. Era ella de la chica que estaba enamorado. Era ella la mujer que quería para el resto de la eternidad. Era ella a la chica que quería solamente para mí. Dejé que nuestras lenguas se mezclaran, mientras ella me cogía del cuello y me pegaba más a mí. Cerré los ojos y noté como se agarraba más con sus piernas a mí. La notaba tan cerca, pero tan lejos a la vez. Subí mis manos por su espalda, hasta rozar su sujetador. Ella se separó rápidamente al notar mis dedos allí.
               -          Te quiero, ______. No haré nada que tú no quieras. – susurré en su oreja - Soy completamente tuyo. Y déjame pedirte que seas solamente mía.

POV’s ___________ (Tu punto de vista)


A mí siempre me había molestado la típica frase de “eres mía”. Yo nunca había sido de nadie. Y tampoco planeaba serlo. Nunca me había preocupada por ello. Por eso muchos me marcaron de desinteresada. Nunca había querido nada de ellos más allá de un polvo. A ellos nunca los creí míos. Ellos podían hacer cualquier cosa, que a mí nunca me había importado. Desconocía los celos, el sufrimiento, la angustia, el echar de menos. No me importaba tener exclusividad. No quería ser de nadie, ni ser la dueña de nadie. Nadie era imprescindible en mi vida. Si quieres te quedas y si no te vas. Pensé que era mi personalidad. Que nací y moriría así. Pero entonces apareciste tú. Preguntándome si yo era tuya. Y no me molestó que lo dijeras. Porque en cierto modo, era verdad. Porque si no hubiera pensado en ti desde que te fuiste, si no hubiera vuelto a recordar tu olor, si no hubiera dejado de inmortalizar tu risa, si no llorara susurrando tu nombre, si las canciones ya no me recordaran a ti, si cuando entrara en un local no buscara tus ojos, si no me hubiera vuelto loca, si hubiera dejado de escribir sobre ti, si mi mirada hubiera perdido la esperanza; podría decirte que no soy tuya. Pero era tuya. Soy tuya. A ti. Entera. Para siempre. Porque tú para mí lo eres todo. Y no puedo imaginarme la vida compartiéndote con alguien. 

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