Me paso el día entre zancadas y abdominales. Gritos y
collejas. Styles, baja de la nube. Styles, ponte a correr. Styles, veinte
zancadillas más. Y lo peor de todo es saber que ella también lo está
sufriendo. Y la cosa irá a peor. Ayer recibí una carta de Gemma. Decía que las
cosas seguían empeorando. Mamá está bien, pero que me echa de menos. Que se
está haciendo mayor y que la oye gritar mi nombre en el baño. Pero siempre le
dice que estoy bien. Sea donde sea pero estoy cuidando de ellas. Dice que no
cree que no la ayude mucho diciéndole eso. Pero que ya sé, yo era el protector
y el de las palabras bonitas. Aún tiene esperanza de que me llegue esta carta.
Y que no la perderá hasta que un militar pique a la puerta con la gorra en la
mano. Y espera que ese militar sea yo, diciendo que vuelvo a casa. También
comenta que muchos de los soldados de otros territorios habían sido lanzados a
Alemania. Y que pronto lo haría yo. Y que todos los que van allí, nunca
vuelven.
Antes de entrar en el cuerpo, yo odiaba a todos los
militares. Pero mírame ahora, soy uno de ellos. Y daría mi vida por cualquiera
de ellos. Supongo que es así como funciona el ejército. Actuamos por honor y
amor. Pero no hacia a la patria, si no a nuestros compañeros y al resto de la
población. Mama y Gemma pueden dormir relativamente tranquilas. Gracias a mí, a
ellas no les cae una bomba encima de la cabeza. Gracias a mí están a salvo.
Pero he perdido la batalla con _____ aquí. No puedo mantenerla a salvo todo el
tiempo. Y lo intento. Pero no.
Si fuera por mí, pediría que me mandaran a la guerra y me
quedaría de voluntario en el centro de Francia. Pero si fuera por ella,
saltaría la valla electrificada y correría con su mano enlazada. Muy lejos.
Solos. Tal lejos que no volvamos a ver a nadie. Ella y yo. Tenerla a salvo.
Volver a ser felices.
La veo bajar por las escaleras de su cuartel y me sonríe. Le
entrego la bolsa con armas y planta un beso en mi mejilla. Es evidente que
quiere mantener las cosas en secreto. Y me parece mal. Odio a todos estos
desgraciados que se acercan a ella como si tuvieran algo que ofrecerle. Como si
valieran algo a su lado.
Me gusta hacer misiones con ella cerca. Poder tenerle el ojo
encima. Protegerla. Porque es jodidamente imposible concentrarme sin saber que
ella está bien. Subimos a la furgoneta y
otros 5 más. Las tropas de Alemania estaban contra nosotros de nuevo. No tiene
sentido todos lo que estamos aquí. Pagando las culpas de los que están allí
arriba. Como si matarnos entre nosotros arreglara la mierda de sus cabezas.
-
Subirán por parejas en los aviones de asalto.
-Dijo el coronel por el walkie. - Volarán hasta Alemania por los límites de
Francia. No quiero errores.
Apagaron el sonido y nos miramos entre nosotros.
-
Scott Lee, tú con Harry
Sonreí al general Roman y _____ se puso a mi lado. Caminamos
hasta el avión 4. Allí fui a buscar la gasolina de reserva y la munición.
Cuando subí dentro, ella comprobaba los niveles de aceite. Al percibirme se
giró y me sonrió. Se arregló la coleta y se sentó en el asiento de
copiloto.
Me senté de piloto y esperamos órdenes en silencio. No era
necesario decir nada. No era un silencio incómodo. Y dicen que cuando
encuentras a alguien con quien compartir el silencio y no sea incomodo, has
encontrado el amor. Rocé su mano y ella acarició la mía. Entrelacé nuestros
dedos y el walkie sonó.
-
¿Styles, Lee? ¿Estáis en el avión cuatro?
-
Sí, señor. ¿Cuáles son las órdenes?
-
Después de que el avión tres despegue, hágalo usted
también. Ponga el GPS con dirección Alemania. Debe estar a una distancia de
cincuenta pies de los otros aviones o seremos detectados. Cuando estemos
entrando en frontera enemiga recibirán nuevas órdenes.
-
Gracias, general.
Cuando el avión tres despegó, esperé a que me dieran la
señal y lo imité. Después media hora de viaje me quedé mirando el horizonte,
vigilando que el resto de aviones estuviera lo suficiente lejos como para no
alistarnos.
-
¿Recuerdas la última vez que volamos juntos? -
Me preguntó
-
No puedo dejar de recordarlo.
Sonrió.
-
¿Alguna vez has pensado que si pudieras dejarlo
todo y huir conmigo, lo harías?
-
Todos los días.
-
¿Y porque no huimos ahora?
Se quedó en silencio ante mi pregunta.
-
No podemos dejar al resto aquí. No podemos hacerle
eso a Niall, Liam, Zayn o Louis.
-
No les debemos nada, ______. Y créeme que se
alegrarán de saber que alguien ha podido salir de todo esto.
Se quedó mirando al suelo y después suspiró sin saber qué
hacer.
-
Vámonos. – insistí
Me puse en pie. Dejé encendido el piloto automático y busqué
los paracaídas. No permitía un no por respuesta. Lo arriesgaba todo yendo a
Alemania en estas épocas. El cielo estaría lleno de los de su ejército. Unos
cuantos aviones no podrían acabar con todos ellos. Ellos acabarían con
nosotros.
Mientras ella metía en una mochila la comida de reserva, yo
seguí buscando los paracaídas. Estaban colocados en ambos lados de la puerta.
Los cogí y me quedé comprobando que el de ella funcionara. Comprobé luego el
mío y me lo coloqué. Fui a ella y ayudé a ponérselo. Rozando primero sus brazos
y luego sus piernas desde la punta de los pies, hasta el final de su muslo.
Amaba esas piernas. Até con firmeza todos los cinturones y luego besé sus
labios.
-
Te quiero, ______. No sabes cuánto.
-
¿Y si no funciona, Harry? ¿Y si no llegamos a la
orilla? ¿Y si nos morimos congelados en el océano?
-
Por lo menos lo habremos intentado. – agarré su
mano – En Alemania nos hubieran matado igual. Mi hermana me mandó una carta
donde decía que todos los que iban a allí, nunca volvían.
Noté como sus ojos se humedecían y volví a besarla. Apreté
su mano y con la otra abrí la puerta. Noté como me miraba a los ojos. La miré.
Diciéndolo todo. Asentí con la cabeza a modo de pregunta y ella asintió
también. Flexioné mis piernas y salté hacia adelante. Cerré los ojos y noté
como todo el aire consumía mi cuerpo. Abrí los ojos y estábamos cayendo. Solo
veía cielo y a ella llorar. Me estaba mirando. Nuestros dedos se soltaban e
intenté hacer todo lo posible por no perderla. No podíamos perder tiempo
buscándonos en el agua. Pero no pude evitarlo y nuestras manos se separaron.
Ella seguía con los ojos rojos y le dije con la mirada que todo iba a estar
bien. Ella hizo un corazón con sus manos y cerré los ojos.
Y entonces sabes que éste es el final. Que el apellido de
sus hijos no será el tuyo. Que ella no dirá tu nombre cuando le pregunten por
su marido. Que la música solo llevará tu recuerdo. Que dejará de buscarte en
los semáforos rojos. Que no habrá más textos tuyos con su nombre entre líneas.
Que sus ojos no me tendrán reflejándome. Que tendrá el corazón vacío y las
estanterías llenas. Que por lo que un día soñamos con un “quizás” un “quien
sabe” o un “ojalá” ya nunca podrá hacerse realidad. Que le rezará a un Dios al
cual no cree y las paredes harán eco de sus gritos. Pidiendo perdón por algo
que ella no tiene la culpa. Que gastará más dinero en libros que en comida. Que
olerá a libro antiguo, malboro y a mis camisetas anchas. Que beberá café solo con
la escusa de echarle ron.
Y sabes que éste es el final, cuando sabes que le has dado
el único paracaídas que funcionaba. Y tú, héroe que se quedará en el
cementerio, morirás esperando que pueda volver a ser feliz. Maldito desgraciado
que le has dado la vida, pero le quitas las ganas de vivir. Aunque sabes que
podrá volver a ser feliz. Porque sabes que ella recordará que tú querías que lo
hiciera. Que buscará un nuevo tipo que no serás tú. Que tú pasarás a ser el
pasado. Que ninguno de sus hijos sabrá de tu existencia. Que ella te olvidará.
Que se casará en la boda que tú habías soñado. Que volverá a ser ella, aunque
no sea contigo. Y que tú acabarás de morir cuando ella te olvide.
A ti, amor, que dentro
de unos minutos tocaré el agua y sentiré como si traspasara el cemento. A ti,
amor, que no soy capaz de abrir los ojos y pedirte perdón por todo lo que he
hecho. Gracias por hacer que cada parte de mi cuerpo lleve tu nombre. Gracias
por hacerme el hombre más feliz del mundo. Gracias por devolverme la vida. Los
viejos recuerdos se van metiendo en mi oreja y llegan hasta mi mente. Donde te
veo con un bañador negro, diciéndome con la mirada que soy un capullo.
Acariciándote el muslo por primera vez. Cuando hice aquella apuesta contigo. Cuando
soñé contigo. Cuando despertaste en mi pecho por primera vez. Cuando lloraste
en mi hombro. Cuando entrabas sin permiso en mi casa y me hinchabas las
narices. Cuando Adam me hablaba de ti. Cuando todo el mundo me hablaba de ti.
Cuando yo le hablaba a todo el mundo de ti. Cuando mi mundo fuiste tú. Cuando
me despedí de ti. Cuando te di la libélula. Cuando aparecías en mi mente.
Cuando pensaron estaba loco por ti. Cuando yo me di cuenta de que era cierto.
Cuando volviste a buscarme. Cuando volé contigo. Cuando ahora me hago el héroe,
dándote la vida. Con la esperanza de que la aproveches un poco más que yo.
Porque mi vida empezó cuando te conocí. Y ahora mi vida se acaba cuando me
despido de ti. Y quiero que sepas que no me arrepiento de nada de lo que he
hecho contigo. Que te quiero tal y como eres. Que te amo hasta la punta de las
pestañas. Que soy tuyo. Completamente tuyo. Y siento no haber sido exactamente
como tú querías. Pero he intentado hacerte feliz. Y mientras hayas sido una
cuarta parte de lo que tú me has hecho a mí, estoy satisfecho. Porque no sabes
lo mucho que me has llenado. Te amo tanto, mi libélula. Porque eres un ángel
disfrazado. Y me has salvado de mi mismo. Y eras todas las razones de mi
sonrisa. Gracias por dejarme verme reflejado en tus ojos. Gracias por tu amor.
Aunque no haya sido la típica historia de amor que todos quieren vivir. Pero ha
sido nuestra historia. Y quiero dejarla impresa. Aún y solo sea en tu corazón.
Nunca te olvidaré,
Harry Edward Styles.
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