Cuando era pequeño miraba a otras parejas besándose. Veía
como todas y cada una de ellas se quería y se decían cosas al oído para echarse
a carcajear. Siempre que las veía mi madre me decía “ese podrías ser tú dentro
de unos años”. Y sí. O no. No sé qué soy, ni qué estoy haciendo. Quizás hay
madres que nos señalan a ella y a mí para decirles a sus hijos lo mismo que me
dijeron a mí. O quizás simplemente se da al canto que no sabemos lo qué está
pasando. Creo que nunca lo sabremos. Sólo sé que quiero estar con ella.
Y aquí estoy ahora, en el cine más caro de toda España,
porque la niña a la que no he parado de mirar ni un segundo, quería ver esta
película. He podido observar cada parte de su rostro. Está preciosa a oscuras y
con los reflejos de la luz azul. De vez en cuando se gira a mirarme y me dice
algo con respecto a que la deje de intimidar. Bah. No sabe lo que se pierde al
no poder mirarse desde fuera. Ella es perfecta. ¿Y yo? Un jodido ñoño que no sabe
qué está diciendo. Maldita locura.
Acaba la peli y se encienden las luces. Se gira y sonríe.
Desde el primer momento todos sabíamos que con esa sonrisa no podríamos ser
solo amigos.
-
¿Te ha gustado? – pregunté
-
Sí. ¿Y a ti? ¿Te he gustado? – río
-
Mucho
Y otra vez la sonrisa de tonto. Nos levantamos y salimos de
esa larga sala. La llevo a un parque cercano y nos sentamos en un banco. Ya es
de noche. Le paso el brazo por detrás.
-
¿Qué te pasa, Harry?
-
¿A mí? Nada
-
No me mientas. Llevas todo el día raro.
-
Enserio, no me pasa nada. – sonreí
Negó con la cabeza y desvió la mirada al suelo. Por una vez
parece que no tenía más ganas de discutir. Bien. Ahora era el momento de
hacerla reír, antes de que se cabrease. Me levanté del banco y se quedó
mirándome.
-
¿Dónde vas? – me preguntó
-
¿Quieres subir a caballito? – dije con una
sonrisa de oreja a oreja
Ella soltó una carcajada y volvió a mirarme. Sí. Lo estaba
diciendo enserio.
-
Va, súbete.
-
Eres tonto.
-
El tonto que te paga las entradas para la peli
que quieres ver, ¿no?
-
Algo así.
-
Algo así.
La cogí de la mano y la hice subirse al banco. Me puse
delante de ella y le ofrecí mi espalda. Oí una risilla tan propia de ella.
Sonreí. Noté como deslizaba sus manos por mis hombros y se apoyaba en mí. Puse
sus muslos entre mis brazos y pegué un brinco para que se alzase. Volvió a
reír. Me encantaba verla así. Ella la única capaz de hacerme sonreír cuando
están acabando con todo lo que quiero.
Empecé a caminar, intentando centrarme solo en ella. No se
merecía verme mal. No tenía intención de contárselo. Seguí dando pequeños
pasos, pero entonces se escuchó un petardo. Me asusté y tropecé con una piedra.
Mierda. El suelo en mis morros. Me separé del asfalto y fui a mirarla a ella.
Estaba detrás de mí y mirando al suelo. Parece que se había perdido.
-
Perdón, perdón, _________. ¿Estás bien?
-
Sí, sí, estoy bien.- sonrió – Eres un inútil –
echó a reír.
Reí con ella y me alcé del suelo y ayudé a ponerla en pie.
Empecé a caminar y ella se quedó parada. Tenía cara de dolor. Me acerqué a ella y la cogí por las manos.
-
¿Dónde te duele?
No respondía. La cogí con ambas manos, levemente, por la
mandíbula.
-
¿Dónde te duele, _______?
-
En el tobillo.
Me agaché y me paré a mirarlo. Supongo que aquí se demuestra
que no soy ningún médico, porque todo me parecía normal. Pero no lo era. Y todo
era culpa mía. Ella sentía dolor por mi culpa. Por ser un inútil y ella pagaba
las consecuencias.
-
Lo siento, lo siento, lo siento – me acerqué a
ella y la abracé
-
Harry – intentó calmarme – No pasa nada. No es
la primera vez que me tuerzo el tobillo.
Me miró a los ojos y sonrió. Me dio un leve beso en los
labios, aunque no me lo merecía.
-
Déjame llevarte a casa. – susurré
-
Esperaba que lo hicieras. – río – Llévame en
brazos, Harry.
-
¿Y si me caigo otra vez? – me preocupé
-
Pues te levantas. Cómo todo.
La cogí con cuidado y la llevé en brazos hasta el coche. La
senté delante y le cerré la puerta. Y mientras iba hacia la mía, tuve que
despejarme la cabeza un par de veces sacudiendo mi cabello. Entré en el coche y
me sonrío. Increíble. Encendí el coche y empezó a andar. Conducía despacio, con
la intención de no cometer más errores por hoy. Llegamos a su portal y me pidió
que subiera. Soy incapaz de decirle que no.
-
¿Quieres ver la tele? – me preguntó
-
Tienes que dormir – sugerí
Alzó la ceja y sonrió. Me cogió de la mano y caminó
lentamente hasta la cama. Se tumbó en ella y yo me quedé sentado a su lado en
el suelo.
-
Métete en la cama, Styles.
-
No me lo merezco
-
Harry, no te culpes más
-
Tengo la culpa, _______.
-
No. Y cállate ya.
Agaché la mirada y le cogí la mano. Ella se puso a
acariciarla y a hacer leves círculos sobre la palma.
-
Cuéntame que te pasa- me pidió
-
No creo qu-
-
Me da igual lo que creas. Cuéntamelo. Me jode
más verte mal y no saber por qué.
-
No sé, _______.
Suspiró y le besé la mano. Olía a lavanda. Puso un dedo
sobre mi pelo y empezó a darle vueltas a un rizo.
-
Bueno… Pues, la vida en Londres no está bien,
por así decirlo.
-
¿Tú eras de allí, no?
-
Sí. Y mi madre y mi hermana están allí. –
silencio – Las cosas se están poniendo feas. Han puesto por todo el país varias
fronteras. Nadie puede entrar ni salir. Tienen poca agua y escasa luz. Mi madre
esta volviéndose loca por minutos. – volví a suspirar - Me encantaría coger un
avión y volar hasta allí.
Otro leve silencio. Me miró en el fondo de los ojos y me
dijo con el pestañeo que lo sentía. No se necesitan más palabras.
-
¿Me das un beso, ______? – empezaron a ponérseme
los ojos vidriosos
Se levantó de la cama y se agachó hasta ponerse a mi altura.
Se sentó delante de mí y deslizó sus manos hasta mi nuca. Llevé mis manos hasta
su cintura y se pegó a mí. Me dio un beso en los labios. Lo necesitaba. Abría y
cerraba lentamente su boca junto a la mía. Todo esto era demasiado para mí.
Sólo necesitaba amor.
Acabó de besarme y me miró a los ojos.
-
Sube a la cama, anda.
-
Quédate durmiendo aquí, conmigo, entre mis
brazos.
Se paró a pensarlo medio segundo y seguidamente aceptó. Se
puso el pelo a un lado y se metió entre mis piernas. Apoyó su cabeza sobre mi
pecho y yo la olí. La quería. La abracé y apoyé mi cabeza con la intención de
no poder hacerle daño. Respiré. Todo saldría bien.