dimarts, 9 de juliol del 2013

Capítulo 26

POV's ______ (Tu punto  de vista)

Tatiana estaba aquí. No podía creérmelo aún. Ahora sí sabía que iba a sobrevivir. Tenía todo lo que quería dentro del campamento. No iba a dejar que nada me impidiera ser feliz. Volver a sentirme quién yo era. Ahora mi mirada ya no estaba vacía. Sólo tenía que ver a Harry. Que me sonría y me abrace. Saber que él está bien. Que todo mi sufrimiento ha valido la pena. Que quererle no ha estado en vano.
Seguí caminando por la tierra seca y coloqué el asa de la mochila en mi hombro. Me paré delante de una caseta, tenía un letrero azul. Pero no podía descifrar lo escrito por la suciedad. Me hice bien la coleta y subí las escaleras. Toqué la puerta y me gritaron desde dentro. Entré y un hombre me miraba desde su silla. Podría tener unos cuarenta años largos. Eso, o la guerra lo habían hecho envejecer. Tenía todo el cuerpo musculado, y con sus ojos marrones me intimidó hasta el más grande recuerdo. Analizaba cada movimiento. Cómo si yo fuera una amenaza. Me hizo sentarme en la silla delante de él y cruzó sus brazos.
          -          Buenos días. – dije – Quería alistarme en el ejército.
          -          Mire señorita, con todos mis respetos, no aceptamos a chicas en estos momentos. Como ya sabrá, estamos delante de una guerra y no podemos permitirnos debilidades.
Noté como el músculo de mi mandíbula se tensaba. Todos sabíamos que esto iba a pasar.
          -          Lo siento, pero no le admito llamarme débil. Soy una ciudadana más de mi querido país. – mentí – No me han hecho ninguna prueba física, ni mental, como para acusarme de que no valgo para ello.
          -          ¿Está bromeando? ¡¿Cómo va a llevar armas de veinte quilos con esos brazos diminutos?! ¡¿Cómo piensa usted lanzar granadas a más de cuarenta metros?! ¡Esto no es un trabajo de manualidades! ¡No puedo poner a todo mi ejército en peligro porque usted quiera venir de heroína! – se levantó de la silla – ¡Siempre las mujeres hacen lo mismo! ¡Usted solo ha venido aquí para llevarse todos los méritos! ¡Únicamente quiere que la entrenemos, y cuando ganemos la guerra usted se llevará todos los méritos, por ser una mujer, la primera mujer que va a la guerra!
          -          ¡Eso no es cierto, general! ¡No soy la primera mujer que va a la guerra! ¡Tengo los mismos derechos que todos los que están aquí! – grité - ¿Cómo puede pensar usted que voy a quedarme tranquila en mi casa mientras sé que van a tirar bombas sobre mi cabeza? ¿Puede usted pensar que me voy a quedar de brazos cruzados mientras hay gente apuñalándose en las calles por conseguir comida? ¿Cree usted que me reconforta ver a toda mi familia en peligro? ¡Pero esto no se trata de mí, ni de los míos, ni de ustedes! ¡Se trata de todos nosotros! ¡Quiero que toda esta porquería acabe de una vez! ¡La gente se despide de sus hijos porque van a ir a la guerra, sin saber si será la última vez que los vea! ¡La gente de hoy en día se ha educado para competir en solitario, únicamente quieren llegar a su meta solos! ¡Y para ganar no tienes estar solo, general! ¡Y todo esto lo explican ustedes aquí! ¡Se trata de compañerismo! ¡No quiero lloriquear por un sueldo que me ahoga, ni por que las cosas no salgan como yo quiero! ¡No formo parte de la sociedad que están montando! ¡Si hay guerras es a causa de ello! ¡No me consiento ser una más que vive en la ignorancia y se conforma con vivir sufriendo! ¡Si voy a morir, quiero que sea luchando! ¡Y discúlpeme si por ser una mujer debería acceder a sentarme y llorar! ¡No soy débil, general!– suspiré – La gente se llena con la esperanza que algún día nos volverán a ver. Pero yo estoy cansada de esperar a ver qué pasa. No he venido al mundo a esperar que los demás hagan algo por mí. Quiero ganarme mi vida. – hubo un silencio – Usted tampoco está aquí por diversión, mi general. Usted siente amor, pasión y honor por su patria. Estoy segura de que allí fuera hay alguien a quién protege. Déjeme a mí proteger a los míos. A mí ya me han robado todos mis sueños, pero no pienso permitir que se los quiten también a mis futuros hijos.
Hizo un gran suspiro y volvió a sentarse en la silla. Entrecruzó sus dedos y volvió a mirarme.
          -          Nunca nadie ha tenido el valor de decirme que no estoy haciendo bien mi trabajo. Y usted lo está haciendo ahora mismo por no incluir mujeres en el ejército. – tragué saliva.- Y me alegro de que haya tenido el valor de recordarme por todo lo que mi ejército lucha día a día. Supongo que muchos de ellos luchan porque lo deben hacer. Pero usted demuestra que no está aquí por simple aburrimiento. – Sacó unos papeles de su cajón – Le haremos las pruebas físicas después del mediodía. A las tres en punto. Puede dejar todas sus cosas en el cuartel de mujeres. Cuartel 15. – me pasó los papeles y un bolígrafo – Relléneme estos papeles y déjeme ver su carnet de identidad.
Respiré hondo y saqué de mi mochila el carnet. Se lo entregué y dirigí mi vista a los papeles. No quería que viera las mentiras en mis ojos. Pareció satisfecho y me devolvió el carnet. Le sonreí sin sacar a ver mis dientes y lo guardé. Seguí escribiendo, él se levantó del asiento y empezó a hablar con alguien por teléfono.
Terminé los papeles y se los dejé en la mesa. Me despedí de él con una sonrisa y cerré la puerta de su cuartel. Noté que había estado aguantando la respiración todo el tiempo. Dejé que toda la tensión cayera y bajé las escaleras. Tenía que encontrar a Harry. Y la forma más directa de encontrarle era Tatiana. Ella debía conocerle. Debía conocer a todos los del campamento.
Busqué el cuartel 15 y entré dentro. Todo estaba oscuro. Pequeños rayos de sol entraban por las persianas de madera. Dejé mis bolsas en el suelo y abrí las persianas. Dejé entrar el aire para ventilar el olor a humedad y ratas. Puse mis cosas sobre la cama y entonces me di cuenta de que iba a vivir rodeada de mierda. Bebí agua y la escondí por la cama. Salí del cuartel, en busca de algún rastro de Harry. Pero apenas había hombres en el campamento. Debían estar de misión. Y cerré los ojos pensando en lo peor. Harry, por favor, mantente vivo.
Llegué a la enfermería y me encontré sentada en una silla a Tatiana. Corrí hacia ella y la abracé. Me prometí a mi misma que no iba a llorar. Ahora tenía que ser fuerte. Besó mi frente y se acercó a un armario.
          -          Tengo algo para ti. – me dijo mientras sacaba ropas de militar. – Un uniforme de tu talla. Deberías estar agradecida por ello. Todos los demás te hubieran dado ropas de hombre. 
          -          Gracias – sonreí
Se acercó y me dio la ropa. Me cambié mientras ella se iba a su habitación. Cuando terminé de atarme las botas militares, ella salió con la caja de zapatos. Mierda. Era LA caja de zapatos. NUESTRA caja. Nuestro reto.
          -          Tatiana… - susurré
          -          No me llames así. Ahora he hecho que me llamen Tara. – llevó sus ojos a la caja – Dime, ¿tienes la tuya?
          -          No. – dije casi inaudible- La quemé cuando me despedí de él.
          -          ¿Por qué?
          -          No quiero recordar a ningún hombre más, Tara. Sólo quiero que sea él.
Hubo un silencio. Luego sonrió y volvió a guardar la caja.
          -          ¿Estás segura de que él está aquí?
          -          Sí. Lo sé.
          -          Entonces seguro que lo conoceré. ¿Cuál es su nombre?
          -          Harry.
Noté como su mandíbula se contraía y tragaba saliva con dificultad. Algo no estaba bien.
          -          ¿Y su apellido? – me dijo marcando cada palabra.
Apoyé mi peso sobre las dos piernas y me rasqué la nuca.
          -          Será mejor que me vaya. – no quería saber lo que ella me tenía que decir. – Tengo que buscar algo de comer y hacer las pruebas físicas.
          -          Pero, ______...
Sonreí con nerviosismo.
          -          No podemos referirnos al mismo Harry. Hay muchos Harrys aquí. Seguro. – mi voz temblaba.
No quería imaginarme lo que Tatiana podría decirme. Harry. Harry no podía haber muerto. Él tenía que estar vivo. Salí de la enfermería casi corriendo. Fui en busca del baño y me apoyé sobre el retrete. Las arcadas empezaron. Esto no era lo que yo había planeado. Nada de esto era lo que yo quería. Harry debería estar aquí. Desde el primer pie que puse aquí dentro, él ya debería haberme visto. Saqué todo lo que tenía dentro y me limpié la cara. Me quedé apoyada sobre la pica y mientras miraba mi rostro en el espejo. Pequeños mechones caían sobre mi cara. Iba a quedarme sin pelo. Todos lo sabíamos. Si quería estar en el ejército, debería ser una más. Pero a mí no me iba eso de las normas.
Mojé todo mi pelo e hice una coleta alta. Me llené el pelo de horquillas y agua. La puerta del baño se abrió y un chico moreno entró. Se quedó mirándome con los ojos bien abiertos. Yo no iba a dejar que ninguno de ellos me intimidara.
          -          ¿Qué te pasa? – grité - ¿Nunca has visto a una tía?
Salí del baño dando un golpe con mis pies. Ya lo dijo Derek, nada de lo de aquí iba a ser fácil. No sin Harry. Sólo quería encontrarlo. Estaba vivo.
Bajé las escaleras en busca del comedor. Después de media hora pude dar con él. Entré y noté como miles de ojos se posaban sobre mí. La noticia de que una mujer estaba en el ejército había sido transmitida con mucha más rapidez de lo que pensaba. Busqué los ojos verdes de Harry por el comedor, pero no había rastro de él. Un nudo en mi garganta apareció. Tenía miedo de qué era lo que Tara iba a contarme. Pestañeé y cogí una bandeja. Las cocineras me miraron con incredulidad y posaron la comida sobre la bandeja. Comer hierba debía tener mejor pinta que esto. Me senté en una mesa vacía y empecé a comer. Sólo comería hidratos de carbono. Nada de grasas. Necesitaba tener a todo mi organismo preparado para las pruebas del general. Pero entonces noté como alguien se sentaba a mi lado y puse mi mayor cara de asco. Alcé una ceja y me choqué con unos ojos grises. Me sonreía con picardía. Intentando intimidarme.
           -          ¿Qué? – espeté
          -          ¿Qué hace una chica tan guapa como tú en un sitio como este? – dijo pegándose a mí. Mi garganta se contrajo. No estaba para gilipolleces ni para gilipollas.
          -          Mira. – sonreí lo más falsamente que pude – No sé a qué tipo de tías te follas tú, pero ten muy claro que yo no voy a ser una de ellas.
Me separé de él y agarré con fuerza mis cubiertos. Él volvió a pegarse a mí y noté su aliento caer sobre mi cuello. Ojalá Harry estuviera aquí. Ojalá Harry le partiera la cara ahora mismo. Volví a llevar mis ojos al gilipollas de mi derecha y me puse en pie.
          -          ¡Me importa una mierda que todos los de aquí seáis pollas con patas y que penséis que yo soy vuestro blanco! – se hizo un silencio en la sala. Todos me estaban escuchando. – Ni se os ocurra poner una mano encima de mí. Porque os juro que una mujer con mala hostia da más miedo que el propio general. – apreté mis dientes con fuerza y le miré – Una polla no os hace más poderosos.
Unté mi mano en el puré y lo arrastré en su cara. Noté como su mandíbula se apretaba. Se puso de pie, sacándome un par de cabezas. No me intimidaba. Se limpió la cara con la manga. Vi como todos nos miraban. Era mi momento para que me respetaran.
          -          Machito, – marqué cada letra – te hacías llamar, ¿no? Soy tu peor pesadilla. – me subí en el banco, quedando a su altura – Todas las mujeres somos vuestra peor pesadilla. ¿Crees que puedes arreglarlo dándome una hostia? – sus puños se apretaban cada vez más con mis palabras – Si me pegas ahora quedarás como el maltratador. “Pega a las mujeres.” –hice una pausa - ¿O tu honor va a permanecer si me dejas ir después de haber quedado por encima de ti? Tú. El hombre. El que ha sido vencido por una chica. – sonreí mostrando todos mis dientes. – No debiste acercarte a mí. Ninguno de vosotros deberías plantar un ojo encima de mí. Tenéis todas las de perder.
Noté como toda la sala estaba en silencio. Me bajé del banco y tiré mi comida en la basura. Di un portazo con la puerta y escuché como dentro se hacían los gritos. Me importa una mierda todo lo que puedan decir de mí. Ninguno ha tenido el valor de enfrentarse. Ninguno tiene mejores definiciones que yo. Ninguno tiene el valor de hacerme callar. Ahora sí estaba preparada para la guerra. Estoy cansada de tenerlo todo fácil. Quiero que alguien me plante una buena hostia y me haga darme cuenta de mis errores.
Miré el reloj y ya se acercaba la hora de mi prueba física. Caminé hasta el lugar. Pateando las piedras. Mirando  al cielo. Esperando ver a Harry. Olerlo. Sentirlo. O cualquier cosa que me hiciera despertar todos mis sentidos. Me senté en la escalera a esperar y noté unos pasos cerca de mí. Levanté la vista y era Tatiana. Sonreí. No podía creerme que estuviera allí.
          -          Todos los Harrys de este campamento están vivos. – me sonrió
Mi mirada se llenó de alegría. Harry estaba vivo. Pero aún y así sabía que algo no estaba bien. Pero no me importaba, porque yo iba a hacer que ello cambiara. Era momento de volver a vivir. Podría volver a respirar tranquila. De notar los labios de Harry. Su sonrisa. Su olor.
Abracé a Tatiana.
          -          Gracias. – susurré
          -          Suerte. – me dijo
Me giré y el general estaba esperando. El comandante a su lado. Respiré hondo y me llené de valentía. Lo conseguiría. Había acabado ser la débil. Dejar que todos me superen. Esto no se trata solamente de Harry. Se trata sobre mí. De superarme. Estoy cansada de nunca hacer nada nuevo. De no sorprenderme a mí misma. De no confiar. Y para ello estaba aquí.
Me acompañaron hasta el campo militar. Allí vi como estaban creadas todas las pruebas. Analicé el ambiente. Calor. Aire hacia el norte. Coloqué bien mi gorra, esperando que no se me escapara ningún pelo y llené mis manos de arena para no resbalar.
         -          Estoy preparada. – dije
         -          Ponte en el reactor uno y cuando suene la campana empiezas. Tienes exactamente media hora para hacer el recorrido. Ha sido ajustado a tu altura y condiciones naturales. Suerte.
Noté cierta burla en los ojos del comandante. Caminé hasta el reactor uno y me apoyé en mi rodilla derecha. Lista. Pestañeé una última vez y la campana sonó. Mis pies empezaron a correr. Escalar montaña. Debía coger una velocidad mínima de ocho para poder agarrar la primera piedra y escalar. Corrí tanto como pude y pegué un salto. Me agarré con mi mano izquierda y me impulsé de nuevo hacia arriba apoyando mis pies sobre la pared. Notaba como sus ojos me observaban intimidantes. Levanté mi mano derecha y la metí en el agujero. Mis pies quedaron colgando. Pensaba que se me estaban agotando las fuerzas, pero entonces puse mi pie sobre la piedra y con todo mi empeño me agarré a la tarima. Di gracias a Dios por haberme embadurnado de arena y así no resbalar ahora. Di un segundo empujón y estabilicé mi cuerpo sobre el suelo. Me puse en pie y me dejé caer. Rodillas flexionadas o me lesionaría. Noté como el suelo llegaba a mí y todo mi peso cargaba mi columna.
Volví a correr hasta el siguiente reactor. Redes. Cerré bien mi boca y me tiré al suelo. Todo esto suponía que no debía ser alistada. Me deslicé por el barro, manchando bien mis rodillas y dejándome la piel de mis codos. Pero entonces noté como mi pelo me impedía seguir. Se había quedado atascado en la red. Mierda. Intenté desenredarlo de un tirón, pero no funcionó. Saqué mi navaja y corté el mechón enredado. Ya me arrepentiría después. Salí de allí lo más rápido que pude y corrí de nuevo. Notaba como ya el sudor caía sobre mi cara.
Subí el árbol plantado. Un pie tras otro. A la tercera rama, esta se rompió y perdí el equilibrio. Me quedé colgando por estar amarrada a las ramas. Volví a colocar mis pies y seguí subiendo. Miré el suelo y vi como todo se tambaleaba. Alturas. No mi gran aliado. Tragué saliva y miré mi camino. No lleves la vista al suelo, me repetía. Caminé por las ramas marcadas hasta llegar al siguiente reactor.
Visualicé una tirolina. Debía coger velocidad. En las últimas rampas pegué nuevos saltos y me deslicé por la plataforma. Agarré la tirolina y recé para que mis dedos no resbalaran. Pero la fuerza en mis brazos no era la suficiente y caí al agua. Me mojé entera. Esto iba a hacer el doble de difícil acabar el recorrido. Corrí hasta la pared de la plataforma y me impulsé hacia arriba y coger la tirolina. Subí mis piernas lo más alto que pude para darme velocidad. Noté como mi cuerpo llegaba a la siguiente plataforma. Mis fuerzas se estaban agotando, pero no me permitía pensarlo. Iba a exprimirme.
Corrí de nuevo y deslicé mis pies por las ruedas de camión alineadas en una recta. Levantando bien las rodillas para no tropezar. La vista era mi mejor aliado. Seguí corriendo y vi que la última prueba era en una piscina. Al final de ella había una verja. Tenía que abrirla. Y para ella necesitaría una llave. La llave debe estar dentro de la piscina. Me concentré en pensar una forma de verlas rápidamente. Sabía que no me quedaban mucho más de cinco minutos. Las llaves tienen una densidad superior a la del agua. Debía rastrear la piscina desde abajo. Era la última prueba. Y lo iba a conseguir. Me lancé al agua intentando no hacer mucha corriente y abrí los ojos dentro. No noté ninguna forma llamativa. Nadé hacia el fondo y di una vuelta de 360 grados. Y entonces vi algo que brillaba. Nadé rápidamente hacia ella y lo cogí. Salí rápidamente a la superficie para observarlo. La llave. Nadé tan deprisa como pude hasta salir de la piscina. Coloqué la llave en la cerradura y la giré. Tiré del pomo, pero seguía bloqueada. Esto era el colmo. Di dos pasos hacia atrás y lancé con toda mi fuerza mi pie sobre el pomo. Éste cayó y la puerta se abrió. Impulsada por una fuerza que desconocía tener, toqué la campana. Dos segundos después de caer al suelo una alarma sonó. Había entrado en el tiempo.

Estaba dentro del ejército. 

dilluns, 8 de juliol del 2013

Capítulo 25

POV’s_________ (Tu punto de vista)
Nunca estoy preparada para las despedidas. Pero tampoco estoy dispuesta a las bienvenidas. No soporto esa sensación de mareo constante. De tener la selva salvaje en mi estomago. La necesidad de ir cada dos por tres al baño. Tampoco estoy preparada para pensar en Harry y tener a mi derecha a Derek. Sentía que le fallaba. Nunca había sentido algo como esto. Nunca había sentido nada. No había sentido que yo le pertenecía a alguien. No de ese modo posesivo, pero en cierto modo sabía que yo era suya y él mío. Nadie podría cambiar eso. O eso me gustaba pensar. Aunque dentro de mí sabía que algo no iba bien. Pero no tenía miedo. Nada era peor que yo. Yo era el demonio en la tierra. Y siempre amaría la búsqueda de problemas. Por eso me enamoré de Harry.
Enseñé mi identificación falsa, pagué mi billete y entré en el autobús. Derek iba delante de mí. Se giró a verme y sonrió. Me senté a su lado con el corazón hinchado. No podía explicar lo que sentía. Y mientras sonaba la música de mis cascos y la compartía con Derek, decidí escribir un par de líneas. Calmar mi mente. Llevaba mucho tiempo sin escribir. Y la gente que escribe diariamente, sabe que cuando pasas un tiempo sin hacerlo, se hace una eternidad. Y por no hablar de que me sentía vacía sin él. Cogí una tarjetilla de mi monedero y empecé a escribir con la pluma que tenía Derek en su bolsillo. Cuando terminé la doblé hasta que fuera ilegible desde fuera y la guardé en  mi bolsillo trasero.
Fuera presiones. Hoy era el día.
Noté como Derek me miraba y giré mi cabeza para toparme con sus ojos. Fruncí el ceño.
           -          ¿Qué pasa? – dije seguido de una sonrisa
           -          ¿Te duele la espalda?
           -          Bueno… - me extrañé a la pregunta – Sí. Pero siempre me duele.
           -          Tienes los hombros tensos. – suspiró y luego sonrió – Va. Ponte de lado que te hago un masaje.
Saqué una sonrisa cruzada e hice crujir mi cuello. Me puse de lado y noté como posaba sus manos calientes sobre mi piel. Hizo presión con su pulgar sobre mis músculos y me estremecí al tacto. Siguió dando círculos alrededor  de toda mi espalda. Notaba como todas mis contracturas giraban alrededor de sus dedos. Oh, maravillosos dedos. Mantenía mis ojos cerrados. Sus manos eran increíbles. Había olvidado como de bien sentía el contacto humano. Durante este tiempo había estado creando un muro contra toda la gente, pero siempre he sabido que necesito amar y ser amada. Pero el problema es que solo quiero que lo traspase Harry. Derek tenía un don para esto.
           -          Como seas igual de bueno para el periodismo que para esto, debes de forrarte. – dije
           -          Oh, no. Créeme que no. No soy ni la mitad de bueno. – rió – Pero soy igual de bueno en la cama. Imagínate que podría hacer con estos dedos.
Solté una carcajada y removí la cabeza. Ambos sabíamos que no iba a pasar. Él acabó con el masaje y yo descargué mis hombros.
           -          Gracias. – susurré demasiado cerca de su oreja
           -          Ya te haré pagármelas.
Me quedé mirándolo. Sus ojos penetraban más de lo que yo daba a ver. Y sin darme cuenta de la cercanía, notaba como su aliento caía sobre mi boca. Cogió un mechón de mi cara y lo puso detrás de mi oreja. Vi su sonrisa aparecer. Pestañeé y me aparté. Apoyé mi cabeza sobre su hombro y cerré los ojos.
Desperté con la cabeza de Derek apoyada sobre la mía. Me moví y se despertó. Le sonreí pidiendo perdón y se frotó los ojos. Subí mi pierna derecha al asiento y me até bien los cordones. El bus nos dejaba a tres quilómetros de Cheshire. Y Derek seguía encabezonado de que me escoltaría hasta allí.
           -          No hace falta que me acompañes hasta allí, Derek. No quiero ser una molestia.
           -          Nunca serás ninguna molestia, ______. – penetró sus ojos azules dentro de mí
Me giré sobre el asiento para mirarle seriamente.
           -          No. – empecé a decir – No quiero que me acompañes. Bastante has hecho ya. Enserio. He molestado lo suficiente y no quiero ser una carga. Y además, quién sabe, si entras allí ya no puedas salir. No quiero que eso te pase a ti.
Él hizo una mueca con su boca y suspiró.
           -          Está bien.
Sonreí y empecé a recoger mis cosas. Paré un momento y le miré.
           -          Gracias por todo. – le susurré en la oreja mientras le abrazaba amarrada en su cuello. Él me pegó a su torso y noté como su respiración caía sobre mí.
           -          Nada de lo que hay allí dentro es fácil. Júrame que vas a luchar.
           -          Voy a luchar. Te lo juro.
           -          Lucharás contra todo. Vas a salir viva. –frotó mi cabeza
           -          Te lo prometo.
Me levanté del asiento y el bus paró en seco. Bajé las escaleritas y cuando llegué al suelo noté como me cogían del brazo. Me giré y me encontré a Derek. Bajó su último escalón y me cogió el rostro. Me pegó a él y noté como sus labios rozaban los míos. Pensé en apartarme, pero no lo hice. Supongo que esta era la manera de darle las gracias por salvarme la vida. Noté como su lengua rozaba la mía y me dejé llevar. Era completamente diferente a Harry. Se tomaba su tiempo para saborearme. Puse mis manos en su cintura y él se separó cogiendo algo de aire. Me miró con sus ojos y noté como me vaciaba por dentro. Era la despedida.
El autobús dio un pitido con el claxon y Derek metió un papel entre mis manos. Me dio un último abrazo y plantó un beso sobre mi frente. Él subió al autobús y arrancó. Yo me quedé allí por un par de segundos. Mirando como el bus se hacía cada vez más pequeño. Me sentía mal por lo que acaba de hacer. Sentía que defraudaba a Harry y aún y así no podía hacer feliz a Derek. Yo estaba completamente vacía. Suspiré y cogí con fuerza mis bolsas. Abrí el papelito de Derek mientras caminaba. Había nueve números escritos. Su número de teléfono. Estaba segura de que él quería que le llamara cuando saliera de aquí. Porque le prometí que saldría.
Seguí avanzando, dando golpes con mis botas a las piedras. Llegué a una gran vaya cargada de electricidad. A ambos lados de la barra que daba paso al otro lado, estaban dos militares. Me miraban con incredulidad.
           -          ¿Te has perdido? – me dijo uno de ellos
           -          Vengo para alistarme en el ejército. – dije firmemente
Me miraron de arriba abajo y pude ver la burla en sus ojos.
           -          La pastelería está dos millas más abajo. - rieron
           -          Hablo enserio. Quiero ver al general.
           -          Como desee la señorita.
El más alto de ellos me hizo pasar la barra y me acompañó hasta la siguiente puerta.
           -          Sigue recto hasta que veas la enfermería. Entonces gira a la derecha y pregunta por el general.
           -          Gracias.
Seguí caminando y noté como él se alejaba. El aire de allí era completamente seco. Notaba como toda mi ropa se pegaba a mí por el calor. Caminé recto y entonces vi la enfermería. Me quedé allí por un momento. Algo me decía que no todo estaba bien. Y entonces vi como la puerta se abría. Una chica salía de allí. Me quedé helada. Toda mi sangre se quedó quieta. Mi corazón olvidó su latido parasimpático y mis maletas cayeron al suelo. Los pelos de mi nuca se erizaron  y vi como su boca se abría a modo de sorpresa. Mis piernas flojeaban.
           -          ¿Tatiana? – susurré
           -          ¿______? – gritó ella
Vi como corría hacia mí y la abracé. Noté como todo el dolor se desprendía de mí en lágrimas. No podía seguir siendo fuerte. Había estado demasiado tiempo sin un apoyo. Un apoyo que solamente lo había llenado ella. La abracé más fuerte y noté como ella también lloraba. Nos separamos y sequé mis lágrimas.
           -          ¿Se puede saber qué haces aquí? – le dije
           -          ¡Soy la enfermera del campamento! – me dijo sonriendo - ¿Y tú qué?
           -          Vengo a buscar al amor de mi vida. – dije, y ella se echó a reír
           -          Hay que ver lo que has cambiado… - me rozó la mejilla
Volvió a abrazarme. Cogí su cabeza y olí su olor de nuevo. Era ella. Tanto tiempo y seguía queriéndola. Nada había cambiado.
           -          ¿Quién es el afortunado? – me dijo
           -          El chico de los rizos.

Se quedó parada y frunció el ceño. 
           -          ¿Sabes que cuando entrar en el ejercito, les rapan el pelo?
Mierda. Mierda. No. No. No. No. A Harry no le podían rapar el pelo. No. Debía haber una excepción. Su madre debió haber venido a reclamar. No. Harry. Mi Harry.
          -          Tengo que ir a alistarme – cogí de nuevo mis maletas
          -          Sigue por allí – me señaló con sus largas uñas rojas – Y cuando veas el letrero azul, entra.
Sonreí y empecé a caminar. 

dimarts, 2 de juliol del 2013

Capítulo 24

Abrí los ojos y noté como todo el alcohol tomado anoche, estaba ahora sobre mi cabeza. Miré a mi alrededor y me tapé la cara con las manos. Estaba en el cuartel. No sabía cómo había llegado hasta aquí. Mi último recuerdo de anoche fue mi beso con Tara. Y fue increíble. Mi cabeza empezaba a creer que podría olvidar a _______. Pero antes de darle más vueltas, el sonido de una trompeta sonó. Me tapé con las manos mis oídos. Mierda. Volvía al entrenamiento. Salté de la cama y cambié mi ropa. Até mis cordones y escuché como la puerta del cuartel se abría. Todos nos pusimos firmes y noté como el general clavaba sus ojos en mí.
           -          ¡Pero a quién tenemos aquí! – me dijo – ¿Podría decirme por qué ha dormido usted aquí esta noche? ¿O no puede recordarlo por la cogorza que se cogió anoche?
           -          Estoy perfectamente capacitado para volver al entrenamiento y por ello he dormido aquí, mi general. – mentí
           -          ¡Muy bien! ¡Entonces por estos días de rascarse las pelotas, este atardecer lo quiero delante de la campana! A ver si puedes sorprenderme de lo que aguantas.
           -          De acuerdo, mi general.
Se dio la vuelta, pero no sin darme antes una mirada de arriba abajo, comprobando mi vestimenta. Salió del cuartel y pude respirar. Miré el reloj de la pared. Aún tenía una hora por delante. E iba a aprovecharlo. Salí del cuartel y bajé las escaleras. Me dirigí a la enfermería. Quería hablar con Tara. Sentía que la echaba de menos. Quería volver a verla como cada mañana y que me sacara la primera sonrisa del día. Abrí la puerta y entré. Miré a ambos lados pero allí no estaba. Me senté en la silla a esperar, pero luego pensé que quizás estaría en la habitación. Me levanté y caminé. Toqué la puerta y la abrí. Era una sala completamente blanca. Cama, mesita de noche y armario. 
Avancé por allí, pero cuando me acerqué a la cama, mi pie derecho topó con algo. Desvié mi mirada al suelo y vi una caja de zapatos. Me senté en la cama y la cogí. La posé sobre mis piernas y observé. Me preguntaba qué podía haber ahí. Quizás recuerdos sobre su pasado. Fotos de sus padres, hermanos y amigos. Pero claro estaba que si la llevabas a la guerra, era porque significaba algo para ti. Llevé mis pulgares a la solapa y levanté la tapa. Tomé aire y miré dentro. La caja estaba llena de fotos de hombres. Exactamente como la que ______ me enseñó. La cerré de golpe. Miré al frente y la guardé lo más rápido posible.
Quería desaparecer. Esto no podía ser real. ______ no estaba aquí. Ella no había podido meter esa caja aquí. Era mi maldita cabeza. Pestañeé dos veces y salí de la enfermería. No quería estar allí. No quería que mi cabeza volviera a pasarme malas pasadas. Maldita enfermedad. Maldita ella. Maldito yo.
Quería ir al entrenamiento y cansarme hasta perder el conocimiento. Caminé hasta la plaza de la campana, pero allí me encontré con sus ojos miel. Giró su figura de pelo oscuro y caminó hacia mí. Sonreía con esa boca que lo puede olvidar todo. Se quedó a dos centímetros de mí, se puso se puntillas y me dio un leve beso. Sonreí. Me había olvidado completamente de lo que acababa de ver en su habitación. Mi respiración había vuelto a la normalidad. Sabía que esto era real. Sabía que ella era real. Me daba tranquilidad. Me hacía sentir bien. Me transmitía normalidad.
           -          Te he echado de menos. – dije al fin
           -          Yo también. – Sonrió
Miré a la campana y estaban a punto de subir la bandera.
           -          Me tengo que ir.  – la besé de nuevo – A la noche iré a verte.
Noté como sonreía detrás de mí. Corrí hacia la fila y cuando la trompeta sonó me puse firme. Miré a la bandera, permitiéndome unos segundos para pensar. Tara me haría volver a la realidad. Podría volver a ser normal. Saldría de la guerra y ella conmigo. Me quedaría en Londres y se la presentaría a Mamá. Podría volver a respirar con tranquilidad, como hace tanto tiempo que no lo he hecho.
La trompeta paró y el comandante habló.
           -          Ha habido un ataque Kamikaze sobre uno de nuestros barcos vigilantes en el Pacífico. Los profesionales irán en el UAV de emergencia. Estarán preparados para cualquier ataque. Los demás esperarán en la base, dando instrucciones sobre el exterior. No quiero fallos. No habrá otra derrota. ¿Entendido?- gritó
           -          Sí, mi comandante. – dijimos al unisono.
Subí a la furgoneta sentado al lado de Niall. Él subiría al UAV y yo sería el que lo protegería desde abajo. Nos demoramos un camino de treinta y dos minutos. Liam se pasó el tiempo sin desplazar su mirada de mis pies. Mordí mis uñas, para volver a mi vicio de hace unos años. Rasqué mi pelo, intentando desviar mi atención a eso, y no a todas las mariposas que tenía dentro. Estaba volviendo a sentir. Ahora sí tenía ganas de vivir. Ahora ya nada podría matarme. Ahora volvía a ser fuerte.
Entramos en una cabina hermética. Cerraron con llave y me hicieron sentar delante de ocho pantallas. Había recibido seis clases sobre la estructura de un avión de ataque. Estaba lo suficiente preparado como para avisar a Niall si algo no iba bien. Pero rezaba a Dios que nada de eso pasara. Porque Niall era a la única persona que podía recurrir si Tara no estaba. Me puse los cascos y el micrófono delante de mis labios.
           -          Niall, ¿me escuchas? – dije
           -          Correcto. ¿A cuantos metros estamos?
Tecleé un par de botones y encontré los comandos de altura.
           -          Ciento cuatro. Debéis subir hasta doscientos para no tener riesgos.
           -          De acuerdo.
Noté como mi pecho se calmaba y me apoyé en el respaldo. Niall pilotaba el UAV. Y para mi mala suerte su copiloto era Hank, el hombre armario que se había burlado de mí.
           -          Baja la velocidad, estáis aún muy cerca del suelo. Os van a alistar.
           -          De acuerdo.
Veía desde la pantalla como el avión disminuía su velocidad. Miré a mi alrededor y mis compañeros estaban dando órdenes al resto. Pero entonces vi a Zayn nervioso. Tenía una de las manos pegadas a la mesa, como si fuera a caerse. Apagué mi micro.
           -          Zayn, ¿qué pasa?
           -          Hay otros cuerpos detrás de los UAV. Y no los reconozco como nuestros.
Me giré a mi pantalla de golpe y encendí el micro. Comprobé los controles y no vi ningún objeto.
           -          Hank – dije – lleva tu vista a atrás y dime si hay algún avión que no sea nuestro.
           -          De acuerdo – tardó un momento en contestar – Hay tres aviones. Son algo más pequeños que los nuestros, pero van a gran velocidad. En menos de dos minutos nos cogerán.
Me saqué los cascos y grité en la sala.
           -          Tres aviones desconocidos van detrás de nosotros. No dejan ser reconocidos por el radar. Algo están ocultando.
Me puse de nuevo con Hank y Niall. Acerqué el micro y observé todas las pantallas que tenía en mi frente y pude ver un objeto volador en la cámara del motor.
           -          Van a venirse encima de vosotros. En un minuto lo tendrás a diez metros a tu derecha. Los otros dos aviones han desviado su objetivo a los UAV de los demás. – respiré – Mantén la mente tranquila.
Escuché a Niall suspirar. Mantenía mi mandíbula apretada mientras observaba el avión acercarse a ellos. Seguía sin poder encontrarlo en el radar.
           -          Hank, ves a la ametralladora del motor derecho. Quédate preparado para cualquier ataque.
           -          De acuerdo.
Noté como Zayn hablaba para el grupo y me quité los cascos.
           -          Han disparado a mi UAV.
Volví a la carga y encendí el micro.
           -          Esto es la guerra. En cuanto aparezca, dispara.
           -          Eso está hecho.
Crucé mis dedos sobre la mesa. Veía como desde la pantalla se acercaba el avión. Y en menos de dos pestañeos, lo teníamos encima. Hank empezó a disparar en cuanto los vio. Sacaba tres balas por segundo y consiguió darle en uno de sus motores.
           -          Bien hecho, uno de sus motores ha muerto. ¿Estáis ambos bien?
           -          Correcto, Styles.
Sonreí. Iba a salir bien. Pero antes de que el otro avión descendiera a causa de su pérdida inmediata de altura, lanzó hacia nuestra ala un lanzagranadas. La cámara derecha dejó de emitir.
           -          Mierda. Han roto el ala derecha.
           -          Harry, tenemos un problema. – oí a Niall decir – El lanza granadas ha lanzado partículas del ala dentro del UAV. Le ha dado a Hank. Diría que está inconsciente – notaba el nerviosismo en su voz. – Necesitamos refuerzos.
           -          Aterriza en el campo que tienes a quinientos metros.
           -          De acuerdo.
Me saqué los cascos y apagué el micro.
           -          Han dejado a uno de los reclutas inconscientes. – dije al comandante que observaba mi pantalla. – Necesitan refuerzos.
Vi como se rascaba la mandíbula y decía algo por el walkie-talkie. Luego me miró serio.
           -          Ven conmigo. Tú eres el refuerzo.
           -          ¿Yo? – me puse en pie – Solo he recibido una clase sobre la pilotación de un avión de ataque.
           -          He dicho que vas. – me gritó serio – No te he preguntado lo que opinas.
Me subieron al UAV con otro avión de emergencia. Me dejaron allí solo. Abrí la puerta y noté como todo el aire chocaba con mi cara. Pegué un salto hasta la puerta del UAV y la abrí. Cerré detrás de mí.
           -          ¡¿Dónde estáis?!
           -          Estoy pilotando – oí a Niall – Despierta a Hank. Está en el ala derecha.
Recordaba como Hank se había burlado de mí. Y yo había prometido darle una venganza. Y ahora era el momento perfecto. Sonreí para mis adentros y me acerqué a él. Estaba tirado en el suelo. Había recibido un golpe en la cabeza al caer y brotaba sangre. Tenía la pierna atrapada entre dos trozos de ala. Le di dos tortas en la mejilla y no reaccionó. Saqué una de las botellas de agua que llevaba y se la tiré encima. Pestañeó y abrió los ojos. Me reconoció y sabía perfectamente lo que estaba pensando. Él que se había burlado de mí delante de toda la tripulación. Que se creía el doble de mejor que el resto. Que se pensaba que él era el héroe. Él estaba en peligro  y me gritaba ayuda con los ojos. Apreté mi mandíbula por tener que comerme mi propio orgullo. No podía dejarlo allí. No podía dejarlo sufrir más de lo que ya se sufre en la guerra. No podía fallarle. No podía fallarle a nadie más. Él era a uno de los tantos que tenía que proteger. La vida de Hank significaba la victoria o la derrota de la guerra. El que mi familia sobreviva o muera. Todos dependen de nosotros y de nuestros actos. No puedo permitirme errores.
Con ambas manos empecé a sacar el material de las alas y a tirarlos hacia fuera. Pesaban muchísimo, pero no me resistiría. Él me miraba asombrado. Podría jugar que sus ojos dejaron de estar vacíos.
           -          Gracias, Styles.
Le sonreí sin sacar la mirada de mi trabajo.
           -          Tómatelo como un aviso. – le dije – No habrá una próxima vez.
Cerró los ojos. Supongo que para comerse su orgullo. Mientras seguía con lo mío, vi como su pierna tenía una hemorragia. Cogí una de las gasas de mi cinturón y comprimí en la arteria de su cadera. La envolví fuertemente con una venda y le ayudé a levantarse. Se apoyó sobre mi hombro. Fui a sentarlo al lado izquierdo, cuando vi que algo no iba bien.
           -          No puedo aterrizar a tiempo. – dijo Niall –Vamos a caer en picado. Tenemos que salir de aquí.
Abrí los ojos como platos y respiré hondo. Eso venía a ser bajar en paracaídas. Niall se puso uno de ellos. Y cogió uno para mí de la puerta. Me ayudó a colocármelo y después se despidió de mí con los ojos y se tiró al vacío. A mí me quedaban cinco minutos para saltar, o sería demasiado tarde. Amarré bien mi chaleco y le puse un cinturón a Hank. Él no podría saltar solo y lo debía bajar yo. Estaba perdiendo mucha sangre. Puse un candado entre mi chaleco y él, para quedar unidos y estar seguro de que no se soltaría de mí. Nos acercamos a la puerta y miré hacia abajo. Noté como todo mi estomago se subía al esófago y me costaba respirar con normalidad. Agarré a Hank por la cintura y nos tiramos al vacío. Mis pies dejaron de sentirse rígidos y toda mi ropa traspasaba el aire. Noté como él se agarraba a mí y cerraba los ojos. Y entonces supe que se había quedado inconsciente. Miré los metros que me quedaban del suelo y tiré de la cuerda antes de que fuera demasiado tarde. Noté como mi velocidad disminuyó de golpe y el aire se paraba sobre el paracaídas. Conduje con las cuerdas hasta llegar al campo donde nos esperaba el resto del equipo. Vi a Niall desde lejos. Estaba asombrado por lo que había pasado. Llegué al suelo y rodé sobre él. Me separé de Hank y vi como mis compañeros me ayudaban a sacarlo de allí. Lo llevaron en una camilla hasta dentro del bunker y yo caminé hasta allí con Niall.
           -          Tú sí que eres un héroe. – me dijo

divendres, 14 de juny del 2013

Capítulo 23

Pov’s _______ (tu punto de vista)
Las hojas del suelo crujían con mi toque. Se escuchaba a los pájaros hablar entre ellos. Llevé mis manos a mi pelo y lo enredé en un moño. No pensaba volver a mirarme en ningún espejo. Sólo quería verme reflejada en los ojos de Harry. Y por cada respiración, me hincho el pecho de pena y melancolía. Mis ojos se pierden en el pensamiento de sus rizos y ojos verdes. Bajé la mirada y noté como Derek me estaba mirando. Lo observé y sonreí. Ambos sabíamos como causaba yo sobre él, pero el contacto humano es algo que he dejado únicamente para Harry. Una más de tantas cosas que solo son para él.
Ahora ya tenía mi identificación falsa. Se suponía que podía manejarme por el país sin ningún tipo de problema. Pero donde yo quería ir no me iba a ser tan fácil la entrada.
            -          Deberíamos buscar un hotel para dormir – dijo sacándome de mis pensamientos
Asentí con la cabeza y buscamos un motel. Y como era obvio, nada más entrar a la habitación, se escuchaban gemidos de las otras habitaciones. Me estremecí y miré a Derek. Sonrió.
            -          Puedes quedarte con la cama. – me dijo
            -          Pensaba hacerlo. – contesté con una sonrisa pícara
Me devolvió la sonrisa. Se metió en el baño y cerró la puerta. Me quité la ropa y rápidamente me puse mi camiseta ancha. Abrí la cama, comprobando que no hubiera restos de los inquilinos anteriores y me metí en ella. Derek salió del baño con bóxers y una camiseta negra. Tenía buen cuerpo, para qué engañarnos. Miré alrededor en busca de un sofá, pero no lo había.
            -          ¿Dónde piensas dormir?
            -          En el suelo.
Alcé una ceja y él se sentó en el suelo. Suspiré.
            -          Haz el favor, anda. Sube a la cama.
            -          Gracias, guapa. – me guiñó un ojo y sonrió
Me reí para mis adentros y me dejé caer sobre el colchón. Noté como el calor de su cuerpo entraba en la cama y su espalda chocaba contra la mía. Inhalé su olor y me recordé a mi misma que este no era el camino que había tomado para venir a aquí.
            -          Nada de tocarme por las noches. – le advertí
            -          Nada de ponerme tus pies fríos entre mis gemelos. – me contestó
No pude evitar reír.
            -          ¿Qué sabes tú si tengo los pies fríos?
Me giré para verle la cara y él también lo hizo. Veía como sus ojos azules se clavaban sobre los míos. La poca luz que entraba de la ventana por las farolas de la calle, le hacía verse bien.
            -          Todas las mujeres los tenéis. – me dijo – Especialmente las mujeres como tú.
            -          ¿Especialmente mujeres como yo? – esperé el chiste
            -          Frías, estrechas, duras.
            -          Si me hubieras conocido hace unos meses no dirías lo mismo. – le tenté
            -          A mí me gustan más las difíciles. – me devolvió la jugada - ¿Qué pasó para cambiarte?
Se hizo el silencio.
            -          Harry.
            -          ¿Así se llama entonces? – sonrió
Asentí con la cabeza.
            -          Es un hombre con suerte por tener una mujer como tú. No se encuentran cada día chicas con tu valor.
Suspiré. Esto era el límite.
            -          O dejas de tirarme la caña o te tiro yo a dormir al suelo.  – le dije
Se echó a reír. Me quedé mirándole, desafiante, pero al final no puede evitar sonreír. Nos quedamos en silencio un periodo de tiempo y luego me dio la espalda. Hice lo mismo. Mi móvil vibró y lo cogí de la mesita. Lo desbloqueé y vi que era un mensaje de Tatiana.
Mi preciosa ________, he recibido la carta un poco tarde. Ahora ya no vivo en México, me he tenido que mudar por solidaridad. ¿Sabes lo de la guerra? Pues eso. ¿Sabes que yo creo que también he encontrado a mi hombre? Ese que siempre hemos soñado y nunca esperásemos que viniera. Aún no lo conozco mucho, pero sí lo suficiente como para saber que es él. No hablo más que esto cuesta una pasta. Espero que nos volvamos a ver. Ni te imaginas lo que me haces falta. Te quiero, Tatiana.
Me desperté revoloteando las pestañas. La luz del sol me daba en la cara. Tenía mi cabeza apoyada sobre el pecho de Derek y mi mano haciendo un puño agarrando su camiseta. Volví a inhalar su aire. Olía a coco. Deslicé mis uñas a la costura de su camiseta. Sin saber por qué, ahora tenía la manía de frotar las costuras. Me quedé así un rato. Intentando imaginarme que era Harry. Miré hacia arriba y Derek me estaba observando. Noté como se me enrojecía la cara. Me separé de él y volví a hacerme una coleta. Qué vergüenza. Le había pedido que no me tocara y he sido yo la que me he abalanzado sobre él. Aún notaba su olor sobre mi ropa. Él se levantó de la cama y me envió una sonrisa pícara. Entró en el lavabo y me dejé caer sobre el colchón.
            -          Hay que seguir caminando – me dijo entre el sonido del agua caer
            -          ¿Cuánto falta para llegar a Londres?
            -          ¿No querías ir a Cheshire? Pensaba acompañarte hasta allí
            -          No te preocupes, Derek. Puedo cuidar de mi misma.
Lo sentí sonreír dentro de la ducha. A los pocos minutos salió, con una toalla blanca agarrada a sus caderas. Estaba marcada su V. Intenté no desviar mis ojos hacia él y entré en el baño. Me duché pensando en Harry. Le echaba muchísimo de menos. Y si yo podía seguir sintiendo, era gracias a Derek.
Salí del baño con una toalla amarrada en mi cuerpo. Me encontré a Derek sentado en la cama, recogiendo sus cosas. Al verme sonrió. Me sonrojé y cogí mi ropa para cambiarme dentro. Cuando acabé salí aún con el pelo mojado y las bambas abrochadas. Él se acercó a la puerta, yo cogí mis cosas e hice lo mismo.

Hoy era el último día sin ver a Harry. Mañana volvería a verlo. A sentirlo conmigo. A olerlo. A tocar sus rizos. A verle sus hoyuelos. Hoy era el último día que estaba separada de él. Porque aún sin saber lo que me esperaba, aún creía tener algo de esperanza. 

dimecres, 5 de juny del 2013

Capítulo 22

Seguía penetrándome la mirada impaciente de Tara. Uno de mis pies empezó a temblar. Veía a _______ mirarnos con expectación desde el otro
lado de la habitación. Respiré. Mis palabras ya habían salido. Recé para que la tierra me tragara. Pero entonces la puerta de la enfermería se abrió. Di las gracias a Dios y a todo santo que me estuviera viendo. Una cabeza pasó y reconocí a Niall. Me puse en pie.
         -          Te han dado el permiso de fin de semana. – me dijo acercándome una tarjeta
         -          ¿A mí? – me sorprendí y la cogí – Pero si sigo estando cojo.
Él se encogió de hombros y miró a Tara. Vi en sus ojos que se había dado cuenta de la situación entre ella y yo.
         -          Bueno, creo que debo irme.
         -          Niall, espera. – lo cogí del hombro - ¿Te han dado a ti el permiso?
         -          Sí. Ven con nosotros si quieres. Vamos a los bares de la ciudad.
         -          Mañana nos vemos entonces. – le sonreí y salió por la puerta
Me giré y Tara iba a su habitación. _______ seguía delante de mí, sentada en la mesa y sonriéndome. Burlándose.
         -          No eres capaz de librarte de mí. – me dijo
         -          Es que no quiero hacerlo.
         -          ¿No te das cuenta, Harry? No puedes seguir así. Yo ya he encontrado a otro hombre. Y me va a hacer feliz. Un día de estos ya no recordaré tu nombre. Eres uno más.
         -          Creo que tengo cosas mejores que hacer que ponerme a discutir con una imagen de ti en mi cabeza.
         -          Soy igual que tú, Harry. Siempre has sido un mujeriego y has hecho sufrir a las mujeres. Ya te lo dijo Adam, todo eso te iba a explotar un día en la cara. Y te ha pasado. Soy tu peor pesadilla. Deberías saber que ya has dejado de importarme.
Cogí la botella de agua y miré por la ventana. Intentaba no escucharla. El horizonte era otra mierda como el resto del campo. Y aún no había estallado la guerra.
Tara salió de su cuarto y se asomó por la puerta.
         -          ¿Con quién hablas, Harry?
Y yo no podía hacerla pensar que la esquizofrenia seguía adelante.
         -          Louis. Se cree muy maduro. – me crucé de brazos
No me creyó pero al menos dejó de hacer preguntas. Sonrió y cerró la puerta.
Toda mi vida ha sido abarrotada. Primero fue ______ y ahora la guerra. Necesito un poco de paz. Un reloj que deje de marcar la hora en que me despedí de ella. Una fuerza que no pueda mover ni el viento. Donde el sonido de su risa deje de sonar. Que no todo olor me recuerde a lavanda y poder ducharme sin pensar en sus curvas chorreando agua. El tic tac del reloj cada día va más rápido y no me deja asimilar. Necesito olvidar. Una medicina de borrar. Poder empezar de cero. No conocerla. Porque sé que era duro vivir sin saber de su existencia, pero sabiéndolo y no pudiendo tenerla, es aún peor.

Al día siguiente
Me abroché las botas e hice mis previos estiramientos de la pierna. Supongo que los medicamentos y algún que otro calmante sin receta, empezaba a hacer efecto. Bajé los escalones de la enfermería y caminé hacia el cuartel. Un armario de hombre se quedó mirándome cuando entré.
         -          Maricones no queremos aquí – me dijo, seguido de risas
         -          No estoy de humor para ponerme a pelear con muebles.
         -          Lo que te pasa es que no tienes huevos, cojo de mierda.
Se acercó a mí imitando mi forma de andar y me quitó la gorra. Y el fuego de todo el planeta se encendió dentro de mí. Esto no iba a quedar así. Ya todo me daba igual. No podía tener a la mujer que amaba. No podía saber de mi familia. Había perdido el contacto con Adam. Me importaba una mierda lo que pudiera pasarme. Y si tenía que partirle la pierna al bocazas; lo haría. Pero no ahora. Ahora sería muy cruel arrebatarle su minuto de alegría. Así que me dediqué a sonreírle con cara de hipócrita y seguí mi camino.
En el banquillo del cuartel encontré a Niall. Se ataba los cordones. Me imaginé a mi madre cantando y una melancolía me subió por todo el cuerpo.
         -          Vamos a la puerta principal. Nos esperan los otros.
         -          ¿Quiénes son los otros? – pregunté
         -          Louis, Zayn y Liam.
Seguí caminando. Realmente me importaba bien poco con quién fuéramos. Sólo quería emborracharme como nunca y esperar a que algún día no muy lejano, alguien me lanzara una bala entre los dos ojos.
Caminamos hasta un bar escondido entre las casas de madera. Subí un pie en la escalera y tuve la esperanza de que no se partiese la madera. Seguí subiendo y Liam abrió la puerta. El Jazz nos golpeó la cara. Entramos y había cuatro hombres tocando en lo que aquí se consideraría un escenario. Observé el ambiente. Había una pista para bailar, a la cual no pensaba acercarme y una barra donde me pasaría toda la noche. Me senté en uno de los taburetes altos y hablé.
         -          Saca la botella de Ron. – dije
El hombre me miró de arriba abajo y guardó su trapo en el bolsillo. Se agachó y me dejó la botella y un vaso sobre la mesa. Pagué lo que me dijo y me eché en el vaso. Veía como el ambiente aumentaba su temperatura y a mí me costaba abrir los ojos. Louis se acercó a mí vacilante.
         -          Invítame a un trago, ¿no? No puedes con esa botella tú solo.
         -          Créeme que puedo. – le dije – Pero te daré…
Abrí la botella ya por quinta vez esta noche y llené el vaso. Se lo entregué y lo bebió de un trago. Vi en su sonido como le ardía la garganta y se sentó a mi lado.
         -          Necesito tu ayuda, Tomlinson.
         -          ¿Qué quieres?
         -          Que me ayudes a vengarme del hombre armario, Hank.
         -          ¿Qué te hizo?
         -          Se llama orgullo.
         -          Ah. – esperó – Está bien. Todo lo que sea reírme de algún mamón, me gusta.
Se levantó de la silla.
         -          Voy con Niall. Cuando quieras venganza, dímelo. – me guiñó un ojo y reí
No era tan odioso como lo creía después de todo. Pero iba a vengarme de Hank. Y ya tenía planeado cómo.
La puerta del bar se abrió y unas piernas morenas entraron. Su pelo ondulado caía por sus hombros. Llevaba unos shorts tejanos y una camiseta a conjunto con sus uñas; rojas. Sólo podía ser Tara. Me topé con su mirada y me puse nervioso. Sonrío y caminó hacia mí. Llevé la mirada hacia adelante intentando concentrarme en algún punto. Noté como sumergía sus finos dedos dentro de mi escaso pelo. Me estremecí al recordar a _______ hacer lo mismo. Por un momento pensé que el alcohol me haría una mala jugada y me pondría a llorar, pero entonces Tara volvió a sonreírme.
         -          ¿Sabías que el alcohol anula los medicamentos? – empezó – Acabas de perder todo lo que te has tomado estos días.
         -          He perdido muchas cosas ya. Esta era una de las que me importaban una mierda.
Alzó una ceja y pegó una carcajada. Me cogió el vaso y tragó. La miré mal y sacó la lengua a modo de burla. Se sentó a mi lado y dejó que nuestras piernas se tocaran. La observé un momento. Estaba realmente guapa. Más que nunca. Me recordaba un poco a ella. En su forma de mirarme. De observarme. De manipularme. Y sin darme cuenta yo estaba sonriendo.
         -          ¿Quieres bailar, Styles? – me propuso
Miré a mi alrededor y conseguí encontrar el sonido de la música. El alcohol hacía que todo se viera borroso, menos Tara. Ella estaba perfectamente nítida. Su pelo oscuro y su mano derecha cogiendo la mía para llevarme a la pista. Me paré allí, delante de su cuerpo. Puso su otra mano sobre mi hombro izquierdo y me miró a los ojos. Y sin saber porqué, me dejé llevar. Solo escuchaba la música y su voz.
-          Deja de estar tenso. – me dijo – Soy latina; llevo el ritmo en la sangre.
Descargué mis hombros y ella sonrió. La música se hizo más fuerte y me hizo mover mis patosos pies más rápido. Le di una vuelta y carcajeó. Hacía tiempo que no anhelaba tanto la risa de una mujer, y ella me estaba dando ese placer ahora mismo. Y sin saber porqué, la agarré fuerte y la pegué a mí. Notaba como su pecho subía y bajaba rápidamente. La veía algo confusa y por eso desviaba sus ojos a mis pies. Yo observaba su belleza. Su cuerpo perfectamente moldeado. Reloj de arena. Deslizó su mirada hacia mí y conseguí mantenerla. Sus ojos color miel penetraban todo mi cuerpo. Encontraron lo que hacía mucho tiempo no sentía; miedo. Miedo de estar haciendo lo correcto. Pero como ya he dicho muchas veces, todo me daba igual. No era feliz rodeado de tanta guerra. Nada había conseguido apartarme de este sitio. Mamá y Gemma habían tenido que conformarse con que yo viniera aquí. Adam ha perdido el contacto conmigo. ________ prefirió su orgullo. La echo muchísimo de menos. Hubiera podido escaparme con ella. Huir lejos. Muy lejos. En algún lugar donde no hubiera guerra. Donde los dos hubiéramos sido felices. Ella y yo. Porque cuando todos los problemas habían desaparecido, vino esto. Y ninguno de los dos hicimos nada para llevarle la contraria. Ella podía haber venido a buscarme. Decirme “iré a por ti”. O también podría habérselo dicho yo. Pero la verdad es que no creo que sea capaz de salir de esto con vida. Y estoy cansado de vivir en una mentira. Lleno de dolor e insatisfacción. Y luego está Tara. Ella ha sido la única que ha conseguido calmarme desde que llegué aquí. La que me ha apartado de todo eso que me jode por dentro. Y quiera aceptarlo o no, _______ solo me ha traído problemas; una enfermedad de cojones. Y Tara me está haciendo mejorar. Por ello pienso agarrarme a ella. Aunque Tara siempre sea la otra y ______ sea siempre ella.
La agarré de la cintura y la pegué a mí. Me agaché un poco, quedando a un par de milímetros de su boca. Notaba como su respiración caía sobre mí. Cerré los ojos mientras notaba como se colocaba sobre las punteras de sus pies, y presionaba sus labios sobre los míos. Un incendio subió desde la punta de mis pies, hasta el final de mis orejas. Llevó sus manos a mi cuello y yo mi otra mano a su cintura. Pero cuando abrí mi boca, lo noté. Volvía la sensación de alivio. Podía volver a respirar. Supe que había dejado de hacerlo desde que me despedí de ella en España. La agarré con firmeza y tiré de ella hacia mí. Quería sentirla. Quería sentir la sensación de libertad otra vez. Noté como su sonrisa se encendía. Mirándola le dije:
         -          Gracias por darme algo de paz en un mundo de guerra. 
Se sonrojó y se acercó a mi oído.
         -          No debimos besarnos, Harry. Todo empieza con los besos.
Entonces supe que algo no iba bien. Estaba en un continuo núcleo en el que ______, sin pensarlo, me había invocado.