La piscina estaba enfrente de mí. Tenía tres metros de
profundidad. El entrenamiento consentía en lanzarnos desde la capsula, colocada
en una rampa de dos metros. Esta era recubierta de metal y asientos rojos. No
mucho más pequeño que la mitad de un coche. Cerrada herméticamente para que no
entrara el agua. La capsula bajaría por la rampa y quedaríamos hundidos en el
fondo de la piscina.
Llegó mi turno. Todos me miraban expectantes. Subí las
escaleras y llegué a la tarima de madrea. Subí la puerta de metal, entré en la
capsula y cerré detrás de mí. Tiré de la palanca para sellarlo contra el agua. El
general me dio un asentimiento con la cabeza y yo le imité. Vi como todo a mi
alrededor se movía y la capsula caía en el agua. Tocó el fondo de la piscina y
supe que era el momento de intentar salir. Tenía exactamente un minuto antes de
que la cápsula petara y empezara a entrar agua. Y tenía otro minuto más antes
de ahogarme.
Golpeé la puerta, pero ya no se podía desbloquear. Intenté
romper el cristal y me di cuenta de que era plástico. El plástico no se rompe,
imbécil. Busqué alguna llave para poder abrir la puerta desde dentro. La
guantera vacía, el suelo vacío y notaba como empezaba a ponerme nervioso. Mis
manos temblaban en busca de alguna salida. Piensa, Harry. Una gota de agua cayó
en mi nariz. Miré el techo y había una pequeña ventanilla. Lo suficiente grande
como para meterme. Di golpes sobre el techo con el puño, pero ni se inmutó.
Coloqué mi espalda sobre el asiento y puse mis pies sobre el techo. Di una
patada y toda el agua cayó sobre mí. Tosí en el susto y en menos de dos
segundos la cápsula estaría llena de agua. Cerré mi boca y guardé aire en mis
pulmones. Subí al techo y me impulsé para salir. Nadé hacia la superficie. Veía
las sombras desde dentro. Seguí nadando, hasta poder llegar fuera. Escuché los
aplausos y volví a coger el aire. Salí de la piscina y me dejé caer en el
suelo. Estaba agotado. Luchar contra la muerte es algo muy duro. Me tiraron una
toalla y yo me tapé con ella. Veía como volvían a subir la cápsula y cerraban
la ventanilla.
-
________ Scott Lee, tu turno.
Hice un grito ahogado y me puse en pie. Ella iba a
enfrentarse a eso. No podía dejar que le pasara nada.
Me giré para verla y estaba subiendo las escaleras. Sabía
que estaba evitando mi mirada. Se metió en la capsula y cerró la puerta tras de
sí. Si en menos de un minuto no salía fuera, me lanzaría al agua a por ella. La capsula bajó la rampa y mi corazón perdió
el norte. Mis manos temblaban y crucé los brazos intentando esconderlo. La
capsula ya estaba en el fondo. Medio minuto.
Desde fuera se veían burbujas salir. Había empezado a entrarle el agua. Se iba
a ahogar. No podía permitirlo. Me quité la toalla y me acerqué a la piscina.
-
Ni se te ocurra tirarte, Styles. – me dijo el
general
-
Va a ahogarse, señor.
-
Usted ha tardado minuto y medio y aquí está.
Apreté mis puños y cerré los ojos. Hice un paso atrás y noté
como alguien me miraba. Me giré y era Niall. Puso una mano sobre mi hombro.
-
Algo me dice que no has conocido a esta chica en
el ejército. – me susurró para que nadie lo oyera
Volví mi mirada a la piscina. No podía contestarle. No podía
expresar mis debilidades. Porque ella era mi debilidad.
Seguí esperando fuera de la piscina. Un minuto. Ahora había dejado de salir burbujas. Mi respiración
estaba siendo irregular. Si le pasa algo, todo mi mundo se apaga.
Si la perdía volvería a experimentar lo que siente una hoja
en blanco, un vaso sin bebida o un bolígrafo sin tinta. Una bombilla sin
electricidad, un libro sin letras, una canción sin música o una película sin
sentimientos. Un mapa sin países o una piscina sin agua. Algo inútil, roto,
inservible. Experimentar la inutilidad. De ser algo que podría ser mucho, pero
sin embargo no es nada. Algo que podría flotar, pero se hunde. Algo que podría
brillar, pero se queda en la oscuridad. Algo que podría cantar, pero se queda
en silencio. Algo que podría soñar, aprender, aportar o saber, pero se siente
vacío. Con la apariencia de estar vivo por fuera y sin embargo, estar muerto
por dentro.
El general se giró a mirarme. Asintió con la cabeza. Podía
tirarme al agua. Cogí la bombona de oxigeno
y la puse en mi espalda.
Di un paso hacia adelante y me tiré al agua. Abrí los ojos y
lo vi todo borroso. Bajé hasta la capsula y la vi apoyada en la puerta por la que
había entrado. Había conseguido abrirla. Sabía que me estaba mirando. Dudo que
pudiera reconocerme, pero sabía que era yo. Nadé hacia ella y cogí su mano.
Estaba muy débil, no podía nadar. Cogí el tubo de oxígeno y lo puse en su boca.
La agarré por la cintura y tiré de ella hacia arriba. Estaba débil. Y yo no
había hecho nada por evitarlo. Y me mataba saberlo. La subí a la superficie y
me dirigí hasta la zona de la piscina no profunda. La senté sobre mi rodilla y la
miré. Estaba igual que guapa que el día de la playa, después de haber estado
jugando con ella, antes de hacer nuestra primera apuesta, antes de nuestro primer beso. No
podía perderla. Volví a colocar el oxigeno en su boca. Noté como sus ojos se
abrían y me observaban en profundidad. Había vuelto. Estaba a salvo. Tiré el
tubo y la abracé contra mi pecho. Sabía que todos nos estaban mirando, pero me
daba igual. Ella estaba a salvo. Se agarró a mi cintura y noté como daba un
beso en mi cuello. Toda mi piel se erizó. La amaba.
La cogí en mis brazos y salí de la piscina.
-
Llévala a su cuartel. – me dijo el general
Asentí con la cabeza y llevé mis manos a su trasero. Sus
piernas caían a través de mis brazos y su cabeza estaba escondida en mi nuca.
Sus manos rodearon mi cuello. Me hacía cosquillas su respiración. Sabía que
estaba llorando. Y me sentía fatal por eso. Quería decirle que la quería. Que
la amaba. Pero no podía asustarla de esa forma.
-
Estoy aquí. No estás sola.
Agarró con más fuerza el cuello de mi camiseta, mientras
seguía notando sus lágrimas caer.
Abrí la puerta de su cuartel y me senté en la cama, con ella
sobre mí. Seguía sin soltarme. Con sus piernas rodeándome las caderas. Y no me
importaba. Estaría aquí todo el tiempo, hasta que me echara.
-
No te vayas, Harry. Por favor. – susurró en mi
cuello
-
No voy a volver a irme.
Llevé mis manos a su cintura y la pegué a mi pecho. Notaba
su respiración. Como su pecho subía y bajaba acorde al mío. Estábamos
completamente empapados. Pequeños mechones caían en su cara. Toda la ropa mojada
estaba pegada a nuestros cuerpos. Era completamente para mí. Saqué el mechón
que me evitarla verla y lo puse detrás de su oreja. Y pensar que ella odia sus
orejas, con lo preciosas que son. Podría pasarme el día acariciándolas.
Nos quedamos diez minutos así. Ella llorando en mi nuca,
mientras yo la abrazaba por la espalda y tocaba su pelo. Ella se estremecía
cada vez que lo hacía. Luego me miró desde abajo y empezó a acercarse. Yo bajé
mi cabeza y noté como su boca rozaba la mía. Llevé mis manos por debajo de su
camiseta y rocé su cintura. Era tan suave. Tan dulce. Su boca apretó la mía y
noté como se abría. Dejé que mi lengua entrara y notara la suya. Era ella. Era
ella mi chica. Era ella de la chica que estaba enamorado. Era ella la mujer que
quería para el resto de la eternidad. Era ella a la chica que quería solamente
para mí. Dejé que nuestras lenguas se mezclaran, mientras ella me cogía del
cuello y me pegaba más a mí. Cerré los ojos y noté como se agarraba más con sus
piernas a mí. La notaba tan cerca, pero tan lejos a la vez. Subí mis manos por
su espalda, hasta rozar su sujetador. Ella se separó rápidamente al notar mis
dedos allí.
-
Te quiero, ______. No haré nada que tú no
quieras. – susurré en su oreja - Soy completamente tuyo. Y déjame pedirte que
seas solamente mía.
POV’s ___________ (Tu punto de vista)
A mí siempre me había molestado la típica frase de “eres mía”.
Yo nunca había sido de nadie. Y tampoco planeaba serlo. Nunca me había
preocupada por ello. Por eso muchos me marcaron de desinteresada. Nunca había
querido nada de ellos más allá de un polvo. A ellos nunca los creí míos. Ellos
podían hacer cualquier cosa, que a mí nunca me había importado. Desconocía los
celos, el sufrimiento, la angustia, el echar de menos. No me importaba tener exclusividad.
No quería ser de nadie, ni ser la dueña de nadie. Nadie era imprescindible en
mi vida. Si quieres te quedas y si no te vas. Pensé que era mi personalidad.
Que nací y moriría así. Pero entonces apareciste tú. Preguntándome si yo era
tuya. Y no me molestó que lo dijeras. Porque en cierto modo, era verdad. Porque
si no hubiera pensado en ti desde que te fuiste, si no hubiera vuelto a
recordar tu olor, si no hubiera dejado de inmortalizar tu risa, si no llorara
susurrando tu nombre, si las canciones ya no me recordaran a ti, si cuando
entrara en un local no buscara tus ojos, si no me hubiera vuelto loca, si hubiera
dejado de escribir sobre ti, si mi mirada hubiera perdido la esperanza; podría
decirte que no soy tuya. Pero era
tuya. Soy tuya. A ti. Entera. Para siempre. Porque tú para mí lo eres todo. Y
no puedo imaginarme la vida compartiéndote con alguien.
