Bajé de la furgoneta y el aire
rozó mis mejillas. En el aire se notaba una sensación diferente. Se rumoreaba
que había llegado una chica al campamento. Ella ahora formaba parte del
ejército. Realmente me importaba una mierda quién fuera ella. Pero se ve que le
había plantado cara a uno de los reclutas. Y solo por eso ya tenía mi respeto. Por
lo hecho con Hank había recibido diferentes gratitudes de otros compañeros. Aunque
mis ganas de cualquiera se reducían a ver a Tara. Caminé en su busca. Hoy hacía
dos días sin alucinaciones. No podía jurar que la caja de zapatos fuera real,
así que preferí borrarlo de mi mente. ______ había empezado a doler únicamente
como recuerdo.
Caminé por el campo y fui hacia
la plaza de la campana. Allí estaba el Sargento
hablando con alguien. Me acerqué un poco más y pude observar el cuerpo
de una mujer. Ella llevaba una coleta alta. Su pelo castaño caía bajo su
cuello. Todos mis músculos se tensaron. No era la primera vez que veía esas
piernas. Esas piernas nunca las podría olvidar. Habían estado presentes desde el
día del bañador negro. Desde el día de la piscina. Desde nuestro primer sexo
sin amor. Desde mi primer beso con amor. Desde mi primera vez haciendo el amor.
Desde mis primeras lagrimas por una mujer. Desde que empecé a pensar más en
ella, que en mí. ________ volvía a estar delante de mí. De espaldas, porque
ella siempre está por delante del mundo. Y esta vez era diferente a las otras
alucinaciones. Porque en las otras su cuerpo estaba borroso. Y nunca
interactuaba con alguien más aparte de mí.
Me quedé pegado al suelo, como si
estuviera observando a un ángel. Mi boca se quedó seca y mis orejas pitaban.
Pensé que en cualquier momento me desmayaría. Ella se dio cuenta de mi
presencia y se dio la vuelta. Mucho más despacio de lo que hubiera deseado.
Noté como me miraba y sus ojos se ponían brillantes. Era ella. Y no era una
alucinación cualquiera.
Sonreía como siempre había hecho conmigo. Conquistando a la
luna por hacerle sombra a el sol. Volverla a ver era como la piel erizada. Las
pupilas dilatadas. Los oídos zumbando. La nariz taponada y la boca seca. Con
todos los sentidos enamorados de su sonrisa. Porque cuando sonríe el mundo se gira
a verla. Volver a verla es sentir tu canción favorita en concierto y a capela. Es
llevar gafas graduadas. Es meter la mano en cubo de arroz. Es chupar los dedos
llenos de sal. Es comer a cucharadas el Nescuik. Es perder la respiración por
la risa. Es el principio de un maratón. Es el sonido de aplausos. Es la
corriente de aire en verano. Es la música cuando lloras. Es el zumbido de una
ventana golpeada por la lluvia. Es el temblor del suelo bajo fuegos
artificiales. Es el sonido de su risa. Es sus pestañas revolotear. Es nuestra
canción sonando en la radio. Es sus cosquillas. Es sus puntas onduladas. Es
como en la curva que me maté, su sonrisa. Porque volverla a ver, es pedir un
préstamo, en el cuál siempre estaré en deuda, porque no pienso acabar de
pagarlo.
Me quedé clavado en el suelo. Sin poder articular palabra.
Sin poder pensar. Sin darme cuenta de que la enfermedad me estaba comiendo por
dentro.
Noté como una mano me tocaba el hombro desde atrás,
sacándome de mis pensamientos. Me giré y vi a Tara. Ella también sonreía. Se
plantó delante de mí, unos metros delante de ________.
-
Te quiero presentar a mi mejor amiga, ________
-dijo señalándola
Eso me despistó aún más. ¿De qué conocía Tara a ______?
Se quedó en silencio, haciéndome dudar.
-
¡Claro que es real! – se quedó en silencio, analizándome
- ¿Es ella con la que tenías alucinaciones? – preguntó
-
Sí.
_______ seguía caminando hacia mí. He sido un completo
gilipollas. He huido de ella. Mi chica. Dejé de mirar a Tara y corrí hacia
ella. Sus ojos estaban llenos de lágrimas. La abracé. La abracé tan fuerte como
pude. Era real. Era ella. Había venido a buscarme. Sólo ella había sido capaz
de jugárselo todo por estar conmigo. Noté como Tara se separaba de nosotros. Me
daba igual. Quería a _______. La amaba. Ella estaba llorando en mi pecho.
Acaricié su pelo y apoyé mi nariz. Lavanda. Ella había recorrido miles de
quilómetros solo por mí. La pegué a mi cuerpo. Nos quedamos así por unos
segundos. Luego se secó las lágrimas y alcé su mirada. Le sonreí, pero sus ojos
no estaban satisfechos.
-
¿Estás con ella? – me preguntó. - ¿Tara es tu
novia? - Me quedé en silencio. Yo tampoco lo sabía - ¿Te has liado con ella?
¿Os habéis acostado, verdad? – no contesté – Por Dios, Harry. Haz el favor de
contestarme. Me he pasado muchísimo tiempo rezando para volver a oír tu voz.
Sea lo que sea, dilo.
-
Nos besamos. – susurré más arrepentido que nunca.
Vi como sus ojos empezaban a
empaparse de nuevo. Bajó la mirada e intentó soltarse de mis manos. No la dejé.
La agarré por detrás y la pegué en mi pecho. No podía haber sido tan estúpido.
Ella me seguía queriendo. Seguía pensando en mí. Y yo la quería. La quería
muchísimo. Pero una presión me apretaba la garganta, impidiéndome decírselo.
-
¿Y tú ahora a quién quiere? – me preguntó,
observándome.
“¡A ti!” “¡Te quiero a ti!”, pero las palabras no salían. Se desprendió de
mí y dio un paso atrás.
-
Lo siento. – me dijo, otra vez con agua en las
mejillas. – Perdóname por venir y joderlo todo. Nunca debí volver. Lo siento.
-
______... – conseguí hablar – Yo te quiero a ti.
Seguía llorando. Y mis ojos
estaban nublados. No podía verla así. Ella estaba llorando por mí. Le había
hecho daño dos veces. Me había alejado de ella y ahora la había defraudado. Se
soltó de mí y empezó a correr. Fui detrás y la cogí de la muñeca.
-
¿Pero no lo entiendes, Harry? No pienso competir
con ella. Ella es mucho más guapa. Y tiene mucho mejor cuerpo. Ella puede
hacerte el doble de feliz. Puede hacerte sentir como nunca. Yo no tengo
posibilidades. No voy a ver cómo te quitan por segunda vez de mis manos. No voy
a ser la otra. No. O estoy o no estoy. – se quedó en silencio - No te preocupes
por mí, estaré bien.
-
¡_______, yo estoy enamorado de ti, no de ella! –
le grité
-
¡Si estuvieras enamorado de mí no te hubieras
liado con ella, Harry!
No era verdad. Yo sólo quería
acabar con la esquizofrenia. Pero ahora me he dado cuenta de que poco a poco me
he convertido en un enfermo. En un despreciable. No sé qué hacer con mi vida.
No sé tratar a la gente. Siempre lo arruino todo. No merezco a _______. No
merezco a Tara. No merezco a Gemma. No merezco a mi madre. No me merezco a
nadie. Nadie es tan despreciable como lo soy yo. No puedo seguir haciendo daño
a _______. No puedo seguir engañándome. Yo la amo a ella. Y daría mi vida por
hacerla feliz. Y por eso sé que debemos
separarnos, porque yo no la puedo hacer feliz.
La agarré por la espalda y la
pegué a mí. Ella estaba rígida, pero a continuación me abrazó. Supongo que yo
era la única persona aquí en la que se podía respaldar, aunque no pudiera
confiar. Lloró de nuevo. Se tapaba la cara. No quería que la mirara. Y me
sentía despreciable. Yo había provocado todo esto. No podía permitirme que esto
siguiera así. No podía volver a hacerla llorar. Había que acabar. Besé su
frente y enredé mis dedos en su pelo.
-
Supongo que si has venido a buscarme fue porque
nunca hicimos una despedida en condiciones. – susurré- No quiero verte llorar.
Si te quedas conmigo solo tendrás tristeza. Vuelve a casa, ______.
-
¡No puedo volver a casa! ¡Estoy en el ejército!
¡Yo soy esa chica de la que todos hablan!
Volví a besar su frente y me
separé de ella. Empecé a caminar en dirección opuesta. Sintiéndome
despreciable, desgraciado, insoportable. Sabía que había hecho lo correcto,
pero sin embargo no me sentía mejor.
Hace un tiempo hubiera empeñado
todo lo que tenía por estar a tu lado. Cualquier segundo contigo era mejor que
sin ti. Perder el tiempo contigo era ganarlo. No me importaba el qué, el cuándo,
ni el cómo. Sólo éramos tú y yo.
Pero supongo que nuestro fallo
fue hacer planes para mañana y no para hoy.
Hace un tiempo te hubiera
desnudado sin dejar de mirarte. No era tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre, ni
tu obligo - agujero de la muerte, dónde quiero que me entierren-. No era tu
boca, ni saberme la alineación exacta de tus pechos, ni la constelación de tu
espalda. No era tu mirada, la cual crees que está vacía, pero yo veo algo de
esperanza y busca de lo imposible. No era nada de tu cuerpo, ni de tu espíritu.
Sólo eras tú, llenando todos los espacios vacíos que el mundo había empeñado en
cavar. Sólo eras tú, creciendo en mi interior lo que un drogadicto siente por
una copa llena de cristal. Eras mi vía a los sueños cumplidos. Eras tú la que
llenaba mi mirada.
Hace un tiempo, nuestra almohada
estaría llena de tu carmín. Hoy solo rebosan dudas y arrepentimientos. Hoy se
nos ha acabado el tiempo que ganamos juntos. Hoy es el día que digo adiós. Hoy
eres mis sueños. Hoy es el día que me convierto en sonámbulo. Ése que cree que
puede volar y sale a la calle en busca de un rascacielos. Esperando poder
llegar a lo más alto. Esperando ver todo lo que ha sido. Ése sonámbulo que no
puedes despertar, aunque se vaya a matar. Porque si se tira, vuela. Aunque sólo
sea en su sueño. Pero hoy soy como los sonámbulo, porque son los únicos que
morirían por sus sueños.
