dijous, 4 d’abril del 2013

Capítulo 18


Siempre han dicho que de ilusiones se vive. Que mientras queden sueños por cumplir la muerte puede esperar. Que no hay nada más fuerte que la esperanza. Que si quieres, puedes. Y supongo que eso es lo que hoy me mantiene vivo. La esperanza de que en algún momento volveré a verla. Ya sea real o irreal, pero la veré. Esa plácida tranquilidad que me da, aún con el mundo derrumbándose a mi lado. La energía que me transmite. La fuerza que tiene. Esto vale más que cualquier granada, bala o guerra mundial.
Noto de nuevo la luz en mi ojo derecho. Enfoco la vista y aparto la linterna de mi cara. Tara sonríe. Estamos solos en la enfermería. – Mierda, he vuelto a desmayarme – pienso. Me froto los ojos y la miro. Debajo de la bata blanca lleva unos tejanos oscuros ceñidos. Y una camiseta roja de pico. Las mismas uñas rojas que siempre y la linterna detrás de la oreja. Se ha pintado suavemente la raya del ojo inferior y algo de brillo de labios. Pero estoy demasiado desorientado como para darle importancia. Me da un golpe en la rodilla y ésta salta.
           -          Bien, parece que sigues teniendo reacción. – sonríe
Y cuando sonríe sale el sol. El grifo deja de gotear y la música de ambiente empieza a sonar. Y el problema no es que no me guste, si no que empiezo a plantearme si es real o solo mi imaginación.
           -          ¿Qué pasó para que te desmayaras, Harry?
Lo recuerdo y me miro la pierna. Me han cortado el pantalón y tengo el muslo inmóvil por el yeso.
           -          Me pegaron un tiro. - dije
           -          Liam no me dijo eso. – me retó – Decía que viste a alguien. Alguien que no estaba.
Contesto con un largo silencio hasta que me pone la mano en mi pierna libre para que la mire a los ojos. 
sos ojos miel que buscan una respuesta sin necesidad de palabras.
           -          Está bien – empecé – La vi a ella de nuevo.
           -          ¿Quién es ella?
           -          Mi novia. – aseguré
           -          ¿Te pudiste despedir de ella antes de entrar en el ejército?
           -          Sí.
Se quedó pensando. Yo cerré los ojos esperando que no hubiera más preguntas. Pero la suerte no se iba a poner de mi parte.
           -          ¿Cuándo la ves, te habla?
           -          Esta última vez sí lo hizo. Es la misma chica de la que estoy enamorado.
           -          ¿Y aparece de repente?
Suspiro y estiro el cuello hacia arriba. Esto es una tortura. Odio hablar de ella. Odio hablar de lo que veo o no veo. Odio que me quieran arrebatar lo que es mío.
           -          Styles, tienes que intentar no ir a buscarla.
Y entonces me arde la sangre. No puedo hacerlo. Y ella lo sabe. Lo dice como si fuera fácil, como si todos pudiéramos pasar de lo que más amamos. Cómo si ella no se hubiera enamorado nunca.
           -          Sabe que no puedo. – le digo
           -          Claro que se puede.
           -          ¿Cree que no bebería un alcoholico si lo deja dentro de un bar lleno de botellas? ¿Si una cleptómana se podría quedar quieta en una tienda sola? ¿Si un psicópata podría estar relajado con una pistola en la mano? – ella me alzó una deja - ¿Cree que un enamorado podría dejar a lo que más quiere que le hagan daño?
Se hizo el silencio. Tragué saliva pensando que era el final de la conversación.  Pero no lo fue.
           -          No te he dicho que lo hagas, si no que lo intentes. – me dijo – Ahora no vas a poder salir de la enfermería en mucho tiempo. – me maldije a mi mismo – Debes encontrar la paz en ti, en darte lo que te mereces. – Silencio – Mi abuela decía que la única forma de solucionar el problema, era tratándolo.
           -          ¿Y cómo se trata con algo que está en tu cabeza?
           -          Plantándole cara y no poniendo escusas.
Procuré quedarme en silencio. No quería seguir con esta conversación de idiotas sin llegar a ninguna parte. Estaba claro que ella nunca había pasado por lo que yo. No tenía derecho a juzgar la forma de proteger a las personas que tengo. Ella solo se dedicó a llevarme a la habitación de la enfermería, donde había una cama y un baño. Y para mi sorpresa más limpios que los del cuartel. Me senté en la cama y ella se fue. Me dejé caer, a la espera de que me volviera a desmayar y no despertar. Pero no pude. Y me quedé mirando el techo. El techo grisáceo y mugriento.

Noté como se sumergía el calor sobre mi pecho. Alguien me acariciaba. Abrí los ojos poco a poco y la vi. Con su pelo cayendo sobre los hombros. Con su sonrisa de anuncio y los ojos color cafés más bonitos que veré en toda mi vida. Con su olor particular a lavanda y suavidad en el vientre, pero sequedad en las manos. Tan frágil y tan fuerte al mismo tiempo. Me coloqué a la altura de sus ojos, preguntándome si era real o irreal. Me acerqué a sus labios y ella dejó caer su aliento sobre mí. Entonces recordé que no me importaba de qué forma la veía. Sólo quería verla. Y entonces la cogí de la cintura y la besé. Noté de nuevo sus labios rozando los míos. La forma de acariciar el cuello de mi camiseta. El compás de su lengua que siempre me dejaba acompañar y la forma en que mi pecho se descontrolaba. Volví a pegarla a mí, a la espera de que pudiera darme algo más de amor. Algo a lo que agarrarme. Algo con lo que calmara mi locura. Pero se apartó de mí y se sentó a mi lado. Mirando a una pared sin nada y con los pies colgando.
           -          Sé que quieres hablar, Harry. – me dijo
Y que quisiera hacerse la listilla, me causaba más dudas de si era solo una alucinación.
           -          Yo sólo quiero estar contigo, _______. Me da igual de qué forma.
           -          No es verdad. Quieres estar con ella. Ella en la realidad. – suspiró y volvió a mirarme – Yo sólo soy producto de tu imaginación.
Me froté los ojos y me tapé la cabeza con las manos. Notaba como ella me acariciaba la espalda. Era reconfortante, pero no cómo si de verdad estuviera allí.
           -          ¿Y por qué no desapareces y ya está?
           -          Yo no puedo hacer eso, Harry. Sólo lo puedes hacer tú. Tú mandas sobre tu cabeza.
           -          No estoy tan seguro de eso.
Me cogió de la barbilla y besó mi mejilla.
           -          Quizás no desaparezca Harry, pero si no me prestas atención, acabaré haciéndolo.
           -          No puedo, _______. – le digo – Podría no buscarte, no hablarle a nadie de ti, no escuchar tu voz, y pasar días sin olerte. Pero no me pidas que huya si me persigues.
           -          Soy tu pasado. A todos nos persigue nuestro pasado.
           -          Me niego a que seas únicamente mi pasado.
           -          Está bien. – empieza a enfadarse – Pero por ahora no puedo ser tu presente. Así que haz el favor de mantenerte con vida de la forma que sea, porque entonces sí que no seremos nada.
Noté como volvía a marearme. La vista se me nublaba y cogía forma de túnel. Las orejas empezaban a emitir pitidos. Pero me prohibí a mí y a todo mi subconsciente desmayarme otra vez. No volvería a desmayarme. Así que cerré los ojos. Pero al abrirlos ella ya había vuelto a desvanecerse. 

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