POV’s_________ (Tu punto de vista)
Nunca estoy preparada para las despedidas. Pero tampoco
estoy dispuesta a las bienvenidas. No soporto esa sensación de mareo constante.
De tener la selva salvaje en mi estomago. La necesidad de ir cada dos por tres al
baño. Tampoco estoy preparada para pensar en Harry y tener a mi derecha a
Derek. Sentía que le fallaba. Nunca había sentido algo como esto. Nunca había
sentido nada. No había sentido que yo le pertenecía a alguien. No de ese modo
posesivo, pero en cierto modo sabía que yo era suya y él mío. Nadie podría
cambiar eso. O eso me gustaba pensar. Aunque dentro de mí sabía que algo no iba
bien. Pero no tenía miedo. Nada era peor que yo. Yo era el demonio en la
tierra. Y siempre amaría la búsqueda de problemas. Por eso me enamoré de Harry.
Enseñé mi identificación falsa, pagué mi billete y entré en
el autobús. Derek iba delante de mí. Se giró a verme y sonrió. Me senté a su
lado con el corazón hinchado. No podía explicar lo que sentía. Y mientras
sonaba la música de mis cascos y la compartía con Derek, decidí escribir un par
de líneas. Calmar mi mente. Llevaba mucho tiempo sin escribir. Y la gente que
escribe diariamente, sabe que cuando pasas un tiempo sin hacerlo, se hace una
eternidad. Y por no hablar de que me sentía vacía sin él. Cogí una tarjetilla
de mi monedero y empecé a escribir con la pluma que tenía Derek en su bolsillo.
Cuando terminé la doblé hasta que fuera ilegible desde fuera y la guardé
en mi bolsillo trasero.
Fuera presiones. Hoy era el día.
Noté como Derek me miraba y giré mi cabeza para toparme con
sus ojos. Fruncí el ceño.
-
¿Qué pasa? – dije seguido de una sonrisa
-
¿Te duele la espalda?
-
Bueno… - me extrañé a la pregunta – Sí. Pero
siempre me duele.
-
Tienes los hombros tensos. – suspiró y luego
sonrió – Va. Ponte de lado que te hago un masaje.
Saqué una sonrisa cruzada e hice crujir mi cuello. Me puse
de lado y noté como posaba sus manos calientes sobre mi piel. Hizo presión con
su pulgar sobre mis músculos y me estremecí al tacto. Siguió dando círculos alrededor de toda mi espalda. Notaba como todas mis
contracturas giraban alrededor de sus dedos. Oh, maravillosos dedos. Mantenía
mis ojos cerrados. Sus manos eran increíbles. Había olvidado como de bien
sentía el contacto humano. Durante este tiempo había estado creando un muro
contra toda la gente, pero siempre he sabido que necesito amar y ser amada.
Pero el problema es que solo quiero que lo traspase Harry. Derek tenía un don
para esto.
-
Como seas igual de bueno para el periodismo que
para esto, debes de forrarte. – dije
-
Oh, no. Créeme que no. No soy ni la mitad de
bueno. – rió – Pero soy igual de bueno en la cama. Imagínate que podría hacer
con estos dedos.
Solté una carcajada y removí la cabeza. Ambos sabíamos que
no iba a pasar. Él acabó con el masaje y yo descargué mis hombros.
-
Gracias. – susurré demasiado cerca de su oreja
-
Ya te haré pagármelas.
Me quedé mirándolo. Sus ojos penetraban más de lo que yo
daba a ver. Y sin darme cuenta de la cercanía, notaba como su aliento caía
sobre mi boca. Cogió un mechón de mi cara y lo puso detrás de mi oreja. Vi su
sonrisa aparecer. Pestañeé y me aparté. Apoyé mi cabeza sobre su hombro y cerré
los ojos.
Desperté con la cabeza de Derek apoyada sobre la mía. Me
moví y se despertó. Le sonreí pidiendo perdón y se frotó los ojos. Subí mi
pierna derecha al asiento y me até bien los cordones. El bus nos dejaba a tres
quilómetros de Cheshire. Y Derek seguía encabezonado de que me escoltaría hasta
allí.
-
No hace falta que me acompañes hasta allí,
Derek. No quiero ser una molestia.
-
Nunca serás ninguna molestia, ______. – penetró
sus ojos azules dentro de mí
Me giré sobre el asiento para mirarle seriamente.
-
No. – empecé a decir – No quiero que me
acompañes. Bastante has hecho ya. Enserio. He molestado lo suficiente y no quiero
ser una carga. Y además, quién sabe, si entras allí ya no puedas salir. No
quiero que eso te pase a ti.
Él hizo una mueca con su boca y suspiró.
-
Está bien.
Sonreí y empecé a recoger mis cosas. Paré un momento y le
miré.
-
Gracias por todo. – le susurré en la oreja
mientras le abrazaba amarrada en su cuello. Él me pegó a su torso y noté como
su respiración caía sobre mí.
-
Nada de lo que hay allí dentro es fácil. Júrame
que vas a luchar.
-
Voy a luchar. Te lo juro.
-
Lucharás contra todo. Vas a salir viva. –frotó mi
cabeza
-
Te lo prometo.
Me levanté del asiento y el bus paró en seco. Bajé las
escaleritas y cuando llegué al suelo noté como me cogían del brazo. Me giré y
me encontré a Derek. Bajó su último escalón y me cogió el rostro. Me pegó a él
y noté como sus labios rozaban los míos. Pensé en apartarme, pero no lo hice.
Supongo que esta era la manera de darle las gracias por salvarme la vida. Noté
como su lengua rozaba la mía y me dejé llevar. Era completamente diferente a
Harry. Se tomaba su tiempo para saborearme. Puse mis manos en su cintura y él
se separó cogiendo algo de aire. Me miró con sus ojos y noté como me vaciaba
por dentro. Era la despedida.
El autobús dio un pitido con el claxon y Derek metió un
papel entre mis manos. Me dio un último abrazo y plantó un beso sobre mi
frente. Él subió al autobús y arrancó. Yo me quedé allí por un par de segundos.
Mirando como el bus se hacía cada vez más pequeño. Me sentía mal por lo que
acaba de hacer. Sentía que defraudaba a Harry y aún y así no podía hacer feliz
a Derek. Yo estaba completamente vacía. Suspiré y cogí con fuerza mis bolsas.
Abrí el papelito de Derek mientras caminaba. Había nueve números escritos. Su
número de teléfono. Estaba segura de que él quería que le llamara cuando
saliera de aquí. Porque le prometí que saldría.
Seguí avanzando, dando golpes con mis botas a las piedras.
Llegué a una gran vaya cargada de electricidad. A ambos lados de la barra que
daba paso al otro lado, estaban dos militares. Me miraban con incredulidad.
-
¿Te has perdido? – me dijo uno de ellos
-
Vengo para alistarme en el ejército. – dije
firmemente
Me miraron de arriba abajo y pude ver la burla en sus ojos.
-
La pastelería está dos millas más abajo. -
rieron
-
Hablo enserio. Quiero ver al general.
-
Como desee la señorita.
El más alto de ellos me hizo pasar la barra y me acompañó
hasta la siguiente puerta.
-
Sigue recto hasta que veas la enfermería.
Entonces gira a la derecha y pregunta por el general.
-
Gracias.
Seguí caminando y noté como él se alejaba. El aire de allí
era completamente seco. Notaba como toda mi ropa se pegaba a mí por el calor.
Caminé recto y entonces vi la enfermería. Me quedé allí por un momento. Algo me
decía que no todo estaba bien. Y entonces vi como la puerta se abría. Una chica
salía de allí. Me quedé helada. Toda mi sangre se quedó quieta. Mi corazón
olvidó su latido parasimpático y mis maletas cayeron al suelo. Los pelos de mi
nuca se erizaron y vi como su boca se
abría a modo de sorpresa. Mis piernas flojeaban.
-
¿Tatiana? – susurré
-
¿______? – gritó ella
Vi como corría hacia mí y la abracé. Noté como todo el dolor
se desprendía de mí en lágrimas. No podía seguir siendo fuerte. Había estado
demasiado tiempo sin un apoyo. Un apoyo que solamente lo había llenado ella. La
abracé más fuerte y noté como ella también lloraba. Nos separamos y sequé mis
lágrimas.
-
¿Se puede saber qué haces aquí? – le dije
-
¡Soy la enfermera del campamento! – me dijo
sonriendo - ¿Y tú qué?
-
Vengo a buscar al amor de mi vida. – dije, y
ella se echó a reír
-
Hay que ver lo que has cambiado… - me rozó la
mejilla
Volvió a abrazarme. Cogí su cabeza y olí su olor de nuevo.
Era ella. Tanto tiempo y seguía queriéndola. Nada había cambiado.
-
¿Quién es el afortunado? – me dijo
-
El chico de los rizos.
Se quedó parada y frunció el ceño.
-
¿Sabes que cuando entrar en el ejercito, les
rapan el pelo?
Mierda. Mierda. No. No. No. No. A Harry no le podían rapar
el pelo. No. Debía haber una excepción. Su madre debió haber venido a reclamar.
No. Harry. Mi Harry.
-
Tengo que ir a alistarme – cogí de nuevo mis
maletas
-
Sigue por allí – me señaló con sus largas uñas
rojas – Y cuando veas el letrero azul, entra.
Sonreí y empecé a caminar.