POV’s________ (Tu punto de vista)
Dormir era lo único que me
apetecía las veinticuatro horas del día. Allí era el único lugar donde yo
decidía qué era. Porque en la realidad me lo habían arrebatado todo. Estuve
buscando esas palabras para poder matarme por dentro y poder volver a nacer. Debí
hacerle caso a Derek.
Me levanté del colchón aturdida.
Miré el reloj. Las cinco y dos minutos. Una buena hora para ducharme. Bajé las
escaleras y me dirigí a las duchas. Estaba sola. Y eso era lo único que quería.
Llorar mientras el agua me caía en la cara. Porque ahí los llantos no se
escuchan.
Dejé mis ropas sobre los bancos y
entré las duchas. Abrí uno de esos tubos con los que se riegan las personas y
dejé que el agua helada me consumiera. Como si las flores marchitas pudieran
revivir. Metí mis dedos por mi pelo e intenté limpiarme todos mis pensamientos.
Aquí nacía una nueva yo. No valía ser débil. No valía llorar. No valía sentir
tristeza. No valía que el resto me tuviera compasión.
Pero entonces escuché voces de
fuera de los baños. Mierda. Van a entrar
en las duchas. Y en menos de dos segundos, las puertas del baño se abrieron.
-
¡Mirad a quién tenemos aquí! – rieron entre
ellos
Aclaré mi cuerpo y me enrosqué en
la toalla. Y justo en ese momento entraron a las duchas. Vestidos. Habían
escuchado como las duchas estaban encendidas y venían a darme miedo. Me choqué
con el chico de ojos grises que le planté el puré en la cara. Él me relamió con
la mirada. Y sin poder evitarlo toda mi furia estaba apareciendo por mi cuerpo.
-
¿Buscabas intimidad, niñita? – me dijo a dos centímetros
de mi cara
-
Niñita le llamas a tu polla. – dije
Sonrió y se rascó la nuca.
Entraron varios hombres desnudos a las duchas. Muchos pasaron de mí. Otros
preferían observarme lentamente mientras se mojaban. Pero entonces en el otro
lado del baño sentí que me miraban. Me giré y me topé con la mirada verde de
Harry. Tenía los ojos hinchados y rojos. Me daba igual. Me miraba con
compasión. No quería nada de él. Y ahí me di cuenta de como todos mis
sentimientos empezaban a efervescer dentro de mí. Mi mandíbula se tensó y me
coloqué bien la toalla. Apreté mis puños intentando contenerme. Yo ya no era frágil.
-
No me gusta que una chica se ría de mí como
hiciste tú ayer. Esto no se va a quedar así.
- Qué alegría. Porque a mí tampoco me gusta que tíos
como tú empiecen a amenazarme mientras me ducho. – sonreí sin enseñar los
dientes
Él notaba la burla en mi voz y
gruñó.
-
¿Cómo te llamas? – me dijo
-
_______. Y supongo que no lo olvidarás mi nombre
en tu vida. ¿Cómo te llamas tú?
-
Peter.
Con que Peter, eh. Muy bien. Te
has metido con la chica equivocada, Peter. Quizás a las tías que te follabas te
dejaban tranquilo, pero a mí eso de vencerme no me gusta.
-
Entonces, Peter, te alistaron en el ejército por
salvar a tu país… Qué lástima que no hubiera una talla mínima para los penes.
Así no deberías estar en el ejército. – volví a sonreír
Escuché como el resto se reían
ante mis palabras. Él también se rió. Pero con una sonrisa que marcaba
problemas.
-
Quizás no te parezca tan pequeña cuando te la
meta por el culo. – dijo
-
Peter, ¿tienes a una mujer delante de ti y
sigues pensando en meterla por el culo? – chasqué la lengua – Yo de ti empezaba
a replantearme la orientación sexual.
Los demás siguieron riendo, hasta
que él se giró a mirarlos y se hizo el silencio.
-
Mira, bonita. Espero que no vuelvas a ponerte
por mi camino, o no me haré cargo de lo que te pueda pasar.
-
El que no se va a hacer cargo de lo que te pase
a ti voy a ser yo – dijo Harry detrás de él
No. No. No. No lo quería ayudándome.
No lo quería intentándome salvar. No lo quería ver como un héroe. Tenía que
darme repugnancia. No quería tener que levantarme cómo si le debiera algo. Así
que me acerqué a Harry y lo empujé. Me miró con ojos de no entender nada.
-
No quiero que sientas compasión por mí. – le
grité - No quiero que nadie me ayude. Puedo arreglármelas solita. He pasado
toda mi vida sin ti y puedo seguir haciéndolo. – mentí
Me cogió de la muñeca y me asimiló
con la mirada.
-
Recibir ayuda no significa ser débil.
Me solté de él con un golpe y
salí del baño. Cogí mi ropa y corrí hasta mi cuartel. Allí sequé mis lágrimas
de impotencia y me vestí. Miré el reloj y sabía que era hora de ir hacia la
plaza de la campana. Me até los cordones de mis botas militares y bajé las
escaleras. Olía a hierba mojada y hacía brisa de verano. Añoraba el sol de mi
país. Me senté en un bordillo a esperar que el sargento apareciera a darnos
nuevas órdenes.
Sentí como alguien se acercaba a
mí. Giré mi cabeza y era Tatiana. Se sentó a mi lado y me rozó la rodilla. Otra
que sentía compasión. ¿Por qué el mundo no podía volverse un poco más hijo de
puta?
-
Lo siento, ______.
-
Pues no lo sientas, porque yo no lo siento por
ti. – dirigió su mirada al frente – Ya sé que tú no sabías que él era a quién
yo amaba.
-
Me apartaré de él. Te lo juro. – susurró- Si eso
es lo que quieres.
-
¡No! ¡No se trata de lo que yo quiero! ¡No
quiero que me miréis de esa forma! ¡No me debéis nada! ¡Seguir con vuestras
vidas! ¡Haz lo que pienses que debas hacer, Tatiana! ¡No me dais oportunidad de
aprender si intentáis hacer mi camino! ¡Estoy contenta de estar en el ejército!
¡Aquí es el único sitio dónde van a dejar de tratarme como una niña! ¡No quiero
que sigáis protegiéndome! ¡Ni tú, ni Harry! ¡Seguid con vuestras vidas!
Me levanté del suelo y caminé
hacia otra parte. No quería verla. Sabía que no tenía la culpa, pero no me hacía
sentir mejor. Ahora solo quería explotar mi cuerpo. Llegar a mi límite y
superarme. Quería ser fuerte. Yo quería ser la heroína de esta historia.
Me tocaron por la espalda y volví
a girarme. Harry. Por favor. Que vayan a molestar a otra. Por favor. Que
alguien le quite esos preciosos ojos verdes de la cara.
-
_______. – se puso serio, pero veía el
nerviosismo en sus ojos – Sé que quieres estar sola. Sé que no puedes ni
mirarme a la cara. Y lo entiendo. Por eso te digo que si tú me lo pides, dejaré
de hablarte. Dejaré de mirarte y de seguirte. Te prometo que si tú me lo pides
desapareceré de tu vida y podrás olvidarme.
Me quedé un segundo mirándole a
los ojos. Le veía nervioso. Tenso por oír una respuesta que no le gustase. Y el
problema es que yo no tenía una respuesta. No quería perderte por el completo.
Quería mi tiempo, pero no perderle. Mis sentimientos están hechos una mierda.
No podía responder a su pregunta. Yo no estaba preparada para ninguna de las
respuestas.
Me aparté de él sin decir una
sola palabra. Me puse en fila con el resto de mis compañeros y cuando el
sargento gritó, nos pusimos firmes. Según él hoy sería un día de entrenamiento.
Fuimos al campo de tiro y uno de los curtidos me dio un fusil de asalto. Caminé
hasta mi puesto, número 24. Allí el sargento explicó el cómo, el dónde y el
porqué de disparar. Cuando sea atacada. En la cabeza. Porque le debo la vida a
mi país. Irónico todo.
Se acabó el entrenamiento y mi
pelo chorreaba sudor. Volví a hacerme la coleta y caminamos hasta el comedor.
Me hacía sentir superior el que nadie tuviera el valor de hablarme. Notaba de
vez en cuando la mirada de Harry analizarme, pero no le di importancia. Llegué
al comedor y me volvieron a poner la misma mierda de comida de siempre. Seguro
que había alguien haciendo trapicheos de buena comida y material militar
limpio. Debería encontrar a ese alguien. Volví a sentarme sola en la mesa, pero
al poco tiempo tuvieron que rodearme otros hombres. Tampoco me prestaron
atención. Hablaban sobre lo que harían este sábado y de si uno de los del
cuartel 3 era un maricón. Entonces uno de ellos me miró, abrió la boca intentándome
decir algo, pero la cerró. Me reí ante el miedo que provocaba en los hombres.
-
Puedes hablarme, eh. – sonreí – No voy a hacerte
nada mientras no me amenaces hablando sobre cómo me follarías.
-
Soy Liam. - me devolvió la sonrisa. – Gran
valentía al cerrarle la boca a Peter esta mañana.
-
Gracias.
Pinché una de las croquetas y me
la comí con su atenta mirada.
-
¿Te puedo hacer una pregunta? – me dijo otro. Yo
era el centro de atención.
-
Qué remedio. – dije sin dejar de comer.
-
¿Por qué te apuntaste al ejército? Hay muchas
teorías sobre ti. Pero la verdad es que no me creo que sea por tu amor a la patria
británica.
No podía confesarles que yo no
era británica. No podía decirles que yo había venido por Harry. No podía
parecer un blanco fácil.
-
Mi familia no tenía para comer. Y me dijeron que
pagaban bien aquí si venías de voluntaria. Así que aquí estoy.
-
Pues yo aquí no vendría ni aunque me pagaran. Es
un infierno.
- Supongo que se hace todo por la gente que amas. –
noté como se me humedecían los ojos
-
¡No me digas que tú eres una mujer sensiblera,
de las que ven películas románticas y quieren visitar París!
Reí ante su comentario.
-
Aunque tenga poco pecho y me aliste en el ejército,
sigo siendo una mujer. – acabé la frase con una sonrisa
Supongo que en el fondo yo seguía
siendo simpática. Y tenía debilidad por los hombres que me trataban bien.
En la tarde tuvimos clase de
primeros auxilios y después física avanzada. Supongo que eso de la lógica lo
llevaba bien. Llegó la hora de cenar y pusieron carne estofada con patatas
fritas. No sé a qué se debía poner tanta comida y repleta de grasas, pero
seguro que no podía ser bueno. Comí hasta quedarme llena, ya que sería una de
las pocas veces que la volvería a probar.
Por hoy se había acabado. Caminé
hasta mi cuartel y me tumbé en la cama. Caí redonda al cerrar los ojos.
Me desperté con el comandante echándome
agua en la cara.
-
¡¿No escuchas las sirenas?! ¡Venga! ¡Vístete y
sal fuera con el resto!
-
¿Es la guerra?
-
¡No hace falta que sea la guerra para que te
pida que muevas tu trasero de la cama!
Salió por la puerta y miré el
reloj. Las tres. Me cago en todo. Entrenamiento de improvisto. A ver qué
gilipollez nos hacen hacer ahora. Me vestí y fui corriendo hasta la plaza. Me
puse firme y esperamos a que el resto acabara de llegar. Harry estaba dos filas
por delante a mi derecha. Con cara de recién despertado. Como el día en la
playa. Como cuando despertaba conmigo.
Sacudí mi cabeza quitándome esa
imagen de la cabeza y miré al frente. No escuchaba al sargento. Me importaba
una mierda lo que estuviera diciendo. Solamente quería ir a dormir. Imitaría a
mis compañeros y cuando acabara me iría a mi cama.
Nos llevaron a la costa. Había
cuatro botes salvavidas. El sargento ordenó cogerlos todos y llevarlos hasta la
orilla. Joder. A mojarse con este frío. Seguí a Liam en el agua. Al meter el
primer pie en el agua me desperté de golpe. Nadamos hasta la última boya y
cogimos los botes. Íbamos seis por cada bote. Estaban volcados y había que
traerlos arrastrando. Si no fuera porque han prohibido darle la vuelta, ya me
hubiera subido y remado hasta la orilla.
Me dejé los músculos nadando. El agua estaba tan fría que pensaba que se me
congelaría la sangre. Mi cabeza no podía pensar. Los dientes rechinaban y lo
único que me ayudaba era tener a Liam detrás. Supongo que al final no estaba
tan mal tener amigos tíos.
Llegamos a la orilla y me dejé
caer sobre la arena. Exhausta. El sargento al ver como estábamos todos ordenó
de nuevo;
-
¡Túmbense en la orilla agarrados unos a los
otros!
Otra vez al agua, no. Corrimos
hasta la orilla y nos tumbamos. El agua golpeaba mi cabeza cada vez que venía
una ola. Con cada intento de coger aire, tragaba agua.
-
Espero que sean conscientes de porqué están
aquí. – habló el comandante pasando cerca de nuestras cabezas – Esto no se
trata de ser hombre o mujer. De creer en Dios o de lo mucho que quieras a tu
madre. Aquí se trata de compañerismo. De encontrarnos a nosotros mismos. Se
trata de aprender a confiar. Yo mismo tengo que confiar en unos mamarrachos
como ustedes, que no son capaces ni de soportar el frío del agua. Tengo que
confiar en que ustedes harán que no caiga una bomba encima de mi cabeza. Aquí aprendemos
a no fallar. Porque si se falla, se muere.
Siguió dando su discurso, pero yo dejé de escucharle. Nos
mantuvo otros diez minutos en el agua. Escuchándole hablar sobre gilipolleces
de qué es el valor. El valor se trata de lo que eres capaz de hacer, no de lo
que quieras a una persona.
Cuando acabó, nos levantamos de allí y fui en busca de una
toalla en la orilla. Me arropé con ella y sequé tan rápido como pude mi pelo.
No nos llevarían al campamento en coche. Había que volver andando por nosotros
solos. “Sentido de la orientación” lo llaman. Menuda gilipollez. Me senté en la
arena, al lado de una hoguera que habían hecho. El calor del fuego me sentaba
bien. Entonces noté como Harry se sentaba a mi lado. Se había quitado la
camiseta y tapaba su torso con la toalla, secándose. Daba a ver todos sus
tatuajes. Nunca le había preguntado el porqué de todos ellos. Me preguntaba si
habría pensado en hacerse uno en mi honor.
-
Hola. – me dijo
-
Hola. – respondí
Estaba tan guapo a la luz del fuego. Con las pestañas
pegadas por el agua. Con los labios azulados por el frío. Estaba tan guapo
frotando sus manos intentando retener calor. Estaba tan guapo intentando evitar
mis ojos.
Me abracé a mis piernas y miré el fuego. No podía decirle a
Harry que desapareciera de mi vida. No quería que él lo hiciera. Le necesitaba.
-
Parece que tienes frío. – me dijo pasándome su
toalla
La tomé y me acabé de secar el pelo. Que le den, que pase
frío; me dije.
-
¿Preguntas o afirmas?
Sonrió ante mi respuesta y no pude evitar hacerlo también.
-
Te propongo algo… - se acercó un poco a mí –
Volver a empezar.
¿Volver a empezar? Puse una cara de no entender y él sonrió
tímidamente. Bajó la mirada y luego volvió a mirarme.
-
Encantado, soy Harry Edward Styles. – me ofreció
su mano
-
Igualmente, – no pude evitar reír. Le estreché
su mano con la mía – soy ______ Scott Lee.
-
¿Alguna vez has visto el amanecer en Gran
Bretaña?
-
Claro. – fruncí el ceño
-
¿Y si te lo enseño yo desde el aire?
Échale cojones, me dije. Quiérele más de lo que ya haces, me
repetí.
Y aquí es donde empieza de nuevo nuestra historia. Y no, no
empezaría con el “erase una vez”, porque tú no eres una vez. Tú eres todas las
veces.